MI TIA DIGNA ERÓTILA CHí?VEZ REINA

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Pastillita para el Alma 06 “ 01 “ 17
La última tí­a del tronco de los REINA de Sucre, de la provincia de Celendí­n del departamento de Cajamarca, murió a la edad de 89 años, el dí­a de ayer en su casa de la ciudad de Cajamarca, dejando sumida en la pena más grande a su adorada hija Raquelita Gonzales, con la quien además de su amor maternal,  compartí­an su gran amistad. Raquelita, hasta los últimos instantes de su adorada madre, la llenaba  de mimos y el cuidado de sus dolencias, como una verdadera enfermera profesional.
Ella nació en la Villa del Huauco, ahora el distrito de Sucre, de la provincia de Celendí­n en el departamento de Cajamarca. Sus padres fueron don Manuel Resurrección Chávez Dí­az y doña Olegaria Reina Chávez. La familia Chávez Reina estuvo compuesta por cinco hermanos, uno de ellos, mi tí­o Arí­stides, militar del arma de Artillerí­a, un médico cirujano, mi tí­o Washington, que trabajó casi toda su vida en la provincia de Huaco distinguiéndose por su trato humano y capacidad profesional. Las hermanas mujeres fueron matronas que se dedicaron al cuidado de su familia y solo mi tí­a Digna Erótila, me parece, ejerció en la actividad estatal, donde puso además de sus conocimientos, la limpieza y pureza de su alma. Se casó con el señor don Andrés Gonzales, con quien tuvo a su única hija Raquel Gonzáles Chávez.
De mi tí­a Erótila, como todos la conocí­amos, tengo muy pocas cosas y anécdotas que contar, debido a que viví­amos en diferentes ciudades, ella en Cajamarca y yo en Chachapoyas y solo tení­a oportunidad de compartir con ella cuando junto con mi señor padre don José David Reina Rojas, llegábamos a Cajamarca, sin embargo era consciente de la bondad de su alma por el gran amor que les profesaba mi progenitor a todos sus familiares y muy en especial a sus primas hermanas.
Mi tí­a Erótila, era una mujer excepcional, tení­a una dulzura a flor de labios, su mirada era muy tierna y franca, sin miedo, sin temores, esbelta y muy buena moza, paseaba su garbo muy elegante por la calle del Comercio, en la plaza de armas y a la hora de la misa en la Catedral  o cuando iba a visitar a su Virgencita de Dolores en la iglesia de San Francisco. La he visto rezar con mucha devoción y recogimiento, haciendo con sus oraciones, un puente espiritual con nuestro Creador, mientras las cuentas de su rosario se desplazaban lentamente por sus finas manos que sabí­an de bordar, de tejer, de leer, de dar caricias a los que los necesitaban. Nunca para ella hubo una diferencia por el vestido que visten sus semejantes o por el apellido que muestran su linaje. Todos eran hijos de Dios y a todos les prodigaba el mismo afecto.
Era muy amiga de mi madrecita, doña Rosita Noriega de Reina, y mi viejita cada vez que vení­a de la otra rivera del Marañón, jamás olvidaba traer lo mejor de sus regalos para la tí­a Erótila y también  para su Victorita Reina Mestanza, a las cuales con mucho cariño les decí­a mis chinitas?, porque hasta parecí­an hermanas, con la misma dulzura de carácter y aún por su comportamiento.
La última vez que la visité fue el año 2015 y junto con mi esposa Marí­a del Carmen, fuimos objeto de una linda atención, donde no faltó el chocolate humeante, las mestizas, los bizcochitos y los pedacitos de queso, pero sobre todo ese cariño descomunal que parecí­a brotar de ella, como un manantial interminable, de afecto y de ternura.
¡¡¡Has muerto tí­a Erótila!!! Contigo se va un pedacito de nuestro corazón. Eres el último familiar directo de  la generación de los Reina, de aquellos que nacieron a la sombre del cerro Wuishquimuna, de aquellos que hicieron la tradición de la Calle de los Reina en el barrio de Minopampa o de los de arriba de la Boca de Toma, donde los eucaliptos, los sauces llorones, los capulí­es y los lanches, sirven para que los zorzales, los gorriones y las garzas blancas como la nieve, extiendan sus alas como dando gracias a Dios por tener una tierra tan maravillosa como el pueblo del Huauco, como así­ lo llamaba mi padre, de esa tierra de mujeres bellas, con ojitos zarcos y de hombres audaces y corajudos, que salieron a conquistar nuestra Patria y aún el mundo, llevando como única alforja su honestidad, su tenacidad en el trabajo, el respeto a los valores humanos y su calidad humana.
Siempre que te veí­a mi querida tí­a, miraba a través de tus acciones, ese Cajamarca que marcó mi vida, allá por los años de finales de 1940. En ti se dibujaba con claridad reverencial la calidez de sus habitantes, su porte elegante y aristocrático, en ti veí­a a mi tí­a Laurita Mestanza a mis hermanos queridos Victorita, David, Milita y Blanquita, quienes me enseñaron y me marcaron para toda la vida, lo que vale en toda su dimensión los lazos familiares, el significado del grito de la sangre que fluye por nuestras venas, el amor a Dios que nunca se acaba y que perdura a través del tiempo, inclusive después de muertos. 
Mi querida Tí­a Erótila te fuiste en tu viaje sin retorno y seguro que tu virgencita de Dolores y el Patrón San Isidro Labrador, te estarán esperando junto a un coro de ángeles que te pondrán a la diestra de Dios Padre y desde allí­ seguirás bendiciendo al fruto de tu vientre, la niña de tus ojos, que ahora llora desconsoladamente tu partida. 
*MI QUERIDA TIA DIGNA ERÓTILA CHí?VEZ REINA, DESCANSA EN PAZ*

Jorge REINA Noriega
*AYíšDAME A  AYUDAR*
Jorgereinan@gmail.com

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