TEATRO POÉTICO Y CULTURA DE PAZ

Facebook
LinkedIn
WhatsApp
X
Telegram


11/10/23 – 04:18

Luis Alberto Arista Montoya*
Desde algún tiempo venimos sosteniendo la hipÍtesis de trabajo de que es posible construir una Cultura de Paz mediante la asimilaciÍn estÍtica de las obras de arte. Creo que esta hipotÍtica conjetura ya es una tesis. Si los ciudadanos- desde su niÍez – tienen proclividad (y la oportunidad) de gozar del arte, mayor es la posibilidad que ellos se conviertan en agentes de paz.
La sensibilidad por los valores estÍticos (teatro, literatura, poesÍa, música, artes plÍsticas) que promueven el disfrute de la Belleza y la Verdad predisponen a la gente hacia el Bien, y ¿no hay mayor felicidad humana que hacer el bien?, decÍa el viejo AristÍteles, creador del teatro de la ¿catarsis?, es decir del desahogo del espectador a travÍs de temas real-imaginarios que observa exaltado en el escenario. El teatro es liberador de traumas y taras sociales. De ahÍ la importancia de la disciplina humanÍstica de la EducaciÍn por el Arte. Quien no ha sido educado por l arte resulta siendo un ser vulgar, chato, mediocre: proclive a la violencia contra los demÍs, predispuesto a violentar al prÍjimo que estÍ prÍximo a Íl (como para robarle su celular, instrumento que ahora en el Perú es utilizado como arma de extorsiÍn y grabadora de mensajes para mandar/ejecutar acciones de sicariato.
Acabo de ver la obra ¿Salamandra de hojalata? del dramaturgo y poeta Manuel Pantigoso Pecero, inscrita en lo que el viene desarrollando como escuela de dramaturgia llamado Teatro PoÍtico. Obra que durante sus casi horas de duraciÍn se convierte en una especie de isla (no de la felicidad), dentro del archipiÍlago de islas negras malignas y contaminadas/contaminantes en que se ha convertido la escena contemporÍnea mundial.
Su obra no dicta anatemas, crÍticas ni propuestas seudomorales para salir de la crisis. Mediante la uniÍn dialÍctica objetiva/subjetiva propone diÍlogos (aparentemente inconexos) entre personajes de distinto jaez que solo tienen en común viajar atiborrados en un vetusto tren (¿el tren de la vida?), asediados por una salvaje salamandra portadora de malignidad envuelta en efluvios de fuego incandescente.
El diÍlogo cunde, los parlamentos se cruzan, En esta obra de Pantigoso el protagonista es el lenguaje poÍtico. El Ser habla en el tiempo de viaje. Habla a travÍs de los personajes: donde el actor se desrealiza como personas, e imaginariamente (para Íl como para el Director y nosotros los espectadores) se convierte analogon, es decir en una analogÍa pero con fuerte carga de veracidad
Según el DRAE  la salamandra es un anfibio urodelo  de unos 20 cm de largo, la mitad aproximadamente para la cola, y piel lisa, de color negro, con manchas amarillas (como el pez perico que se crÍa junto a los botaderos  de aguas sucias que llagan al mar); los cabalistas lo consideran como un ser fantÍstico, espÍritu elemental del fuego.
La salamandra en la obra de Pantigoso es de hojalata (artificial, endeble) pero sus últimos estertores amenaza aun cuando todo el mundo viaje en aparente paz, parece que la hojalata es un disfraz que oculta el mal. Y que el mal nunca desaparece porque- como dice Manuel Kant- existe el ¿mal radical? por mÍs bondad, libertad y voluntad que tenga el ser humano.  ¿Mal radical? (como la de la  salamandra) estÍ ahÍ siempre al asecho.
Nietzsche- que es un filÍsofo pÍstumo, siempre- dice y lo cito: que la comparaciÍn entre las cuatro estaciones del aÍo y las cuatro edades de la vida es una venerable necedad. Ni los veinte primeros ni los últimos aÍos se parecen en nada a una estaciÍn, a menos que nos contentemos con esa metÍfora que compara el color blanco de los cabellos con el de la nieve, o con otros pasatiempos de otra clase¦ 
En su obra lÍrica Pantigoso apela a la metÍfora de las estaciones (las estaciones del tren coinciden con las estaciones climÍticas). En estos tiempos de cambio climÍtico y de estaciones imprevisibles, apelar a esta metÍfora resulta casi obvia. Y existe en filosofÍa lo que yo llamo ¿la insoportable obviedad del ser?.
A travÍs de su sabia apuesta por la integraciÍn de las artes Pantigoso grafica la estaciÍn de la primavera como la de las guirnaldas (¿su preferida flor?; la estaciÍn del verano como la de las gambillas; la estaciÍn de otoÍo la representa con las de los racimos (¿de uvas?, de ¿aceitunas? ¿de saúco); y la de invierno representada por las pasas/arrugas… A lo que el autor agrega la estaciÍn de Yerbal, la de la poesÍa. La poesÍa como yerba buena, apetecible, comestible. Yerba buena que ha de sembrarse, regarse, deshierbarse, podarse (cutipa) y cosecharse para ser consumida por todos (o por casi todos. Como la buena PoesÍa de Pantigoso. Sobre todo en estos tiempos de perentoria necesidad a favor una verdadera Cultura de Paz.
________
EDITORIAL. Para Reina de la Selva. Lima 11 de octubre de 2023. Luis Arista Montoya.

Artículos relacionados: