LA VERDAD COMO REHÉN

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14/12/17 – 09:41

Luis Alberto Arista Montoya*
Cuando en una sociedad – este es el caso de la actual sociedad peruana, desgraciadamente- cunde la corrupciÍn sobre todo en ciertos sectores de la clase polÍtica y  empresarial, lo que primero que el ciudadano común observa es  cÍmo la mentira  se extiende cÍnicamente. Entonces,   la corrupciÍn de las costumbres e instituciones se manifiesta primero en   la degradaciÍn del lenguaje de los supuestos ¿lÍderes?
El 22 de mayo del aÍo 2011, en el diario El Comercio – antes de la segunda vuelta entre Ollanta Humala y Keiko- , con el fin de evitar que   ¿la ominosa dictadura?  de los 90 resucite, Mario Vargas Llosa escribiÍ un sabroso y laudatorio  artÍculo titulado ¿Montaigne en la trifulca?, donde apostÍ por Ollanta Humala, sin imaginar, por supuesto, que el expresidente (y su mandamÍs esposa Nadine) terminarÍan en la cÍrcel por corrupciÍn y por haber mentido no solo a su electorado, sino tambiÍn a sus apologetas y garantes.
Para explicar los actuales momentos de ¿decadencia y caÍda de casi todo el mundo?, gloso tambiÍn  esta vez un texto de Miguel Montaigne, filÍsofo francÍs creador del gÍnero moderno del ensayo, que cabe como anillo a muchos dedos de manos que han saqueado asombrosamente  las arcas fiscales.
Rescato el  capÍtulo IX de sus Ensayos Escogidos (escritos en 1572, inicios del siglo XVI), titulado De los mentirosos. Breve texto de uno de mis autores preferidos, en el convencimiento de su vigencia y porque nos ayuda a comprender  la corrupciÍn generalizada, que lo que ha hecho es seguir envileciendo el lenguaje a travÍs de mentiras organizadas  y de adendas. En  Perú  la Verdad se encuentra  como rehÍn de los corruptos.
No sin razÍn se dice- escribe Montaigne –  quien no se sienta fuerte de memoria debe apartarse de la mentira. Bien sÍ que los retÍricos establecen diferencia entre mentir y decir mentira: aseguran que decir mentira es decir cosa falsa que se tomÍ por verdadera; y que la definiciÍn de la palabra mentir, en latÍn, de donde nuestra lengua la ha tomado, vale tanto como ir contra su conciencia, y que, por consiguiente, esto no se relaciona sino con los que dicen algo contrario a lo que saben, a los cuales  me refiero. Ahora bien, estos mentirosos lo inventan todo a su guisa, o alteran y trastornan aquello que es verdadero [pese a jurar decir toda la verdad  frente a un crucifijo, ante el requerimiento del juez]. Acontece  que, como la mentira es un cuerpo vano y sin fundamento, escapa fÍcilmente a la memoria, si Ísta no es fuerte y bien templada.
Es la verdad un vicio maldito. No somos hombres ni estamos ligados los unos a los otros mÍs que por la palabra. Si conociÍramos todo el horror y trascendencia de la mentira, la perseguirÍamos a sangre y fuego, con mucho mayor motivo que otros pecados. La mentira sola, y  algo menos la testarudez, parÍcenme ser las faltas que debieran a todo trance combatirse: ambas cosas crecen desde cuando uno es niÍo, y desde que la lengua tomÍ esa falsa direcciÍn, es peregrino el trabajo que cuesta y lo imposible que es llevarla  a buen camino; por donde  acontece que comúnmente vemos mentir a personas que por otros aspectos son excelentes, las cuales no tienen inconveniente en incurrir en este vicio.
Sobre un consuetudinario mentiroso, empedernido que cree en la ¿verdad? de sus  propias mentiras, Miguel Montaigne decÍa: Si como la verdad, la mentira  no tuviera mÍs que una cara, estarÍamos mejor dispuestos para conocer aquÍlla, pues tomarÍamos por cierto lo opuesto a lo que dijera el embustero; mas el reverso de la verdad reviste cien mil figuras [la mentira tiene mil caras, con patas cortas] y se extiende por un campo indefinido. Los pitagÍricos [los de la antigua Grecia] creen que el bien es cierto y limitado, el mal [la corrupciÍn] infinito e incierto. Mil caminos desvÍan del fin, uno solo conduce a Íl. Hay quienes emplean siempre una descarada y solemne mentira, cada vez que pueden.
Un antiguo sabio dice que nos encontramos mÍs a gusto en compaÍÍa de un perro conocido que en la de un hombre cuyo lenguaje desconocemos. El lenguaje falso es en efecto mucho menos sociable que el silencio [aunque muchas veces, ante los medios de comunicaciÍn y ante  los tribunales de justicia, quien calla otorga].
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 14 de diciembre de 2017. Luis Alberto Arista Montoya.

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