Los grandes ausentes

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03/04/17 – 04:35

¿Dónde están los chicos más populares del 2016 en estos tiempos de esfuerzo nacional ante la tragedia?

Por: Madeleine Osterling “ Polí­tico.pe

¿Qué tienen en común Alan, Julito y Alfred además de haber sido candidatos a la presidencia del Perú en el 2016? Simplemente ser los grandes ausentes en el esfuerzo nacional de solidaridad y ayuda ante la tragedia. Digamos que casi nada…

La última vez que Alan Garcí­a vino al Perú fue en el mes de febrero pasado, para brindar su manifestación ante la Fiscalí­a por las indagaciones del Gasoducto Sur Peruano. Se sometió con disciplina aprista a las autoridades y ofreció asistir cada vez que fuese requerido en el transcurso de las pesquisas. Si ha podido darse el lujo de interrumpir su año sabático en Madrid para comparecer ante la justicia, podrí­a hacer un poquito más de esfuerzo y hacerse presente apoyando al paí­s, aquel que le dio la posibilidad de ser gobernante en dos oportunidades y que le perdonó la miseria, hiperinflación y violencia que vivimos del 85 al 90. Garcí­a no es consciente de lo mucho que le debe al Perú. Al parecer, como ha perdido interés en ser candidato ”porque es evidente que su estilo solo sigue encandilando a ciertos apasionados apristas y que ya no puede reciclarse ni escapar del personaje” para qué se va a dar el trabajo. No da puntada sin hilo, ¡clarí­simo!

Julito Guzmán se encuentra buscando firmas para su nuevo emprendimiento polí­tico: el Partido Morado. La valla es alta por lo que está consciente de que se trata de una laboriosa tarea, pero su avidez por ser candidato es su leitmotiv.  Recordemos que durante la campaña ofreció que el ministro de Economí­a de su Gobierno tendrí­a «una visión de futuro con dos caracterí­sticas: que conozca el campo y que conozca la realidad peruana». Qué mejor oportunidad que ahora para enfrentarse a la crudeza de nuestra realidad, aquella de la falta de prevención, inmoralidad y desidia. Deberí­a predicar con el ejemplo. Aunque no quiera ensuciarse las manos, que por lo menos esté presente, que no se limite a comunicar a través de las redes sociales, que haga escuchar su voz y que su imagen no sea solo aquella de celuloide, con sonrisa congelada y algo de photoshop.

Imagino que si Alfredo Barnechea rechazó el pan con chicharrón que gentilmente le invitaron en un restaurante de Cañete o un gracioso sombrero de paja en Jauja, resulta todaví­a más impensable verlo con botas de jebe rescatando niños en Catacaos o dirigiendo la logí­stica de una distribución de alimentos en lugares apartados de la sierra de Lima. Sus promesas de campaña fueron muy genéricas y, para simplificarlas aún más, las hizo públicas a través del Twitter bajo el tí­tulo de «Barneideas». Perdón, pero no tengo capacidad para imaginarlo como un presidente que implementarí­a esas capsulitas electorales en este escenario de desolación. Sin embargo, como no quiero ser mezquina, ¡puedo reconocer que serí­a un excelente interlocutor para recibir ayuda del exterior!

Casi todos los aspirantes a la presidencia de la República ofrecen propuestas similares en función a los grandes problemas del paí­s como la seguridad, reactivación de la economí­a o descentralización. La diferencia está en la empatí­a, el liderazgo, la capacidad de reacción, la lealtad de sus equipos y eso solamente se ve en la cancha, aun sin ser una autoridad. Paí­ses vecinos como Ecuador, Colombia y Chile han enviado ayuda: entonces, es inaceptable que los excandidatos a la presidencia no hagan un esfuerzo descomunal por nuestro paí­s. Y, si nos ponemos en plan cí­nico, también serí­a la mejor forma de hacer campaña, conseguir fondos y dar «regalos» sin ser cuestionados ni poner en peligro sus candidaturas por los preceptos draconianos de nuestra ley electoral.

Alan, Julito y Alfred, como dirí­a el famoso escritor italiano Alberto Moravia: «El que por indiferencia no siente nada debe fingir».

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