Rudecindo Vega Carreazo
El gran mal nacional no es la polarización política de la segunda vuelta electoral, elegir al mal menor entre 2 males, no es nada nuevo, es, desgraciadamente, una costumbre nacional enraizada; la manifestación de una rajadura mayor, nuestro real mal histórico, la gran fractura social, cultural, que impide vernos, hace siglos, como un estado republicano, democrático, plurinacional, descentralizado, mestizo y soberano. Nuestras prácticas culturales siguen siendo marcas coloniales revestidas por formas, leyes e instituciones republicanas. Nos hemos modernizado mucho en el papel, constituciones y leyes; muy poco, en real reconocimiento de derechos y construcción de un estado. Hemos “republicanizado” la colonia. Las segundas vueltas exhiben nuestras pobrezas y carencias, más que propuestas para construir un mejor Perú. No compiten proyectos nacionales, solo hay disputas particulares o grupales que agudizan, agravan, nuestra desgracia nacional.
Keiko y Sánchez no son iguales ni comparables, son dos males diferentes, cada uno dueño de su propio abismo. Igual fue elegir entre el “cáncer y el sida” acuñado el 2006 para la segunda vuelta entre Alan y Ollanta, extendido y repetido el 2011 entre Keiko y Ollanta, el 2016 entre Keiko y PPK, el 2021 entre Keiko y Castillo. Hace 15 años padecemos crónicamente, un mal conocido y reconocido, cáncer o sida, da igual, el keikismo o fujimorismo empeorado, está vivo, fuerte, representa un Perú. El otro mal, aparece en cepas nuevas cada cinco años, vence electoralmente al keikismo pero sin ganarlo políticamente; cáncer o sida, también da igual, tampoco resuelve nada ni renueva su propuesta para el país. Imposible seguir eligiendo entre males, urge reformar nuestro colapsado régimen político electoral para recrear nuestra república, libre del crimen y las organizaciones criminales. Votar por el mal menor, Keiko o Sánchez, es ir de abismo en abismo, regodearnos en diferentes pozos. Los ciudadanos podemos frenar este deterioro nacional.
La polarización post primera vuelta va en acenso, se agravará cuando el JNE oficialice al segundo. Ya padecemos un festín de agresiones, descalificaciones, que impiden algo que necesitamos con urgencia, un dialogo social en beneficio nacional. Keiko pretende edulcorar con su frase “La fuerza del orden” su propuesta autoritaria, corrupta, antidemocrática del fujimorismo tradicional y el keikismo actual, necesita convencer a su dolido aliado López Aliaga ofertándole cogobernar y, juntos, articular a la DBA y a la derecha decente de que son su opción; Porky es un negociante, aprovechará. Roberto Sánchez, atado a sus compromisos con el castillismo y antaurismo, también antidemocráticos y autoritarios, ha descartado una nueva “hoja de ruta” que le permitiría convencer a votantes de centro. Keiko busca aglutinar aliados sin alianzas, no los necesita; Sánchez, ahuyenta aliados a pesar que necesita alianzas. No visualizan que Perú requiere una propuesta de acuerdo y concertación nacional.
Los perdedores están peor que los ganadores. López Aliaga, el tercero, impulsa una torpe carrera “fraudista”, le explotará en la cara; para ser consecuente, ni él, electo como senador, ni ninguno de sus senadores y diputados electos, debería jurar como tales, en unas elecciones que claman fraudulentas; no sucederá, se acomodaran para gobernar desde el congreso. Jorge Nieto, el cuarto, seguirá calculando, que le conviene más a él y su partido, para no arriesgar su capital político; sabe que esa opción no es estable, que todo cálculo no resuelto pasa factura. Belmont, el quinto, renunciado irresponsablemente a la política, nos deja una bancada, Obras, que será el festín de los bandos en el congreso, serán los “nuevos niños”, negociadores, del futuro congreso y gobierno. El séptimo, López Chau, senador electo, representa una vertiente de izquierda democrática con bancada propia, hoy parece más preocupada en sus curules y en promocionar un “gabinete de unidad nacional”. Está marcado el futuro político próximo del Perú: Keiko y López Aliaga, la DBA; Juntos por el Perú y Ahora Nación la incógnita de la izquierda, Nieto balanceándose en el centro y los congresistas de Obras ofertándose y negociando a forro. No hay propuesta de entendimiento nacional ni interés en construirlo a la vista.
Podríamos valorar la talante patriótica de nuestras autoridades electas, con una “prueba ácida de vocación democrática” y efectivo amor por el Perú. Pecaré de “ilusionado”: impulsar un Acuerdo Nacional por la Democracia o Acuerdo Nacional Republicano que permita recortar el mandato congresal y presidencial a dos años, de Julio del 2026 a julio del 2028, el primero para realizar los ajustes políticos electorales, derogar “las leyes pro crimen” y las llamadas “leyes pro crisis” y, el segundo para realizar nuevas elecciones presidenciales y congresales. Una propuesta así de rupturista, nos sacaría del fatal dilema de elegir entre dos males, el cáncer o el sida, el abismo de derecha o el abismo de izquierda. Ni ganadores ni perdederos la tienen en agenda, pese a ser una necesidad, urgencia y emergencia democrática por el futuro del Perú.
Los perdedores expectantes, sin representación congresal, son Carlos Álvarez y Marisol Perez Tello, sexto y octava en la votación presidencial; Álvarez, igual que Belmont, anunció, irresponsablemente, su renuncia al activismo político dejando a sus votantes sin propuesta ni liderazgo; mientras Marisol Perez Tello y Primero La Gente han descartado todo apoyo a Keiko y vienen debatiendo su apoyo o no a Sánchez. Luego están los partidos del pacto mafioso gobernante, castigados electoralmente, sobreviviendo peligrosamente en el congreso, ojalá, resignados a la extinción (APP, Avanza País, Podemos, Perú Libre), junto al excluido AP. Finalmente, más de 25 partidos con liderazgos poco votados, resignados a desaparecer, podrían dar señales que su compromiso con el país va más allá de su derrota, deberían re articularse para no abandonar a los millones de peruanos que votaron por ellos y no están representados en ninguno de los partidos y líderes presentes en el congreso. Los políticos excluidos por la valla electoral y los votos, podrían ayudar, proponiendo a los candidatos de la segunda vuelta y a quienes integrarán el futuro congreso, ese Acuerdo Nacional por la Democracia.
El Acuerdo Nacional Republicano o Acuerdo Nacional por la Democracia es una necesidad, Keiko y Sánchez, Fuerza Popular y Juntos por el Perú, no lo van a proponer; López Aliaga seguirá despotricando su derrota, Nieto, López Chau y los remanentes de Obras están concentrados en mantener su espacio gubernamental. Todos ellos, representan el 42% en voto presidencial del electorado nacional que gobernará; su legalidad, poca representatividad e ilegitimidad les golpeará. Peor aún, la representatividad congresal apenas bordea el tercio del electorado nacional. La mayoría del Perú, desarticulada, fragmentada, en diferentes propuestas o ninguna, no estará representada en el gobierno, ni presidente ni congreso.
Desde ese Perú excluido, también, para ese Perú, para que sea viable, necesitamos construir ese Acuerdo Nacional Republicano.



