PERÚ: HACIA UNA REPÚBLICA MESTIZA

Facebook
LinkedIn
WhatsApp
X
Telegram

Luis Alberto Arista Montoya

Tenemos que leer los censos más allá de la matemática, de las frías cifras de la estadística, puesto que nuestra vida se ha matematizado en forma cotidiana; por ejemplo: desde el momento que nacemos portamos una fecha de nacimiento, las etapas de vida (infancia, niñez, adolescencia, juventud, adultez, tercera edad y fallecimiento) están divididas en zonas etarias; nuestro cumpleaños se cuenta cada 365. Tenemos un número de DNI. Y el reloj, matemáticamente, nos indica las horas que vienen y pasan; mientras el dinero- si es que tenemos- sirve para comprar y vender todos los días. Cuestiones del mercado

En tal sentido, los resultados del Censo Nacional aplicado el año pasado muestran que la población peruana es más de 34 millones de habitantes. Va en aumento, no obstante, la disminución de los índices de natalidad (porque las parejas ahora prefieren solo tener uno o dos hijos) y los índices de nupcialidad (las nuevas generaciones ya no creen en el matrimonio, prefieren shuntarse. Mientras tanto, la población en general se está volviendo cada vez más vieja.

Desde la perspectiva antropológica, este censo trae una novedad: ha permitido que las propias poblaciones elijan su propia autoidentidad étnica, esto es un acierto en un país con una pluralidad cultural diversa, de muchas identidades, que dificulta la percepción de una sola y única identidad peruana: la que nombramos como peruanidad. Buscamos ser una unidad en la diversidad porque estamos todavía construyendo un Estado-Nación bajo una sola Constitución Política dentro de un Estado de Derecho Democrático.

Mayoritariamente, Perú tiene una población que se identifica como mestiza. Esa es una realidad demográfica promisoria: desde el año 1539 con el nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega (hijo de español y princesa inca) hasta nuestros días vamos rumbo al establecimiento de una República Mestiza: porque somos un país de todas las sangres, todas las pieles, neuronas y cromosomas, aunque el racismo supérstite sigue siendo una remora porque discrimina sobre todo a los de raíz indígena (andina o amazónica).

 Más de 6 millones de indígenas u originarios andinos y amazónicos al ser censados eligieron la identidad indígena, destacando la incorporación de la niñez indígena. Sin embargo -preocupa – que la autoidentificación indígena haya disminuido en los últimos ocho años.

 El Censo Nacional muestra que la población indígena (de 12 años a más) pasó de 5.985.551 millones de personas en 2017 a 5.798.703 en la actualidad. Una disminución de 186.848 personas; la mayor reducción se registró entre quienes se identifican como quechuas (una reducción de más de 316.000 personas entre ambos censos). Esto significa que hay menos personas que se identifican dentro de esta población étnica.

¿A qué se debe esta disminución? Hay varias hipótesis: una, la migración de los jóvenes del campo a la ciudad; dos, el proceso de mestización de la sociedad peruana (llamada también cholificación); tres, un mayor contacto con prácticas culturales ajenas; y cuatro, los actos de vergüenza por auto discriminación racial al momento de declarar cuando fueron censadas.

Estos nuevos resultados del censo aplicado en 2025 tienen que servir a la Administración Keiko Fujimori para elaborar proyectos de inversión con rostro humano, trasuntando las cifras y cálculos macroeconómicos. Pues, el Perú pos-bicentenario tiene un nuevo rostro antropológico: saber con certeza cuántos somos, quiénes somos, cuáles son las expectativas de calidad de vida de cada identidad étnica, y cuánto sentido y sentimiento de pertenencia tienen para integrarse a la peruanidad que las aglutine en un sólido Cuerpo de Nación bajo un Estado Democrático Constitucional de Derecho.

________

EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Luis Alberto Arista Montoya.

Artículos relacionados: