En nuestro país, nos hemos habituado a conmemorar las fiestas patrias con ceremonias pomposas, otras veces no, en las cuales es menester mostrar nuestro civismo desfilando quizás con inusual patriotismo ante la atenta mirada de algunas personas que en ocasiones no merecen ser llamadas autoridades, quienes desde su lugar privilegiado aplauden a los marchantes, creyendo tal vez erróneamente que la pleitesía que profesan niños, jóvenes y adultos es para rendirles honores a ellos. Tengan la seguridad que no, eso no es así.
Los honores en realidad son para nuestra Patria peruana. Honores de niños, jovenes y adultos que celebramos un año mas de independencia, aquella independencia que implica libertad, libertad del coloniaje del cual fuimos y quizás sigamos siendo víctimas por los siglos de los siglos.
En la actualidad, hablar de que somos o no verdaderamente libres es un tema controversial, y que seguramente cada uno de nosotros lo vamos a encaminar al terreno de nuestra convicción o perspectiva filosófica, social, cultural o hasta política.
En mi caso, yo podría mal o bien decir que aún no somos libres, o que somos esclavos incluso de nuestros propios pensamientos y hasta de nuestros complejos y lo podría argumentar temerariamente, más con el corazón que con la razón, aún sabiendo que aquello podría ser un tema detonante para confrontación.
Confrontación que realmente los peruanos que amamos a nuestro país no deseamos. Pero así somos, una sociedad variopinta y rica en lo cultural. El Perú es un mosaico de razas dicen algunos, debido a ello es que se nos hace un poco difícil entendernos, y peor todavía trabajar mirando hacia un solo horizonte, en el cual se vislumbre un Perú grande, maravilloso y rico en todos los sentidos como lo fue durante el apogeo del imperio incaico, que no fue perfecto, pero fue bueno en mi apreciación.
Educar para liberar en las circunstancias actuales es bien difícil, y lo es, puesto que todos o casi todos, y sobre todo los que pertenecemos al sistema educativo sabemos, conocemos y convivimos con lo positivo, pero también con lo negativo que marca la pauta de educar en tiempos donde la crisis social supera con creces a la crisis económica.
Educar en libertad para la libertad en un país con tantas y tan variadas brechas es demasiado complicado. Brechas como por ejemplo en infraestructura, en tecnología, pero sobre todo en preparación y actualización que nos dejan a muchos docentes muy mal parados ante el gran desafío de educar en tiempos muy aceleradamente cambiantes en lo social, en lo cultural, pero sobre todo en lo tecnológico.
Personalmente, basta con decir que en muchas y cada vez más continuas oportunidades me he sentido como un profesor mediocre pues ya no me considero a la altura para educar a generaciones muy distintas a las nuestras, y para prepararlos para que vivan, o en el peor de los casos sobrevivan, en un mundo futuro del cual a ciencia cierta no tenemos ni la más remota idea de cómo será. Ello justamente debido a los cambios inimaginables e impredecibles que se dan a cada instante en el mundo sabe Dios si para bien o para mal.
Cada vez que me animo a escribir algo sobre educación, paralelamente al entrelazar letras, palabras o ideas, siempre en un espacio de mi mente tengo la seguridad de que alguien discrepará con lo que voy a emitir, ello es justamente el resultado de hablar de un tema tan complejo como es la educación y que desde luego dichas discrepancias las asumo con mucho respeto.
En relación a ello y hablando de lo que es la escuela de hoy en día, muchas veces tomo como referencia lo expresado por algunas figuras de muy connotada trayectoria universal, quienes, gracias a su basta capacidad y conocimientos sobre diversos temas, dentro de ellos el tema educativo, nos regalan frases que en un primer momento pueden sonar controversiales pero que hay que analizarlas muy detalladamente para entenderlas en su real dimensión.
Dentro de ello, en esta oportunidad voy a mencionar lo que dijo por ejemplo Albert Einstein hace un buen tiempo atrás pero que hoy tiene demasiada vigencia:
«LA EDUCACIÓN ES LO QUE QUEDA DESPUÉS DE OLVIDAR LO QUE SE HA APRENDIDO EN LA ESCUELA»
¿Controversial o no? ¿a usted que le parece?
