TURISMO RELIGIOSO

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Viernes, 23 septiembre 2016

Luis Arista Montoya*

En mi calidad de investigador del patrimonio cultural –  motivan la presente reflexión, que deseo sirvan  para cuidar el patrimonio religioso amazonense.
San Sebastián era una de las más bellas iglesias barrocas del  sur andino, considerada la primera iglesia de indios durante la Colonia; como fue- salvando las distancias y distinciones- la iglesia de Santa Ana de Chachapoyas (fundada como iglesia de indios en 1569). Su continente (es decir su arquitectura) y su contenido (salas, naves, altares, sagrarios, imágenes, pinturas, órganos y melodios) fueron construidos por  indios y para  indios, con fines de conversión y evangelización cristina; para «civilizar», catequizar y cobrar tributos a los descendientes incas. Claro que  el templo fue construido bajo los designios de curas y arquitectos venidos desde España, que trajeron imágenes talladas  de  Cristo y Santos, como la imagen original de San Sebastián (ahora destruida por el incendio); solo queda su réplica.
Los indios conversos- dueños de una visión estética y mística animista- pronto aprendieron de la estética extranjera. Así nació el Arte Popular Andino sobre todo a nivel de tallado y pintura: rústicos al principio, luego imitativos, para terminar, posteriormente, en estupendas réplicas.
Debido al sincretismo religioso, es decir el mestizaje tenso y armónico  entre la religión católica- traída por los conquistadores para la evangelización de los indios ? y la religiosidad andina de los nativos, aparece una arquitectura y pintura popular andina, que trascendiendo la imitación introdujo sus propios temas  y códigos a manera de firma de identidad irónica (como por ejemplo la presencia de un plato de cuy frito en un cuadro de La Última Cena; o caras de santas y santos de rostro indígena).
Como turista primero, luego como funcionario he visitado varias veces la Iglesia de San Sebastián; la última vez fue en noviembre de 1998, para inspeccionar los trabajos de los talleres de restauración de cuadros de pintura virreinal a cargo de los alumnos de los últimos años de la Escuela de Bellas Artes Diego Quispe Tito. Desde su atrio se contempla un hermoso paisaje cultural que muestra al fondo el legendario cerro de Huanacaure (a 4, 100 msnm)- mayestático Apu de la ciudad- donde, según el mito, se asentó la barreta de oro de Manco Cápac (o Ayar Manco), procediendo a fundar Cuzco: en realidad, había salido del seno de las ninfas del Lago Titicaca liderando  una migración masiva de gentes venidas desde el altiplano Aymara, en busca de nuevas tierras para sembrar maíz, frejoles, papas y coca.
El siniestrado templo de San Sebastián contenía  192 piezas restauradas entre pintura en caballete, marcos dorados, esculturas policromadas, retablo de madera, púlpito y balaustrada. Ahora todo esto tendrá que ser restaurado o recreado. En Cuzco todos los templos están bajo la administración del Arzobispado, razón por la cual el Ministerio de Cultura (como antiguamente el INC) solo actúa, bajo convenio, para casos de restauración.
Casi todas las pinturas del maestro campesino Diego Quispe Tito (nacido en 1611 y fallecido en 1681) -el más representativo maestro de la Escuela de Pintura  Barroca Cuzqueña- se han quemado; pintó por encargo de la Iglesia, por cuenta propia,   tanto como  por encargo de ciertos caciques indígenas católicos.
Desde nuestra modesta fuente de datos proponemos a los restauradores de los cuadros averiados y a los recreadores iconográficos de réplicas tener en cuenta las siguientes fuentes bibliográficas : Estudios de Iconología e Iconografía, de Erwin Panofski;  Pintura en el Virreinato del Perú (Colección Arte y Tesoros del Perú; Lima) editado por el Banco de Crédito del Perú en Lima  el 31 de marzo de 1989;  Pintores Populares Andinos de Pablo Macera; editado en Lima en 1979 por el Fondo del Libro del Banco de los Andes; las Memorias del historiador Cusqueño Luis E. Valcárcel; la Colección de fotografías originarias  de Martín Chumbe; y otros documentos. La consulta de este material es imprescindible para que los restauradores tengan todo el corpus teórico para rememorar el ambiente religioso y estético de la época en que fueron creados primigeniamente. Una enorme tarea, pero necesaria para recuperar la memoria histórica a favor  de la fe y del turismo religioso.
Cusco es un espejo para otras regiones. Antiguamente Amazonas tuvo un rico patrimonio cultural religioso que ha sido depredado y expoliado furtivamente: guardado en  su vieja catedral e iglesias misionales  edificadas durante el ingreso de la evangelización de las comunidades nativas, que partieron en el siglo XVII desde Jaén de Bracamoros y desde Chachapoyas.
Justamente el notable historiador  Pablo Macera en su citado libro  se refiere a los Tocuyos de Chachapoyas, pinturas hechas por pintores indios sobre bayetas con tintes naturales que ahora están en manos de coleccionistas privados de  Lima y en la ciudad alemana de Leipzig;  o como  otros objetos religiosos (Cádiz, custodias, capas, mantos, candelabros de oro y plata, biblias bilingües , y otros) que fueron extraídas bajo engaños de  un sacha ?arqueólogo?, para supuestamente ser restauradas en Lima, según me contaron antiguos  pobladores de La Jalca y otros pueblos.
En el incendio de San Sebastián posiblemente se haya quemado la famosa serie de Santa Ana, donde el pintor indio cusqueño Diego Quispe Tito expresa la secularización de sus temas pintando a indios y parientes asistiendo a procesiones y fiestas. De seguro que él tuvo conocimiento de la existencia  de la  primera iglesia de indios de Santa Ana  de Chachapoyas, pues fue un pintor andariego. Hay que estudiar esta vinculación Cuzco-Chachapoyas, para potenciar los lazos históricos y el turismo religioso.
Turismo que no solo debe ser promocionado  para los días de los santos patrones de los pueblos, en Navidad o en Semana Santa, sino siempre, en forma sostenida. Pues, al turista extranjero le encanta visitar iglesias y capillas: no solo por razones de estética religiosa, sino para encomendarse a los santos locales para gozar de un buen viaje; para descansar después de una agotadora caminata, y por recogimiento místico religioso, máxime si es con un fondo  musical sacro, bajo la guía de jóvenes monjas y monjes.
 
Paradójicamente, esto aprendí en la Habana Vieja , capital de Cuba, en un país supuestamente ateo; Fidel Castro siempre respetó a la institución eclesiástica, donde los conventos e iglesias incluso funcionan como escuelas y consultorios médicos  para niños  aprendiendo a escuchar  música religiosa barroca, además de salsa cubana; todo gracias a la visión del arquitecto Eusebio Leal, nombrado como Historiador de la Ciudad (con plena autonomía), que, desgraciadamente,  hace un mes ha sido reemplazado por una junta militar debido a las presiones de empresas capitalistas que pretenden establecer sus negocios en pleno centro histórico, amparados en la reanudación de las relaciones exteriores con los EE.UU.
Chachapoyas tiene que cuidar celosamente su centro histórico, reconstruir y restaurar sus iglesias. El turismo religioso no debe ser  sinónimo de francachela. Es una forma de afianzar las pacíficas relaciones  mediante donaciones bajo  una Ética del Bien y del Amor entre semejantes, con tolerancia por  las diferencias culturales y religiosas?Amén.
*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 22 de setiembre de 2016. Luis Arista Montoya.

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