23/01/17 – 17:46
Si los dos altos funcionarios de su gestión hubieran sido descubiertos durante esta, ¿Cornejo habría renunciado para asumir su responsabilidad política? De eso depende conocer hoy cuál es la idoneidad moral de Cornejo para el futuro.
Por: Ricardo Vásquez Kunze
Para Enrique Cornejo que dos de sus más allegados colaboradores ”uno de ellos viceministro de Comunicaciones durante su gestión” hayan sido los primeros altos funcionarios en caer por las coimas de Odebrecht resulta fatal para sus aspiraciones políticas. Cornejo no solo pretende postular a la secretaría general del Apra sino que, además, busca ser el candidato a la alcaldía de Lima donde se tienen que licitar y contratar muchas obras públicas para la ciudad.
Los colaboradores de Cornejo fueron condecorados por el exministro por una orden ad hoc creada por su ministerio para dignificar al equipo técnico que lo acompañó durante su gestión y, además, al menos uno de ellos ”el exviceministro no habido” participó activamente en su campaña electoral en las últimas elecciones municipales donde quedó segundo. Y también fue aportante de dicha campaña.
Es, pues, innegable la confianza y cercanía de Cornejo con los desgraciados Luyo y Cuba.
Cuando Cornejo afirma que de ninguna manera va a renunciar a sus aspiraciones de ser el nuevo secretario general del APRA porque eso lo tienen que decidir las bases no está haciendo más que demagogia barata. La renuncia es un acto personal y de responsabilidad política frente a hechos que ponen en una situación inviable su participación electoral y afecta, evidentemente, cualquier aspiración a la secretaría general del partido. Es obvio que Cornejo no quiere asumir esa responsabilidad personal y política porque cree que si la asume estaría asumiendo, en cierta medida, las acusaciones que pesan sobre sus más estrechos colaboradores.
Pero aquí el punto es muy simple: Cornejo tuvo una enorme falta de juicio al elegirlos, independientemente que después de todo un debido proceso judicial se llegase a demostrar que el exministro no tuvo nada que ver con las coimas. Es esa falta de juicio la que hace inelegible a Cornejo para los dos cargos a los que pretende postular, pues una persona que no sabe elegir a sus hombres de confianza está descalificado para gobernar un partido político y, mucho menos, la ciudad capital.

Así pues, Cornejo está utilizando para sus propios fines de defensa su postulación a la máxima dirigencia del Apra y a la alcaldía de Lima, en una típica maniobra que pretende alegar en el futuro una «persecución política». Lo hemos visto mil veces, por lo que el guión no mueve a extrañeza alguna.
Si Cornejo insurgió con la esperanza de renovación, transparencia, honradez y diligencia técnica en la gestión tanto partidaria como edil, pues los hechos que involucran a sus dos colaboradores más estrechos en todo lo contrario a lo que él predica, lo deja a él muy mal parado.
Y no se necesita ser muy inteligente para darse cuenta de que una persona «muy mal parada» no está en condiciones de asumir ningún cargo público ni partidario que no termine de dejar mal parados, igualmente, a las instituciones a las que busca liderar.
La pregunta que le deberían hacer a Cornejo es esta: si los dos altos funcionarios allegados a su gestión hubieran sido descubiertos coimeando en el ejercicio de su ministerio, ¿Cornejo habría renunciado para asumir su responsabilidad política? De eso depende conocer hoy cuál es la idoneidad moral de Cornejo para el futuro. Al tenor de sus primeras declaraciones negando renuncias y responsabilidades políticas, las cosas no pintan bien para el Tío Bigote.