Muchos podríamos decir que con esta frase este científico, uno de los más grandes de nuestra historia, por cierto, podría estar atacando a la escuela, lo cual no es así, al contrario, lo que él afirmaba es que la escuela es el medio más importante para transmitir la riqueza cultural de una generación a otra.
A respecto, Jhon Dewey también expresaba que hay que dejar de ver la educación como mera preparación para la vida posterior y convertirla en el pleno significado de la vida presente.
Concluyo con la postura de Albert Einstein cuando afirma que la escuela debería despertar el placer por el trabajo, el interés por la verdad y el valor social de lo que se aprende, cosa que en la escuela de hoy se dice o hace muy poco.
Otro de los personajes de connotación y trascendencia global como lo es don Gabriel García Márquez, premio Nobel de literatura afirmaba lo siguiente:
«DESDE MUY NIÑO TUVE QUE INTERRUMPIR MI EDUCACIÓN PARA IR A LA ESCUELA»
Aquí otra vez lanzo la interrogante ¿controversial o no? ¿Usted qué opina?
En mi apreciación personal, pienso que cada uno de nosotros mostramos apego a lo que de alguna manera se identifica con nuestra vida, y sobre todo con nuestra experiencia y al desarrollo personal que hemos experimentado desde que hemos llegado a este mundo.
En referencia a ello, basta con solo decir que ir a la escuela en mis tiempos de estudiante de primaria para mí era un verdadero sufrimiento. Para que ello suceda seguramente habrá motivos y justificaciones que tal vez ni yo mismo entienda, pues creo que la naturaleza humana es la más intrincada y compleja unión de situaciones y condiciones que el común de los mortales no podremos explicar jamás.
Aquí don Gabriel García Márquez sugiere que la educación real se forja en los talleres de la vida y la observación más que en los pupitres. En última instancia García Márquez demostró que la verdadera educación trasciende de las paredes del aula. Seguramente lo dice en el sentido de que la naturaleza abierta, libre y humana es la que permite a las personas ver en ella la más grande y hermosa fuente de inspiración, no solo para escribir obras literarias magistrales sino y por sobre todo para vivir bien, vivir en liberad, vivir en paz y con felicidad.
Desde luego que también se puede escribir bonito del simple hecho de reverberar recuerdos hasta quizás de los momentos del más cruel encierro y esclavitud mental o física, rumiando lo ya vivido y aprendido en nuestro corto paso por este mundo.
La escuela de la vida, creo yo, debería ser el punto de partida para entender, sostener y sobre todo para atender la escuela convencional dentro de las aulas, de lo contrario, estamos alejando a aquel ser humano de su propia esencia.
En la actualidad, en mi modesto entender estamos de algún modo educando en el encierro. No es coincidencia que haya estudios que se atreven a comparar las escuelas con las prisiones, y lo hacen con argumentos sólidos basados en investigaciones, no sólo del insumo material del cual están construidos ambos ambientes sino y sobre todo de la conducta humana dentro de dichos ambientes. Conductas que reflejan hartazgo, dolor y sufrimiento; y que son características que no contribuyen en nada en el camino a una educación dentro y para la libertad de las personas.
En esa perspectiva, sería bueno que todos los que de alguna manera estamos inmiscuidos en la labor educativa nos tomemos un tiempo y preguntemos a nuestros alumnos cómo se sienten dentro del aula o de la escuela. Yo lo hago de vez en cuando, y es muy satisfactorio cuando un niño nos responde mirándonos a los ojos que se siente bien, y recalco, mirándonos a los ojos pues en esa mirada es quizás la única en la que se expresa la verdad más auténtica.
Desde luego que también algunos niños me dijeron literalmente que dentro del aula no se sienten bien, y que más bien, se sienten prisioneros entre aquellas pétreas paredes. Aquí creo que hay un tema muy serio que analizar y que sobre todo nosotros como docentes debemos evaluar la manera en la que estamos desarrollando nuestra labor, es decir, si estamos formando seres libres o los estamos haciendo esclavos de nuestro pasado, de nuestros errores, de nuestros traumas y complejos.
