¡Sinvergí¼enzas!

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06/02/17 – 06:20

El primer ˜pez gordo™ que parece caer en Perú como consecuencia del caso Lava Jato es, preci­samente, el polí­tico de alto vuelo con menos poder e influencias…

Por Julio Arbizu
Varias reflexiones me deja la recien­te noticia del su­puesto soborno que habrí­a recibido Alejan­dro Toledo por parte de la empresa Odebrecht para fa­vorecerla con la concesión de la Carretera Interoceáni­ca. Por un lado, el recuerdo de la denuncia por enrique­cimiento ilí­cito que interpu­simos contra el la compra de su casa en Las Casuarinas. Cada argumen­to inverosí­mil con los que Toledo descartaba su parti­cipación en algún delito nos convencí­a más de su respon­sabilidad penal. Sin embar­go, algo inaudito sucedió: José Peláez, el fiscal de la Nación de ese entonces, el mismo que batirí­a todos los récords negándose hasta cinco veces a tramitar una denuncia contra Alan Gar­cí­a por el caso Narcoindul­tos, archivó la investiga­ción. Hoy, las noticias que llegan desde Brasil parecen ratificar nuestra tesis: To­ledo se habrí­a enriquecido en el cargo y Peláez debe­rí­a responder por una som­bra más en su hoja de vida.
Otra reflexión impor­tante es que el primer ˜pez gordo™ que parece caer en Perú como consecuencia del caso Lava Jato es, preci­samente, el polí­tico de alto vuelo con menos poder e influencias sobre un siste­ma aparentemente inflexi­ble con los ladrones de ga­llinas, pero timorato con los que roban gallineros com­pletos. De otra forma, no se entiende cómo el afortuna­do expresidente Garcí­a, que se reunió hasta dieciséis ve­ces con el capo de la corrup­ción de Odebrecht en La­tinoamérica, Jorge Barata,  parece que se librará, una vez de más, hasta de ser in­vestigado.
La reflexión más impor­tante me la generan las re­acciones de ese conglome­rado insólito e inefable que es el fujimorismo. Todos, in­cluidos varios corruptos condenados por la justicia, celebran con champán el ocaso de Toledo (una impre­sentable presentadora de televisión y el delfí­n de las comunicaciones de Vladi­miro Montesinos, por ejem­plo), como si su desgracia supusiera inmediatamente su redención. ¡Sinvergí¼en­zas!
A lo sumo, lo que suce­derá “si Toledo es encontra­do culpable“ es que su lí­der ya no será el solitario repre­sentante de la más impor­tante degradación moral de la administración pública en el Perú. Parece que pronto tendrá compañí­a.

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