BETO, UN HERMANO DEL ALMA Parte I

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21/04/17 – 05:30

Pastillita para el Alma 20 – 04 – 17

*A los verdaderos amigos se les recuerda toda una vida, porque con sus acciones y hechos dejan huellas imborrables en la mente y en el corazón*

Estudiábamos en el 4° año en la Facultad de Medicina de San Fernando, por nuestros apellidos, estábamos en grupos diferentes. Yo vivÍa en una pensión en los Barrios Altos en Carmen Bajo, cerca al monasterio de la Virgen del Carmen, de donde me era fácil irme por las noches, a la Asistencia PÍblica de Grau cuando no habÍa la delincuencia de ahora. Beto vivÍa en  Lince y tambiÉn se daba tiempo para ir a quedarse por las noches en la Asistencia PÍblica, donde un hermano de su mamá, era mÉdico de servicio. Trabajamos en forma voluntaria y ya pasado cierto tiempo nos mandaban a cubrir servicio en las asistencias pÍblicas del RÍmac, Surquillo y aÍn de Chosica.

El tiempo pasó y un dÍa inolvidable, llegó a mis manos un memorándum de la Dirección de Central de Grau, que es mi reliquia y donde aparecÍamos nombrados y remunerados, para cubrir guardias de 24 horas, en la Asistencia PÍblica de Barranco,  junto con Beto y el Chiquito Luna. AllÍ empezó una gran amistad que se ha convertido en una verdadera hermandad. Al final de nuestra carrera los tres enrumbamos por diferentes caminos. Hasta ahora tengo la esclavita de oro,  con dijes, que la regalÉ a mi madrecita con mi primer sueldo.
Con Beto cientos de anÉcdotas, largas de narrar y que ahora, con su autorización, me permito narrar alguna de ellas, con una mezcla de verdad y fantasÍa, sobre todo en nombres, para no herir susceptibilidades.

En la Asistencia PÍblica de Barranco, en la calle Colina, habÍa una casa vieja con habitaciones que servÍan como tópico, sala de reposo y dormitorio del mÉdico de servicio más  una pequeña salita de espera. HabÍa tres tÉcnicos en enfermerÍa que se turnaban en las guardias. Este local ha sido testigo de nuestras inquietudes, de nuestros miedos, de nuestros temores, de nuestras vagas indecisiones y de nuestras acertadas decisiones cuando tenÍamos que trasladar un paciente a la Asistencia PÍblica de Grau, con diagnósticos precisos de abdomen agudo, infartos de miocardio, asÍ como los traumatismos encÉfalo craneanos graves, entre otras cosas, que en alguna forma tambiÉn era responsabilidad de nuestro tutor el Dr. Danilo BambarÉn, de quien guardo un gran recuerdo.

La Asistencia PÍblica de Barranco, de poquito a poquito se fue convirtiendo en una especie de vitrina de exhibición, porque más o menos a las 6 de la tarde, venÍan muchas chiquillas entre 15 y 20 años porque tenÍa dolores de abdomen, de espalda o porque querÍan preguntar que era bueno para tal o cual dolencia que tenÍa generalmente su abuelita o abuelito. Mi amigo Betito, muy amable y cortes, las explicaba muy solÍcitamente y aprovechando que su Dodge Polara negro estaba en la puerta, les invitaba a dar un paseÍto por la playa, para que escuchen Magia Blanca, Bienvenido, Bienvenido Amor y despuÉs de que habÍa terminado su clase magistral, regresaba con su tocadiscos a  todo volumen con €œDespeinada, Despeinada€?.

En los primeros dÍas, indudablemente los pacientes que llegaban a atenderse, muchas veces no lo hacÍan con nosotros que Éramos muchachos, sino con los enfermeros vestidos de blanco, que por su mayorÍa de edad pasaban como doctores, y en honor a la verdad eran personajes con mucha experiencia que en casos difÍciles, en forma muy discreta y sin perder nuestra autoridad y dignidad, les pedÍamos €œsugerencias€?.

Nuestros turnos eran de 24 horas con un dÍa domingo rotativo.
Seguro  estoy que los €œ3 socios de la conquista€? infinidad de veces, la hemos visto color de hormiga, ante casos complicados y casi siempre, nuestras noches las pasábamos en vela y al siguiente dÍa tenÍamos que asistir a clases en el Hospital 2 de Mayo o en el Loayza, para enfrentarnos con nuestros profesores de ClÍnica MÉdica.

