La naturaleza, la ciencia y la fe

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17/03/17 – 05:36

Por: Jorge Lincoln Ruiz Tejedo

El fenómeno del niño, exacerbado por el cambio climático, producido por el uso y abuso de la naturaleza por parte del hombre, se viene manifestado nuevamente en Perú, con intensas lluvias costeras, tormenta de rayos, y activación de quebradas secas y dormidas por algunos años, y que ahora despiertan convirtiendo las inusuales precipitaciones en avenidas fangosas de aguas turbulentas que cargan todo lo que encuentran a su paso, aumentando así­ en millones de veces su fuerza y poder destructor.

La Historia, la Oceanografí­a, la Arqueologí­a, etc, como ciencias nos explican estos fenómenos, que son propios de determinadas regiones del mundo y que pueden ser mitigadas en sus efectos si es que, conociendo su origen y comportamiento, se hacen las previsiones del caso.

En Norteamérica y Europa, como en Asia y Oceaní­a, se producen fenómenos mucho más graves y sorprendentes como: tifones, huracanes, tornados, sismos, tsunamis los que, a pesar de ser previstos para hacerles frente y evitar mayores costos sociales, sin embargo cuando se producen, en el momento cientí­ficamente pronosticado, con indicaciones objetivas de su inicio, recorrido, magnitud, duración y efectos, no pueden ser evitados.

Es la naturaleza, su fuerza y la debilidad de la ciencia. Sólo queda la mano de Dios para hacer que las aguas se tranquilicen y vuelvan a su cauce normal, mucho más cuando por ignorancia o negligencia respecto a lo dicho en lí­neas precedentes, los gobiernos actúan con total improvisación, reaccionando con lamentos frente a los estragos y nunca haciendo una polí­tica de prevención que es, principalmente educación, planificación y desarrollo sustentable para no seguir viviendo en medio de la más grande informalidad.

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