Muerte de los partidos polí­ticos

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13/03/17 – 04:00

Perú Posible y Partido Nacionalista suman dos ví­ctimas más en este horizonte corrupto. Pensar que antes a los lí­deres se les extrañaba.

Por: Efraí­n Trelles

Con ese perfil taurino que se le conoce, don Marcial Ayaipoma ha fungido de puntillero declarando la muerte legal y desaparición del que fuese partido Perú Posible. La manifiesta acusación de corrupción que recae sobre Toledo ha petardeado una campaña de recolección de firmas que se pensaba desarrollar. Se acabó el jabón, como decí­a una sabrosa rumba de los cincuentas.

Ya alguien se encargará de hacer un estudio institucional de Perú Posible desde su aparición en el umbral del milenio, su insurgencia del dos mil, las grandezas interoceánicas de su gobierno y las miserias del presente horizonte de corrupción. El rosario de pasiones que representa la historia de los partidos polí­ticos en el Perú suma una nueva perla, una perla ingrata.

Murió once años después de haber dejado el poder, dirán los historiadores con razón. Eso nos lleva al comparativo y, la verdad, en el Nacionalismo no andamos mejor. El Partido Nacionalista no cumple aún un año de haber dejado el poder y en la práctica no existe. Ni siquiera tiene un puntillero calificado ”como el doctor Ayaipoma en Perú Posible” que pueda hacerse cargo del último acto.

A la hora de la hora, Acción Popular es hoy un partido con solera solo comparable a un Apra, disminuido pero con vida. Y no hay más en vida partidaria, salvo Fuerza Popular y su inmensidad de congresistas. Las idas y vueltas de los hermanos Fujimori serán alentadas por toda la tribuna de acá en adelante, pero el liderazgo de Keiko es sólido. Parece mentira pero, en términos de historia partidaria, Fuerza Popular (con sus siete añitos) es todaví­a un pichón cuyo destino está por verse y gravita, de lejos, como la más importante fuerza polí­tica del paí­s.

El APRA, FP y AP son partidos también porque hay mí­stica. Pero todo tiene su lí­mite. El Movimiento Democrático Pradista murió con Prado e igual se puede decir de la Unión Nacional Odrií­sta. Pero la lealtad puede ser conmovedora. Remato con un testimonio.

El 27 de octubre de 2002 el Estadio Nacional cumplí­a 50 años de haber sido remodelado por Odrí­a. Nadie se acordó. A la entrada alguien habí­a dejado una aparato floral que destacaba la fecha y una tarjeta plegable con las siglas de la Unión Nacional Odrií­sta. Dentro de la tarjeta estaba escrito con plumón: ¡Nunca te olvidaremos! Y varias lágrimas habí­an vuelto la expresión borrosa pero intensa, como el recuerdo de lí­deres que perviven en el aprecio de sus seguidores.

Aprendan, Toledo y Humala.

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