En una de las primeras guardias llegó una paciente con un Edema agudo de pulmón por una insuficiencia cardÍaca congestiva y Beto se apresuró en ordenar: Reposo en cama posición semi Fowler y como no le entendieron se apresuró a decir €œsemi sentada carajo€?, pónganle 4 litros de oxÍgeno en máscara, luego mientras tomaba sus funciones vitales, con voz enÉrgica ordenó al enfermero una ampolla de fenobarbital, ante la sorpresa del enfermero, que muy calladamente le preguntó: ¿Fenobarbital para la enferma, que está inconsciente? No idiota, es para mÍ, para calmar mis nervios.

Mi hermano Beto, un hombre de decisiones rápidas y correctas, bien centrado en sus diagnósticos y prescribiendo su terapÉutica, en los momentos álgidos se concentraba y ponÍa todo su empeño, pero pasado el mal momento, todo lo condimentaba con sus bromas y chistes, con su mirada tierna y sus ojos juguetones detrás de sus anteojos infaltables.

Desde luego, todo no era trabajo y estrÉs,  algunos fines de semana, nos dábamos la maña para ir a pasar un momento de diversión en los centros nocturnos de la Herradura, especialmente en el más ficho y de moda de ese entonces, donde habÍan unas chiquillas guapÍsimas de no más de 20 años que nos hacÍan perder la razón, cuando con su voz cantarina y su andar moviendo las caderas, nos servÍan los vasos de cuba libre que se transformaban en prisión por efecto del ron, el humo de deliciosos cigarrillos, la media luz del ambiente y el sonido de una Rock ola con los ÚLTIMOs hits de ese entonces.  Cierta noche Beto que habÍa venido en su infaltable automóvil Polara y su noviecita de turno, escuchábamos €œCapricho italiano€? y se le ocurrió que querÍa escucharlo a la orilla del mar para que su tertulia y su inspiración sea más agradable y ante la negativa del dueño del Bar de vendernos o proporcionarnos en calidad de prÉstamo, en un abrir y cerrar de ojos, y como por arte de magia el disco desapareció de la Rock ola y Beto se dio el gusto de escucharlo a la orilla del mar,  mezclado con el sonido del va y ven de las olas, que con su espuma blanca golpeaban sobre las piedras de la playa de la Herradura.

Noches inolvidables de miedo y angustia ante nuestros pacientes difÍciles. Noches tambiÉn de timba, donde el chiquito Luna siempre era el que se llevaba el pozo.

En muchas oportunidades estábamos los tres en un mismo turno, generalmente cuando era la Época de exámenes o Éramos invitados a jugar una partidita de Póker o se daba el caso de una cita en el Club de Tenis de Barranco o en alguna de las casas con sus hijas casaderas.

Nuestro servicio nunca quedaba abandonado porque ahÍ en Barranco cerca de la plaza de armas vivÍa un compañero que, paradójicamente, no pudo entrar a la Asistencia PÍblica y se iba para que lo permitiÉsemos suturar a los pacientes que venÍan de la Playa de Agua Dulce con la cabeza rota por un vaso o una botella. Nuestro compañero de Promoción, que empezó sus primeros puntos de sutura en la Asistencia PÍblica de Barranco, bajo la €œfÉrrea enseñanza de Beto€?, se convirtió, yendo el tiempo, en un cirujano de ponen das que inclusive hay un hospital que ahora lleva su nombre.

Los tres Éramos sólidos como un puño, mientras estábamos en Barranco, tanto asÍ, que habÍa una chica de 21 años, piel canela, de cabello ondulado, con un cuerpo espectacular, con una voz dulce angelical, que vivÍa cerca de nuestro centro laboral y como nos conocÍamos como la palma de nuestra mano y más yo con Beto, guardábamos nuestra especial conquista como un secreto  de estado, más como todo se sabe en esta vida, en ese cuartito azul, como en el tango, descubrimos que los dos tenÍamos una osamenta, digna de la mejor pared en un salón del mejor  criador de toros. DespuÉs de la sorpresa, decidimos compartir nuestro trofeo, en paz y perfecta armonÍa, sin ninguna clase de resentimiento.Continuará

Jorge REINA Noriega
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jorgereinan@gmail.com

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