08/03/18 – 05:03
Luis Alberto Arista Montoya
Hoy 8 de marzo se celebra nuevamente el DÍa Internacional de la Mujer ¿Cabe decir algo nuevo sobre la ella? ¿Queda algo pendiente? ¿Basta con la actual legislaciÍn que las ampara? Indudablemente no todo estÍ dicho y hecho. En el mundo -especialmente en Perú- existe aún mucho por hacer a favor de su independencia, de su igualdad de oportunidades, para su justa retribuciÍn laboral, a favor de su buen trato.
Esta nueva celebraciÍn encuentra a las mujeres mÍs empoderadas, mÍs visibles. En todo el mundo. Gracias a la implosiÍn de las redes sociales han sido las mismas mujeres quienes han creado y extendido el movimiento feminista a travÍs del hashtag ¿Me-Too? (¿Yo tambiÍn?) que se ha hecho viral para denunciar el asedio y la violencia sexual de las que fueron vÍctimas en el pasado y en el presente, sea por poderosos jefes, padres, parientes, profesores, etc.
Debido a las relaciones asimÍtricas del poder el mundo pertenece a los hombres, ha sido construido por ellos y para ellos. En todos sus actos estÍ en juego el poder masculino. Es por eso que el feminismo -para no caer en un clichÍ- tiene que denunciar y luchar contra ese poder malsano, mÍs allÍ de los slogans y las arengas.
La gran parte de literatura a favor de las mujeres ha sido escrita por varones. Las mujeres, debido a que no detentan los controles del poder, han escrito sobre ellas en forma tardÍa, reciÍn con fuerza a partir de la segunda mitad del siglo XX.
¿La verdadera independencia de la mujer empieza por el vientre y el monedero?, solÍa decir Simone de Beauvoir, novelista y ensayista francesa, compaÍera (no esposa) del filÍsofo Jean Paul Sartre, con quien viviÍ casi toda su vida, con una hija adoptiva. ConsiderÍ que la maternidad (que entraÍa libertad de su sexualidad) no puede ser el único objetivo de la vida de una mujer. Que es una opciÍn enteramente personal; y que tiene que tener independencia econÍmica para no depender de la billetera masculina, para eso tiene que gozar de la misma igualdad de oportunidades en el orden laboral. Que el piso estÍ parejo tanto para hombres como para mujeres para que partan, corran y arriben a la meta por igual. Eso es lo que debemos entender metafÍricamente como ¿tener igualdad de oportunidades?.
En 1954, Simone de Beauvoir escribiÍ su cÍlebre libro El Segundo Sexo (de 971 pÍginas), distribuido en dos tomos: en el primero se refiere a los Hechos y los Mitos sobre la situaciÍn de la mujer; y en el segundo tomo escribe sobre la experiencia vivida por la mujer a travÍs de todos los momentos de su vida hasta su liberaciÍn.
De este libro clÍsico y pionero, considerado por las feministas como una especie de ¿biblia?, glosamos unos pÍrrafos a manera de conclusiÍn:
En la sexualidad -escribe- se materializarÍn siempre la tensiÍn, el desgarramiento, la felicidad, el fracaso y el triunfo de la existencia. Liberar a la mujer es negarse a encerrarla en las relaciones que sostiene con el hombre, pero no negarlas. Aunque se plantee para sÍ, no dejarÍ de existir tambiÍn para Íl: al reconocerse mutuamente como sujeto cada cual serÍ para el otro, sin embargo, el otro. La reciprocidad de sus relaciones no suprimirÍ los milagros que engendran la divisiÍn de seres humanos en dos categorÍas separadas: el deseo, la posesiÍn, el amor, el sueÍo, la aventura. Y las palabras que nos conmueven: dar, conquistar, unirse, conservarÍn su sentido. Por el contrario, cuando sea abolida la esclavitud de una mitad de la humanidad y todo el sistema de hipocresÍa que implica, la ¿secciÍn? de la humanidad revelarÍ su autÍntico significado y la pareja humana encontrarÍ su verdadera figura.
¿La relaciÍn inmediata, natural y necesaria del hombre con el hombre es la relaciÍn del hombre con la mujer?, dijo Karl Marx. No es posible expresarlo mejor. Al hombre le corresponde hacer triunfar el reino de la libertad en la entraÍa del mundo dado. Para lograr esa suprema victoria es preciso, entre otras cosas, que por encima de las diferenciaciones naturales hombres y mujeres afirmen sin equÍvocos su fraternidad.
Una humana fraternidad que vaya mÍs allÍ de esa nociÍn incierta y abstracta de ¿igualdad en la diferencia?, de la cual el hombre se vale para enmascarar su despotismo y el otro (la mujer) su cobardÍa: pues, en sus intercambios, la mujer exige la igualdad abstracta que le han prometido, y el hombre la desigualdad concreta que comprueba.
SÍ. Si es posible una autÍntica fraternidad hombre/mujer, porque es una aspiraciÍn humana, si es que se sustenta en la Ítica del amor que significa respeto y reconocimiento del Otro¦ ¡Feliz dÍa mujer amazonense! ¡Feliz dÍa mujer chachapoyana!
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 8 de marzo del 2018. Luis Alberto Arista Montoya.




