21/02/17 – 12:15
NOS ENCONTRAMOS en el segundo mes del nuevo año que, antes de su comienzo, todos nos lo deseábamos feliz. Sin embargo, con la única experiencia de estas sus primeras semanas, todo parece indicar que al nuevo año poco le interesa nuestra felicidad. Más bien desde el principio parecería que pretende lo contrario al menos contra dos grupos importantes de peruanos castigados? con especial dureza por el 2017 mucho más que lo hizo el año 2016:
Nos referimos 1°-a los más pobres y desprotegidos, víctimas de los últimos huaicos y desbordamientos de ríos provocados por fuertes lluvias torrenciales en distintos departamentos de Lima, Ica, Huancavelica, Arequpa, la ciudad de Chiriaco… y
2°-a los más ricos y poderosos que ocuparon los puesto más altos de la política y la administración.
Concretamente todos nuestros últimos Presidentes de la República sospechosos y acusados de enriquecimientos personales ilícitos en el ejercicio de su autoridad al servicio del pueblo. En este mes de febrero el Ministerio Público asumió su responsabilidad constitucional de iniciar la investigación de estos escandalosos casos de máxima corrupción decidiendo comenzar por uno solo de los supuestos ladrones que, según el decir popular al caso parece que no es el pez más gordo?. El fiscal y el juez de mutuo acuerdo decidieron dictar contra él orden de captura? y dar a conocer internacionalmente la cuantía de la recompensa para quienes colaboren en la búsqueda y captura del presunto criminal.
CON ESAS DOS PALABRAS, una tan peruana, huaicos, y la otra tan extraña, Odebrechts, nos referimos a los peores regalos con que nos ha obsequiado el nuevo año de muy distintas maneras y a niveles tan desiguales de nuestra sociedad
1°-tan realmente pobre y olvidada siempre amenazada desde las alturas por grandes desprendimientos de tierra y al borde de sus ríos enfurecidos que allanan y enlodan sus casas las más vulnerables nunca terminadas del todo, y
2°-tan ambiciosamente rica que no duda en robar al pueblo al que deben servir el Estado y todos sus funcionarios y cualquier autoridad de cualquier comunidad, caserío, centro poblado, distrito, provincia, región y Lima donde suelen vivir cientos ¿o miles? de peces más o menos gordos? como los llaman desde provincias y periferias.
La mayoría, que no somos ni los más pobres ni los más ladrones, hemos quedado consternados ante los dos grandes escándalos que han dejado al descubierto la suma pobreza y desamparo de los de abajo y la suma corrupción de los de arriba.
Ambos extremos intolerables se intentaban ocultar y silenciar por distintos motivos: para no contradecir las engañosas estadísticas sobre el desarrollo económico peruano, y para evitar la denuncia, el proceso y la cárcel merecida, por lo cual se miente y miente una y otra vez a todos los niveles y, sobre todo en los más altos y hay quien dice que todos harían lo mismo que hicieron nuestros presidentes corruptos y cada autoridad intenta imitarlos según sus posibilidades con la plata que tienen a su alcance que siempre suele ser más de lo que dicen.
Eso dicen y, de alguna manera, lo que está sucediendo y continuará durante años va a ser la comidilla o el chichamen nacional y a nuestros medios nacionales y provinciales no les faltará suspense cada día para seguir el paradero de cada uno de los expresidentes y sus allegados familiares, amigos y colaboradores que son muchos.
¿O puede resultar que los dos grandes obsequios lo son de verdad y los estábamos necesitando todos para de una vez darnos cuenta que esos regalos no se destinaban sólo a dos grupos extremos sino a todos? Y acaso podemos terminar el año agradeciendo al 2017 esta oportunidad de poner pies a tierra y abrir cada uno nuestras manos y preguntarnos de quien es esta plata que cada uno llama suya? O esos millones que cada uno dice suyos?¿Acaso ha llegado ya, como algunos desean, el fin del mundo? ¿Del viejo mundo?.
Padre Fermín Rodríguez Campoamor




