Las trágicas lecciones de el niño costero? y el diluvio en la Amazoní­a

Facebook
LinkedIn
WhatsApp
X
Telegram

11/04/17 – 04:10

Por: Róger Rumrrill

En los tres primeros meses de este 2017 el Perú está siendo castigado por dos catástrofes. Una de ellas, moral y polí­tica, ocasionada por la repulsiva y escandalosa corrupción de la compañí­a brasileña Odebrecht? que ha desnudado la precariedad moral y cí­vica de la clase polí­tica peruana y de la tecnocracia y, la otra, los trágicos desastres a causa de los huaicos y desbordes de los rí­os  con pérdidas de vidas humanas y destrucción de bienes materiales de la población más pobre del paí­s y originados por El Niño Costero?.

Resulta cruelmente irónico que sea El Niño Costero? que revele, que ponga al descubierto, que exhiba, la enorme vulnerabilidad de un paí­s de cultura milenaria que ha perdido todo indicio de una fundamental cultura de la previsión. Un paí­s, además, donde los rí­os son basureros y donde un extractivismo desenfrenado y obsceno, con mí­nimas   regulaciones y casi siempre convertidas en letra muerta por las empresas, está provocando severos e irreversibles impactos en la naturaleza, en la Madre Naturaleza.

Porque el fondo del problema, entre otros, es la atávica subcultura de la imprevisión. Además de la corrupción. Si los organismos del Estado, los gobiernos regionales y municipales, hubieran cumplido su tarea de  limpiar los cauces de los rí­os, reforestar, prohibir que se conviertan en basureros, entre otras medidas de conservación, las aguas hubieran discurrido normalmente por estos cauces.

Los organismos de evaluación están señalando que sólo en Lima hay 250 mil personas que viven en áreas de riesgo irreversible?, es decir, en el cauce de los rí­os, en las laderas inestables de los cerros y en tierras bajas e inundables. Si estas personas, por su estado de pobreza, imprudencia y otros motivos no pudieron elegir un lugar seguro para instalar sus viviendas, para eso están los municipios, los gobiernos regionales, el Ministerio de Vivienda, para orientarlos y planificar su asentamiento.

La endémica corrupción es otra de las causas de esta tragedia nacional. Todas o la mayorí­a de las obras de infraestructura construidas en las zonas destruidas por las inundaciones-puentes, canales, pistas, defensas, etc.-han sido mal diseñadas y han utilizado materiales de baja calidad por un acuerdo entre la empresa constructora y los funcionarios del Estado o municipales para tener más utilidades para las coimas. Hay pruebas irrebatibles al respecto.

Con relación a las inundaciones en la Amazoní­a y sus graves impactos en las poblaciones, las causas son las mismas que en el resto del paí­s. Cada dí­a se arrojan al rí­o Amazonas, en Iquitos, 200 toneladas métricas de aguas servidas. La alta tasa de deforestación en todas las cuencas, provoca con las lluvias la erosión de los suelos que son arrastrados al fondo de los lechos fluviales donde se colmatan y hacen elevar el nivel del lecho de los rí­os. Un rí­o que antes tení­a una profundidad de 50 metros, ahora tiene sólo 30. La misma precipitación pluvial  de antes hoy provoca una inundación diluvial como está ocurriendo ahora en la Amazoní­a, impactada también drásticamente por el cambio climático.

Tanto los voceros del gobierno, como los polí­ticos y expertos empiezan a debatir sobre la reconstrucción. Se afirma que ésta tiene que ser a largo plazo, que se debe proceder a una renovación urbana, que la Autoridad Nacional del Agua (ANA) debe definir los lí­mites de los cauces de los rí­os, lí­mites de las laderas y zonas donde no se pueden construir ni puentes ni viviendas. Ernesto Ráez Luna, un notable experto ha dicho, inteligentemente, que debemos a convivir con El Niño? y que la reconstrucción tiene que adaptativa y preventiva?.

Pero todo eso y mucho más. La reconstrucción no sólo debe ser fí­sica y material. Debe haber una reconstrucción de la memoria histórica, de la cultura de la prevención, de la ética polí­tica.

El Perú no sólo debe ser fí­sicamente reconstruido. Debe ser refundada como Nación o, como señala Nelson Rubio Candamo, nuevamente fundada.

Artículos relacionados: