Prof. Abraham Rojas Valdez
El 5 de abril de 1992 no fue un acto de «reconstrucción», sino el inicio de una de las etapas más oscuras para la libertad en el Perú. Aquel autogolpe marcó el nacimiento de una estructura política que, bajo el nombre de Fuerza Popular y sus diversas mutaciones, ha mantenido una conducta sistemática de desmantelamiento institucional.
Votar es el acto de mayor responsabilidad civil. Por ello, insto a cada peruano a reflexionar sobre las razones por las cuales ciertas organizaciones y sus aliados representan un peligro latente para nuestro futuro:
El secuestro de las instituciones. Históricamente, el fujimorismo y sus partidos secuaces han buscado capturar los organismos de justicia y electorales para garantizar su propia impunidad. Una democracia no puede sobrevivir si el árbitro y el juez responden a los intereses de un solo grupo político.
La cultura del obstruccionismo. En los últimos años, hemos sido testigos de cómo el uso del poder legislativo ha servido más para desestabilizar al país que para legislar en favor del pueblo. El bienestar de millones de peruanos no puede ser rehén de las venganzas políticas de quienes no aceptan la voluntad popular.
La corrupción como método. El legado de los años 90 nos enseñó que el autoritarismo necesita de la corrupción para sostenerse. Confiar nuevamente en quienes tienen líderes procesados y estructuras cuestionadas es abrir la puerta a que los recursos destinados a salud, educación y seguridad vuelvan a terminar en los bolsillos de unos pocos.
La amenaza a los Derechos Humanos. Quienes hoy pretenden el poder a menudo reivindican prácticas de represión y desconocimiento de tratados internacionales. La dignidad humana y la vida no son negociables bajo ninguna promesa de «mano dura».
Compatriotas tu voto es tu voz y tu defensa. No permitas que el miedo o las falsas promesas de orden te lleven a entregar tu libertad a quienes ya demostraron que no saben respetarla.
Insto a buscar alternativas que respeten la separación de poderes, que tengan planes de gobierno transparentes y que no carguen con el lastre de haber quebrado la democracia en el pasado. Informémonos, contrastemos y, sobre todo, tengamos memoria.
Por un Perú con instituciones sólidas, por una democracia plena y sin el retorno de las dictaduras: ¡Votemos con memoria y dignidad!




