PARA Y POR UNA DEMOCRACIA MILITANTE

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04/06/21 – 05:41

Luis Alberto Arista Montoya*

AÍo de 1943. Mientras en Londres  el sociÍlogo  de origen húngaro Karl Mann heim publicaba su ensayo  titulado ¿DiagnÍstico de nuestro tiempo?, en Lima el joven  historiador peruano Jorge Basadre (a los  40 aÍos de edad) publicaba su cÍlebre ensayo ¿La Promesa de la Vida Peruana?, obra de lectura obligatoria a puertas de una crispada elecciÍn polÍtica, y en vÍsperas de la conmemoraciÍn del  Bicentenario de nuestro aturdido e inconcluso paÍs republicano
Estimado auditor y lector: te invito a compartir  el siguiente texto de Karl Mannheim referido a  la ¿democracia militante? que se condice con la idea  de ¿democracia con rostro humano? de nuestro historiador Jorge Basadre, admirador de la sociologÍa del conocimiento del escritor húngaro.
Gloso el siguiente texto de Karl Mannheim:       
                         ¿Nuestra democracia, para sobrevivir, tiene que transformarse en una democracia militante [es decir, verdadera, libre, comprometida, responsable, con partidos polÍticos sÍlidos, con lÍderes, militantes y simpatizantes sinceros, honestos].
Existe, desde luego,  una diferencia fundamental entre el espÍritu combativo  de los dictadores, por una parte, que tratan de imponer a sus conciudadanos un sistema total [y totalizante] de valores y una organizaciÍn social como camisa de fuerza, y una democracia militante, por otra parte, que únicamente llega a serlo en defensa del procedimiento de cambio social tenido comúnmente por justo, y basado en  aquellas virtudes y valores bÍsicos “ fraternidad, ayuda mutua, decencia, justicia social, libertad, respeto por la persona, etc. “ que son los fundamentos del funcionamiento pacÍfico de un orden social.
La nueva  democracia  militante habrÍ de desarrollar, por tanto, una nueva actitud frente a los valores. HabrÍ de diferir  del laissez-faire (dejar hacer, dejar pasar) relativista de la Ípoca  anterior en la medida que tenga el valor de llegar a un consenso sobre algunos valores bÍsicos, aceptables para todo aquel que comulgue en las tradiciones de la civilizaciÍn occidental, valores bÍsicos heredados de la AntigÍedad clÍsica (greco-latina) y mÍs aún del Cristianismo.
Pero una democracia militante tendrÍ que aceptar del liberalismo la creencia de que en una sociedad moderna en extremo diferenciada “ aparte de aquellos valores bÍsicos  respecto de los cuales el consenso es necesario – , es mucho mejor dejar abiertos los valores mÍs complicados a las diferencias de credo, de elecciÍn individual y de experimentaciÍn libre.
El consenso a partir de una democracia militante  habrÍ de reflejarse en nuestro sistema educativo en la medida que aquellas virtudes bÍsicas sobre las que domina el consenso hayan de inculcarse en el niÍo con todos los mÍtodos educativos democrÍticos a nuestra disposiciÍn. Pero las cuestiones mÍs complejas se dejarÍn abiertas para evitarnos los daÍosos efectos del fanatismo?. (1961, MÍxico: ¿DiagnÍstico de nuestro tiempo?, pÍgs. 17-18; Editorial Fondo de Cultura EconÍmica). 
*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 4 de mayo de 2021. Luis Alberto Arista Montoya.

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