23/02/18 – 04:31
Luis Alberto Arista Montoya*
Tanto a travÍs de las ondas de esta emisora radial, como a travÍs de nuestros informantes hemos seguido el debate suscitado sobre las obras de restauraciÍn y reconstrucciÍn de la Plaza de Armas (o Plaza Mayor) y Plazuela de La Independencia (conocida tradicionalmente como Plazuela de Burgos) de la ciudad Antigua Chachapoyas, a cargo del Plan COPESCO, unidad ejecutora perteneciente al Ministerio de Comercio Exterior y de Turismo, con sede en Lima.
Un debate un poco tardÍo, puesto que la empresa y la autoridad edil debieron propiciarlo a-priori al proyecto aprobado, en forma oportuna, buscando la participaciÍn del sector cultura y turismo, de la Academia, de la Sociedad Civil y de arquitectos y artistas de la regiÍn. Ahora estamos sobre el caballo. Lo que toca es paralizar la obra momentÍneamente para hacer los cambios arquitectÍnicos pertinentes.
Una vez mÍs el limeÍocentrismo impone sus criterios desde la capital, tercerizando obras, atentando contra la identidad regional y provincial. Desde 1538 -aÍo fundacional de la ciudad hispÍnica de Chachapoyas- existen muchas crÍnicas, obras histÍricas y literarias sobre el hermoso Centro HistÍrico de nuestra ciudad; dibujos y fotografÍas mostrando su valor arquitectÍnico y urbanÍstico republicano, como lo han atestiguando antiguos fotÍgrafos como los maestros Calixto Herrera, Augusto Emperador JimÍnez y Wenseslao CabaÍas, y el joven/maestro MartÍn Chumbe (especialista en paisajes naturales y arquitectÍnicos), que debieron haber sido consultados por los arquitectos proyectistas forÍneos.
El hecho que ni siquiera fueran presentadas las maquetas de ambas plazas para mostrarlas didÍcticamente a la gente interesada para recibir sugerencias; que no hayan debatido con los integrantes del Colegio de Ingenieros, es una muestra de imposiciÍn limeÍocentrista. Es mÍs, las autoridades de turismo, de cultura y del municipio debieron haber patrocinado dicho debate. Pero primÍ la indiferencia, la desidia. La Universidad no ha dicho ¿esta boca es mÍa?. Si no hubiese sido por la valiente crÍtica del regidor Gustavo Silva y de otros profesionales como Anaximandro Valdez, no hubiÍsemos tomado conciencia sobre el posible atentado y daÍo al patrimonio histÍrico monumental.
¿Acaso no existen ricas canteras de piedra en nuestra tierra para seguir trayendo el sillar desde Arequipa? AhÍ estÍn las dormidas canteras del Chillo, de La Magdalena, de Santo TomÍs, de RondÍn, solo para citar las mÍs aledaÍas. ¿Con quÍ bloques de piedra creen que los antiguos Chachapoya construyeron KuÍlap?; indudablemente no los trajeron del Cuzco o de Ayacucho.
Se trata de ahorrar costos, de respetar la identidad cultural arquitectÍnica, y de dar trabajo a los picapedreros amazonenses. Los arequipeÍos y los cuzqueÍos jamÍs aceptarÍan que sus plazas y calles sean empedradas con piedras llevadas desde Chachapoyas. No. Porque estas regiones portan una identidad genuinamente fuerte. No se dejan avasallar. AdemÍs el sillar en Arequipa es usado en muros y paredes de casas y monumentos, casi no es usado para calzadas porque no soporta alto y pesado trÍnsito. AquÍ nos quieren sorprender, para que el negocio de restauraciÍn siga a futuro.
En lo personal, realizo este alegato porque soy chachapoyano de pura cepa, y profesor universitario del curso de EstÍtica, que conoce algo de EstÍtica ArquitectÍnica, y sobre Centros HistÍricos gracias a mis visitas a algunas ciudades antiguas peruanas y extranjeras. Los constructores de la antigua Atenas, en Grecia nos enseÍaron que la Arquitectura es arte y ciencia al mismo tiempo, porque tiene que ver con formas, estructuras matemÍticas, y con volúmenes. Como arte es la mÍs cercana a la música, por la belleza de la armonÍa. Es el arte de construir edificios, templos, monasterios y sepulcros y otras obras de carÍcter urbano como plazas públicas.

Desconocemos si los arquitectos que han intervenido nuestras plazas en Chachapoyas son arquitectos urbanitas o no, o son meros constructores. El arquitecto urbanista tiene visiÍn estÍtica y respeto cultural sobre el bien público en sÍ y su respectivo entorno; jamÍs instalarÍa inmensos postes de cemento para el alumbrado público, o permitirÍa el angostamiento de calzadas y la reducciÍn de Íreas verdes. Si bien el Centro HistÍrico tiene un lÍmite de Írea arquitectÍnica, esto no quiere decir que no deba estar contextualizado dentro de un entorno de amortiguamiento y sostenibilidad.
Algunos especialistas aconsejan evitar la ¿arquitectura ensimismada?, para que los espacios urbanos de los alrededores no terminen ahorcando y contaminando el Centro HistÍrico de Chachapoyas hasta convertirlo en un inhabitable centro histÍrico. Si proyectamos que sea reconocido por UNESCO como patrimonio monumental cuidÍmoslo con esmero y celo; que su actual reconstrucciÍn y restauraciÍn cumplan con los cÍnones estÍticos e histÍricos para que no se desfigure su identidad cultural arquitectÍnica.
MantengÍmonos alertas. Mucho cuidado con el contrabando y la improvisaciÍn.
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 23 de febrero de 2018. Luis Alberto Arista Montoya.




