Luis Alberto Arista Montoya
En los últimos debates electorales estuvo ausente el tema de defensa y promoción del Patrimonio Cultural de la Nación. Grave omisión. Ojalá que La comisión de transferencia del sector Cultura – después de su análisis situacional- informe de este vacío a la presidente Keiko Fijimori, a fin de que, en su mensaje de asunción al poder, asuma un compromiso claro, preciso y distinto.
Pues, para una sociedad que se jacta de su milenario patrimonio cultural, creemos que el tema/problema cultural tiene que ver con el urgente rescate, la puesta en valor, la restauración, conservación y promoción de nuevos complejos arqueológicos, históricos, bellos paisajes culturales, memorias inmateriales (gastronomía, artesanías, etc.), y el patrimonio cultural vivo de la nación: como son los artistas, científicos, artesanos y comunidades agrícolas, representantes de la Agricultura Familiar (la rica despensa de los restaurantes gastronómicos urbanos).
Por otro lado, en la parte de generación de divisas, los economistas- de uno y otro bando- no abordaron la trascendencia de la promoción del turismo receptivo (procedente del extranjero) tanto como la del turismo interno, ambos golpeados durante el COVID y la “pandemia” de la corrupción política y de la delincuencia en la última década.
La depresión continúa. Pues, desde el año 2000 el Ministerio de Cultura no ha promovido grandes proyectos de investigación sobre nuestro Patrimonio Cultural, sigue el centralismo de atracción hacia Machu Picchu que ha precarizado sus servicios, poniendo en riesgo su categoría de valor universal (la Unesco tiene a Perú entre ceja y ceja); la ciudadela de Choquequirao (Abancay-Cusco) sigue esperando su ansiado teleférico; la restauración plena de Kuélap (después del colapso generado por las lluvias en 2022) marcha a paso de tortuga coja; Chan Chan sigue asediada por chancherías a su alrededor; el Parque Nacional del Rio Abieso – el bosque cultural de los Chachapoya, patrimonio mixto reconocido por Unesco- debe ser incorporado a la Ruta Cultural del Nororiente Peruano ( Cajamarca, Lambayeque, Amazonas, San Martín); la ruta del Papa León XIV patrocinada por los respectivos gobiernos regionales, tiene que ser la columna vertebral del turismo religioso del nororiente peruano, donde las iglesias, conventos y capillas de Amazonas tienen que ser incorporados creativamente a esa ruta.
Pero ciertos gobiernos regionales apuestan a tontas y locas por poner en valor sus sitios arqueológicos. No cuentan con orientación técnica. Y las Facultades de Arqueología de las universidades públicas no tienen presupuesto para los trabajos de campo de sus graduandos.
No obstante, gracias a ciertas unidades de gestión autónoma, actualmente los complejos arqueológicos de T´aqrachullo (en la provincia de Espinar, Cusco), Áspero (ciudad pesquera asociada a la Civilización de Caral), el Castillo Astronómico de Huarmey, vienen mostrando sus descubrimientos a nivel mundial. Gracias, sobre todo, al trabajo denodado de sus comunidades, de sus descubridores y de sus arqueólogos residentes, quienes merecen contar con un moderno marco metodológico y normativo, incorporando los Bienes y Derechos Culturales en un capítulo autónomo de la actual Constitución Política de la Nación, más allá del ínfimo Art. 21 que actualmente lo contiene.
Y, aprovechando este cambio constitucional, creo que se debe hacer una reforma del Estado: Trasladar las competencias del viceministerio de Turismo (que actualmente pertenece al ministerio de Comercio Exterior) al ámbito del ministerio de Cultura. Este nuevo ministerio se llamaría: Ministerio de Cultura y Turismo (y no al revés), porque las investigaciones sobre nuestro Patrimonio Cultural y Natural son muy onerosas, y tienen que estar solventadas con las divisas recaudas por el turismo. Pues, el motor del desarrollo socioeconómico es el Patrimonio Cultural, mientras que el turismo es la gasolina que provee de energía a ese motor. Creemos que esta es una propuesta plausible y viable, visto el problema desde las provincias y no desde el centralismo limeño.
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Lima 14 de julio 2026. Luis Alberto Arista Montoya.




