Rudecindo Vega Carreazo
Perú tendrá nuevas autoridades gubernamentales en el poder ejecutivo y el congreso, queda saber si, real y efectivamente, tendremos o no nuevo gobierno. Keiko Fujimori ha sido declarada ganadora de las elecciones presidenciales del 2026 y proclamada Presidenta Electa, sus credenciales le entregarán el 15 de julio y, el 28 asumirá la presidencia del Perú. Se cierra el ciclo electoral e inicia la trasferencia gubernamental de un gobierno que padece transferencia permanente. Renovación gubernamental ya existe, reacomodo político también, la pregunta es si existirá reconfiguración gubernamental y, si está, sabrá entender los resultados electorales de las elecciones recientes.
Insisto, por obra del parlamento que culmina, el llamado pacto mafioso, el centro del poder gubernamental se ha centralizado y concentrado en el congreso. Las elecciones recientes no cambian esa parlamentocracia anti histórica e inconstitucional que se ha “institucionalizado” los últimos años. El congreso tiene el poder y control sobre el poder ejecutivo, sistema de justicia (TC, JNJ, Fiscalía, Defensoría del Pueblo y parte del PJ), sistema electoral (JNE, ONPE, RENIEC), la Contraloría y organismos constitucionales como el BCRP y la SBS. Ha logrado total control estatal y gubernamental, mediante acuerdos de minorías, popularmente conocidos como repartijas. Lo único diferente es que ese poderoso congreso, empoderado, como nunca antes en el país, ha sido renovado y, queda saber, si sus nuevos integrantes, querrán “desempoderarlo” o ceder las funciones asignadas, asumidas o copadas en los últimos años. Keiko ha copado el Estado, pero ya no contrala el congreso, por ahora.
Es un congreso, que más allá de su empoderamiento y vocación gubernamental, tampoco será como el de los últimos 34 años de unicameralismo. Volvemos a una bicameralidad (senadores y diputados) deformada, arreglada, más para ampliar el número de parlamentarios que para redefinir las atribuciones de este poder; la distribución de funciones entre ambas cámaras presentará nuevos conflictos y juego político que no hemos visto las últimas décadas. Un Senado sin iniciativa legislativa, solo como revisor de las iniciativas de diputados y “nombrador” de funcionarios quedará limitado debido a su origen nacional-regional. Una Cámara de Diputados con iniciativa legislativa supervisada desde el Senado y capacidad de fiscalización recortada por el TC empantanará más que impulsará novedades que necesitamos. La bicameralidad, con un congreso empoderado en claro desequilibrio de poderes, puede empeorar antes que mejorar nuestra situación. Más congresistas, más allá de su rol y buena voluntad, percibidos como buenos para nada, no es auspicio ni bueno para el Perú.
Esa desequilibrada distribución en el ejercicio del poder, necesita para su ejercicio, nuevos arreglos, acuerdos y pactos políticos entre las nuevas fuerzas políticas electas. Seguro hay muchos concretados, encaminados y algunos por venir, ojalá sean anunciados a la ciudadanía para recuperar confianza y sepa a qué atenerse. Es perjudicial, pernicioso, padecer el transfuguismo y desmembramiento de los partidos en el congreso por compra y venta de votos o traspaso de parlamentarios de unas bancadas a otras. Lo hemos padecido y nos desgracia como país. Sirve y ayuda a los gobernantes, promueve el mercantilismo “prebendario”, y, sobre todo, aleja a los representantes de los representados, destruye la representatividad y legitimidad de nuestras autoridades.
Ojalá los partidos consoliden sus bancadas y no se multipliquen, padecer senadores o diputados vendiendo sus votos por beneficios personales es traicionar a sus votantes, negociar sus votos por designaciones, cargos, proyectos y obras envueltos en corrupción más que en beneficio de las comunidades y localidades es terrible, peor aún, actuando como lobistas de iniciativas públicas o satisfaciendo sus apetitos sexuales en el ejercicio del cargo público. Cambiar esa desgraciada inercia institucional requiere voluntad y liderazgo que ojalá los nuevos partidos (Buen Gobierno y Ahora Nación) puedan impulsar. A los partidos reelectos: Fuerza Popular, Juntos por el Perú y Renovación Popular los conocemos, sabemos de su práctica “desinstitucionalizadora”, seguirán llevándose por sus intereses particulares. La bancada de Obras, es un albur, lamentablemente, más para preocupar que para entusiasmar, se proyecta como proveedora de nuevos “niños malos”.
Keiko ha sido electa presidenta en un diseño gubernamental concentrado en el congreso y no en la presidencia, ojala dialogue, acuerde y concerte, en lugar de “negociar” votos y provocar transfuguismo, lo primero le dará estabilidad, gobernabilidad, legitimidad; lo segundo polarización, desgaste acelerado, nada útil para promover políticas que el país urge y requiere. Un gobierno claro, que quiera gobernar con claridad y transparencia puede ayudar a recomponer el desastre institucional que padecemos. No basta la voluntad de la presidenta, hoy estamos atados, a la impredecible voluntad congresal que siempre es difusa, diversa y dispersa. Rumbo en la presidencia y otro rumbo en el congreso es fatal, rumbo en el congreso y sin peso presidencial es igual de perverso.
Toda gobernabilidad se construye con claridad política, buen equipo de gobierno y visión nacional, Keiko tendrá 25 días para organizar su gestión, Pedro Castillo apenas tuvo 9 días. Su oposición política está fragmentada, pulverizada, lo que no supo leer con el triunfo parlamentario del 2016, la derrota del 2021, ojala pueda entender con los anteojos del triunfo presidencial del 2026. Perú está partido territorial y culturalmente, no hay mayorías, está repleto de más minorías cada vez más pequeñas. Las distancias ideológicas han sido difuminadas, en plena crisis de las ideologías y la política, se han convertido en competencias de intereses. Todas las propuestas gubernamentales, liberadas de terminología, más que contenido, ideológico, tienen más acuerdos que diferencias. Por ejemplo, muchas de propuestas de Juntos del Perú en segunda vuelta, son una ruta muy cercana económica y políticamente a las ella enarboló en campaña. El Perú urge un real gobierno de visión y unidad nacional.
Keiko corona su carrera política con su elección presidencial, ratifica, lo que hace años sostenemos, es la política más importante de este siglo, por mérito suyo y de sus adversarios que fueron incapaces de construir un liderazgo alternativo similar. Hoy le toca gobernar directamente, ojalá tenga la visión y voluntad de hacerlo por el país, y nos desengañe a quienes creemos lo contrario. Ojalá seamos sorprendidos con un shock democrático, empatía, orden, respeto a los derechos humanos, recuperación de la institucionalidad y real lucha contra la corrupción y el crimen.
Todos nuestros presidentes electos nos han engañado, nunca cumplieron sus promesas y propuestas, en una de esas, esa regla, de nuestra política, sigue vigente; Keiko contradice su oferta y pasado, hace algo diferente. “Digo, es un decir”, pensando en bien del Perú.




