«A los 36 años volví al Perú y entré al sistema de EPS. Hoy, con 18 años de experiencia en salud, pienso en lo que haría al ver entrar a un paciente de 116 kilos como una “bomba de tiempo” para el sistema».
Opinión: Juan Carlos Salem
Redacción Vigilante
Desde que tengo uso de razón soy gordo. No “con sobrepeso”, no “de contextura gruesa”. Gordo. Así, sin eufemismos. Por 34 años fui el “Gordo Salem” (nadie sabía mi nombre) y hasta yo mismo, cuando me motivaba, me decía con cariño: “vamos, gordo, tú puedes”.
Mi madre no sabía qué hacer. Mis hermanos eran flacos, y yo era el distinto. Siempre luché con el peso: bajé más de 20 kilos tres veces y más de 10 kilos…
En hábitos: nutrición, actividad física, posibles intervenciones farmacológicas o quirúrgicas. ¿Cuándo se indica cirugía? ¿Qué pasa si hay recaídas? ¿Cómo se gestiona el riesgo?
La realidad es que todo es complejo y costoso. Y requiere sistemas integrados, no soluciones aisladas. Así, mi propia condición de salud y años en este sector, me permitieron sacar 4 conclusiones:
Primero. La experiencia importa más de lo que parece. En salud, no hay mucho margen para aprender “en el camino”. Es un sistema complejo y de alto riesgo. Se trata de vidas, no de procesos. Y además es intensivo en recursos: personal, infraestructura, tecnología, logística. Por eso, la experiencia clínica, administrativa y operativa es clave.
Segundo. Todos somos responsables del sistema. Ningún sistema de salud tiene recursos ilimitados. La ineficiencia, los errores, el uso excesivo o inadecuado de servicios y la falta de adherencia del paciente afectan a todos. Los proveedores deben ser eficientes. Los seguros, técnicos y sostenibles. Y los pacientes no pueden ser actores pasivos, tienen derechos pero también responsabilidades.
Tercero. Los sistemas integrados son esenciales. Atender a un paciente de forma fragmentada es ineficiente y costoso. Repetición de exámenes, falta de historial unificado, derivaciones desordenadas. Un sistema integrado permite seguimiento continuo, mejor triaje, menor desperdicio y mejor resolución. No todo debe ir a emergencia. La atención primaria y el triaje deben ordenar el sistema para no saturarlo.
Cuarto. La salud no es un negocio simple. Invertir en salud implica entrar a un sector complejo, regulado y con fuerte componente social. No siempre se maximiza rentabilidad, pero siempre se genera impacto. Es un sector donde la eficiencia y la sostenibilidad importan tanto como el propósito.
En resumen: mi obesidad no era ni es solo un asunto físico. Es un espejo de lo compleja que es la interacción entre operadores del sistema, empresas y pacientes. Y entender esto da luces de cómo deberíamos reformar, mejorar y gestionar nuestro sistema de salud.




