Neocolonialismo brasileiro

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10/02/17 – 05:03

Luis Arista Montoya*

Para el imaginario polÍtico y social latinoamericano, Brasil fue siempre  un gran referente para el desarrollo econÍmico. Incluso, estaba colocado dentro de los  paÍses mayores del mundo. Era un paÍs-espejo.  Pero en este tiempo de crisis  suscitada por la corrupciÍn transnacional ese pujante paÍs se ha desdibujado. Se ha roto el espejo.

Pronto este paÍs-continente, sobre todo a partir de la administraciÍn del presidente Lula, comenzÍ a extender su Ímpetu democrÍtico a toda AmÍrica Latina a travÍs de dinÍmicos proyectos de inversiÍn en infraestructura presentados por empresas privadas constructoras como Odebrecht & Co., favorecidas- eso sÍ-  por la vara y la recomendaciÍn desde el poder central del Estado brasilero. De alguna manera fue un proyecto de imperialismo econÍmico empresarial, donde la gran metrÍpoli fue Brasil, y las colonias los otros paÍses de la regiÍn, urgidos por captar inversiones a toda costa.

Pero fue un imperialismo maligno porque extendiÍ sus tentÍculos a travÍs del mÍtodo de las corruptelas: financiando campaÍas polÍticas (para despuÍs cobrar favores); sobornando a jefes de Estado y funcionarios para ganar licitaciones; coimeando a lÍderes; coludiÍndose con empresas privadas nativas; con asesorÍas, donando fuertes cantidades para premios culturales; becando para estudiar o trabajar en empresas subsidiarias. Es decir, terminÍ implantando desde la Ílite del poder polÍtico (del Partido de los Trabajadores, PT) toda una ideologÍa corruptÍgena muy bien montada y aceitada por tecnologÍas del ejercicio sucio empresarial y polÍtico, que encontrÍ tambiÍn en los demÍs paÍses de la regiÍn (autoritarios o democrÍticos) un abonado campo de operaciones, propicio para la siembra, arraigo, crecimiento y cosecha de la corrupciÍn. No es que los otros paÍses fueran mansas e inmaculadas palomas. La bienvenida fue con sonrisa de oreja a oreja: con samba, danza, teteo y zapateo.

Los corruptores obrechtianos se valieron del carisma de Lula Da Silva para extender sus fechorÍas. Y  Lula lo sabÍa. Es por eso que aprovechÍ  la coyuntura. Se enriqueciÍ ilÍcitamente. BuscÍ atornillarse en el poder hasta su otoÍal edad patriarcal para consolidar  un sucio imperio de inversiÍn mercantilista que buscaba a como dÍ lugar la ganancia fenicia empresarial. Pero despreciÍ al poder judicial y fiscal del Juez Moro & Co. que empezÍ a desbaratar la tremenda maquinaria de corrupciÍn transnacional idea desde las entraÍas del poder de PETROBRAS; caÍda a la cual los latinoamericanos  asistimos estupefactos, con asco polÍtico.

Las fauces de ese ¿neocolonialismo? llegaron a Perú el aÍo 2005. Hace un poco mÍs de una dÍcada. Ha comprometido al hilo a tres administraciones polÍticas: la de Alejandro Toledo, la de Alan GarcÍa y la de Ollanta Humala. Las pruebas estÍn saliendo al canto. Toda una generaciÍn de jÍvenes peruanos  ha sido  socializada dentro de esta cultura corruptÍgena. Los lÍderes en Perú no son fuente del buen ejemplo Ítico. ¡Una lÍstima! Caminamos hacia atrÍs, como el cangrejo.

Según un informe del diario El PaÍs de EspaÍa Odebrecht &Co. ha invertido en corrupciÍn unos 566 millones de dÍlares, repartidos de la siguiente manera: En Brasil, 349 millones; Venezuela, 98 millones; República Dominicana, 92 millones; PanamÍ, 59 millones; Argentina, 35 millones; Ecuador 33.5 millones; Perú, 29 millones de dÍlares (por lo pronto; ¿el dinero recibido de Venezuela por Humala, acaso vino vÍa Brasil?, pregunto nomÍs); Guatemala captÍ 18 millones; MÍxico 10.5 millones; Colombia, 11 millones. Eso es lo que se sabe hasta el momento. SeguirÍ la tÍmbola.

La pregunta central es: ¿CuÍnto han ganado los corruptores, para entregar esos  millones en propinas? Imaginamos que ha sido  cinco veces mÍs. Pronto lo sabremos. ¿Tarde o temprano su radio serÍ Philips?, como decÍa una vieja propaganda comercial de mi Ípoca juvenil. Mientras tanto confiemos en las pesquisas de nuestro paisano, el SeÍor Fiscal don Hamilton Castro Tafur. Confiar, luego existir.
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 10 de febrero de 2017. Luis Arista Montoya.
 

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