EL PAISAJE CULTURAL DE PAIJÁN, EN TRUJILLO.
El pasado 22 de junio murió el pintor trujillano Gerardo Chávez López, representante universal de la pintura peruana contemporánea. Vinculado con ciertas familias amazonenses, por el lado de los Chávez y López, tal como me lo hizo saber en su taller de la calle Porta de Miraflores, cuando lo entrevisté cuando retornó a Lima en 1970, luego de UNA larga estancia en París, Florencia y Roma
A este pintor que le gustó crear en paz para que sus cuadros transmitan paz a los espectadores, le hubiese gustado morir en plena paz, porque su sensibilidad humana (y estética) lo llevaba a flor de piel. Es de suponer que sus últimos cinco años de vida fue de tristeza y sufrimiento porque su tierra natal (nació en Trujillo un 16 de noviembre de 1937), actualmente, es uno de los escenarios más violentos a causa de la minería ilegal, el narcotráfico y el crimen organizado. Murió entristecido por las monstruosas muertes de Pataz
En el año 2008(en constante evolución) pintó un cuadro titulado “Los cautivos” sobre tela de yute y madera, de 200 x 300 cm., que, creo, que resume su posición y protesta contra la violencia de Pataz que parece extenderse y acuñarse en toda La región de La Libertad, en todo el Perú. No puedo dejar de emparentar a los cautivos peruanos, con tres pinturas universales: “la fabricación de la pólvora” (de Francisco de Goya), “Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808(del mismo Goya, y el inmenso cuadro El Guernica, de Pablo Picasso, pintado en protesta por los bombardeos al humilde pueblo de Guernica hechos desde los aviones nazi. Desde un surrealismo trágico “Los cautivos” de Gerardo Chávez queda como parte de su testamento y testimonio del Perú doloroso y doliente.
Me enorgullece haber sido su amigo. Me estoy quedando sin referentes éticos y estéticos. La sala Kuélap (de tres ambientes) del Instituto Nacional de Cultura, la convertimos en albergue transitorio de una gran muestra retrospectiva de toda su obra completa, incluso de sus escritos sobre estética del paisaje.
El paisaje cultural del pueblo liberteño de Paiján, donde vivió hasta muy joven, fue la impronta de su obra paisajista; y el nutritivo tubérculo de la papa, fue el símbolo y el signo de su peruanidad pictórica. A este producto andino (que tiene más de 320 variedades) le rindió pleitesía y lo coronó artísticamente en forma universal, porque la papa salvó de la hambruna a Europa en el siglo XIX.
“La procesión de la papa”, inmensa pintura-mural de seis enormes paneles, simboliza la inconclusa identidad antropológico-mestiza peruana. Nada más significativo en los pueblos del Perú profundo que sus fiestas patronales y sus procesiones religiosas. Gerardo Chávez se inspiró en ellas para que el pueblo indo-mestizo cargue una inmensa papa en una procesión, elevándola míticamente como una deidad terrícola, acompañada por músicos y danzantes pueblerinos. Tres años invirtió en investigar y elaborar los bocetos; la temática la trabajó usando tierras de color, carbón vegetal sobre yute, materiales rústicos que develan su apuesta por el arte primitivo y artesanal. Iconografía que merece ser estudiada a la luz de la metodología de investigación de Erwin Panosky, quien distingue entre forma, idea y contenido de una obra de arte, dentro de su contexto humanista.
Por tal motivo, recomendamos a los estudiantes amazonenses, muy en especial a los artistas y estudiantes de Bellas Artes, cuando viajen a Trujillo no dejar de visitar el Museo del Juguete y el Museo de Arte Moderno, fundados por Gerardo Chávez. Su mejor legado a favor de la educación estética del ciudadano peruano.
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 25 de junio de 2025. Luis Arista Montoya




