La inseguridad que nos interpela: una reflexión necesaria sobre Chachapoyas

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La inseguridad en Chachapoyas es una preocupación creciente que no puede minimizarse ni maquillarse. Los hechos hablan por sí solos. A pesar de que la Municipalidad Provincial ha destinado más de seis millones de soles para fortalecer el sistema de Seguridad Ciudadana —con instalación de cámaras de videovigilancia, ampliación del Serenazgo y adquisición de unidades móviles— la percepción ciudadana es que los resultados aún no son los esperados.

Esto no significa que la inversión haya sido inútil, pero sí obliga a preguntarnos qué está fallando.

La seguridad no depende únicamente de tecnología o patrullaje. Es un fenómeno complejo que involucra responsabilidad compartida: autoridades, familias, instituciones educativas y la propia comunidad.

Uno de los aspectos más visibles en las últimas semanas es la proliferación de incidentes protagonizados por adolescentes y jóvenes en centros de diversión nocturna. Las redes sociales muestran, cada fin de semana, escenas de grescas, agresiones y enfrentamientos que, en muchos casos, estarían asociados al consumo excesivo de alcohol y posiblemente otras sustancias.

Aquí surgen varias interrogantes:

¿Se está ejerciendo un control riguroso en los establecimientos que expenden bebidas alcohólicas?

¿Se verifica adecuadamente la edad de quienes ingresan?

¿Se supervisa el cumplimiento de horarios y normas municipales?

Pero también debemos mirar hacia el ámbito familiar. La pregunta es inevitable: ¿sabemos realmente dónde están nuestros hijos en altas horas de la noche? ¿Con quién se relacionan? ¿Qué consumen?

No se trata de criminalizar a la juventud, sino de reconocer que la ausencia de límites y supervisión puede abrir la puerta a conductas de riesgo.

La legislación penal vigente ha endurecido sanciones para delitos graves cometidos por menores de edad. Hoy, determinadas conductas pueden implicar procesos judiciales con consecuencias severas. La juventud no es un escudo automático frente a la responsabilidad penal.

Sin embargo, más que pensar en castigos, deberíamos enfocarnos en prevención.

La seguridad ciudadana no se resuelve únicamente con cámaras ni con más patrullas; se construye fortaleciendo el tejido social. Implica:

Control efectivo a locales nocturnos.

Programas de prevención del consumo de alcohol y drogas.

Espacios culturales y deportivos para la juventud.

Presencia activa de padres y tutores.

Coordinación real entre municipalidad, policía y Ministerio Público.

Chachapoyas es una ciudad que históricamente se ha caracterizado por su tranquilidad y hospitalidad. Esa identidad no puede perderse. La inseguridad no debe normalizarse.

Este no es un llamado al alarmismo, sino a la reflexión colectiva. Si cada sector asume su responsabilidad —autoridades con firmeza, empresarios con ética, familias con compromiso— podremos revertir esta tendencia antes de que se consolide.

La pregunta no es solo si las cámaras funcionan.

La pregunta es si nosotros, como sociedad, estamos funcionando como deberíamos.

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