Para algunos de mis amigos que me preguntan que por qué me quiero alejar del sector, ahí está la respuesta.
El día de hoy, no quisiera hablar de política, para no manchar el tema educativo, sin embargo, creo que no podemos separar la política, la filosofía y la economía de la educación pues todas ellas están entrelazadas muy fuertemente.
En vista de ello, voy a decir que me causó mucha pena que en plena contienda electoral que gracias a Dios ya terminó, los dos aspirantes a gobernar nuestro país no tengan ni la idea más remota de la verdadera problemática que aqueja a nuestra educación, por el contrario, en el minúsculo y superfluo espacio que destinaron al tema educativo se dedicaron como siempre a hacer lo que todos los políticos hacen, y es a buscar parchar consecuencias y a evitar cobardemente enfrentar a las verdaderas causas que dañan la educación en nuestro país. Daño del cual ellos y ellas son los directos responsables.
Durante el desarrollo del debate presidencial y cuando se abordó el tema de educación, de un lado se dijo, por citar un ejemplo, que se van a regalar kits escolares con zapatos y buzos, y del otro bando se afirmaba que se va a poner a poner Internet hasta en las escuelitas más recónditas. Para algunos esos ofrecimientos pueden sonar maravillosos, para mí no, para mí eso es solo populismo del más puro y barato.
Esto refleja con absoluta claridad el nivel de desconocimiento y desinterés que tienen en la actualidad los políticos sobre la problemática del sector educación como pilar fundamental del desarrollo de toda nación, y que, para nuestra desgracia, van a dirigir los destinos de nuestro país los próximos cinco años, o tal vez, Dios no lo quiera, hasta que la población se revele de manera violenta. Y eso no es un invento mío, sino es algo tan evidente que ellos mismos, es decir los políticos y gobernantes están provocando con su actuar que ha llegado a niveles de criminalidad organizada para saquear al Perú. Por lo tanto, avisados estamos.
En nuestro caso, y como profesores que deseamos lo mejor para nuestro país, seguiremos en la brega, así, con carencia de infraestructura, sin la existencia de los recursos tecnológicos mínimos de los cuales tantas virtudes se pregonan pero que en realidad solo existen para un minúsculo sector de los más privilegiados económicamente.
Así seguiremos, bregando y llevando sobre nuestros hombros tantos problemas que aquejan a nuestros alumnos y que ellos también cargan como víctimas desde muy pequeños como producto de la degradación moral y social que hoy carcome los cimientos de una sociedad cada vez más caótica y violenta.
Así seguiremos, en nuestra lucha diaria e incesante por formar seres libres y autónomos que antepongan el interés colectivo por sobre el interés personal.
En realidad, en educación hay tanto que hacer, no obstante, y para nuestro pesar, las grandes decisiones hoy por hoy están en manos de quienes toman al Estado como un festín en el cual todos deben robar lo más que puedan para hacerse más ricos, mientras que en las escuelas nuestros estudiantes carecen de las condiciones y recursos que les permita alcanzar un desarrollo educativo mínimo aceptable.
En conclusión, tal y como están las cosas, los docentes tenemos una tarea titánica, quizás suene a exageración, pero yo lo tomo así, pues, aunque no soy un profesor de vocación, lo que sí siento en el alma es el latir del corazón de una niñez demasiado presta por aprender, por ser mejores cada día. Ése es el motivo por el cual seguimos y seguiremos hasta donde el cuerpo aguante.
Por hoy, soy parte de una linda escuelita, mañana solo Dios lo sabe. Lo que sí añoro y creo que todos añoramos, es estar en un lugar en el cual nos sintamos tranquilos, donde nadie nos dañe y donde tampoco nosotros dañemos a nadie. Y si para ello tenemos desistir de pertenecer a un sistema educativo también mediocre, pues así será.
Tendremos que educar desde afuera, libres de ataduras, las cuales en muchas ocasiones envés de fortalecer, limitan a excelentes profesionales de poner en práctica el máximo de sus capacidades al servicio de los estudiantes que son la única razón de nuestra existencia como docentes.
Profesor Lino Sonders Rojas Mori




