I. EL SENTIDO DE LA VIDA Y EL CRECIMIENTO PERSONAL
Escuché decir por ahí que, si no existiera la muerte, la vida no sería tan sabrosa, entonces, debemos vivir lo mejor que podamos sin temor a morir, siendo conscientes de que el hombre aprende más del dolor que de la bonanza, siempre y cuando el dolor, no lo destruya. Desde luego debemos tener presente que aprender de nuestros errores dicen que es bueno, pero aprender de nuestros dolores, eso sí no lo sabemos.
En la vida nunca se fracasa, a veces se gana, no obstante, lo más importante es que siempre se aprende. Es así que un día, al mirar atrás, los años de lucha nos parecerán los más hermosos. Por lo tanto, Si queremos llegar lejos, no tengamos miedo de caminar despacio, con paso lento pero seguro, y si es en compañía mejor; debido a que el que camina solo posiblemente llegará más rápido, pero el que camina acompañado siempre llegará más lejos.
En ese trajinar, no escalemos la montaña para que el mundo nos vea, sino para que nosotros podamos ver el mundo, tengamos presente que el secreto de la felicidad no consiste en tener una vida perfecta, sino en vivir con la conciencia tranquila. Eso nos enseña Dios, sí, aquel que nos pone de pie, pero somos nosotros los que tenemos que caminar.
II. LA CONDICIÓN HUMANA Y LOS VALORES
En este aspecto, no hay nada malo en el mundo, lo malo es simplemente la decadencia del bien, por lo tanto, hay mucho sentido cuando se afirma que el problema no es la crueldad de los malos sino el silencio de los buenos. Aquellos que son víctimas silenciosas de la injusticia, aquellos que callan y huyen por temor, ese temor que no cesará, mientras nuestro músculo de la solidaridad no se active, en cuanto ello no suceda, seguiremos en declive como humanidad.
No se puede luchar por algo que no se quiere, en vista de eso, aprendamos a querer y amar desde hoy, hoy es el día. Tengamos en cuenta que, en cualquier instante de nuestra existencia, siempre valdrá la pena gastar la vida al servicio de una humanidad mejor, entendiendo que en esa búsqueda incesante de servir al prójimo no hay hombres insustituibles, solo hay causas insustituibles, por sobre todo aquella causa que se escribe con cuatro simples letras pero que unidas representan la única fuerza capaz de estremecer el universo, aquellas letras que al juntarse forman la palabra AMOR.
La justicia es la armonía de los desiguales, se afirma, esta frase que quizás muy pocos entiendan, pero que encierra un significado tan potente y a la vez muy complicado de alcanzar, mientras no asumamos que nuestras diferencias más que separarnos o dividirnos deberían unirnos para hacernos más fuertes.
III. EL PROGRESO, LA TECNOLOGÍA Y LA CIVILIZACIÓN
En esta nuestra corta vida, la lucha de la humanidad no debería ser para alcanzar el poder sobrehumano, la verdadera lucha debe ser para alcanzar el progreso humano, sabiendo por ejemplo que, el hombre primitivo hizo barbaridades con la naturaleza por ignorancia, sin embargo, el hombre moderno lo sigue haciendo bajo el supuesto de una gran inteligencia.
Fruto de ello, todas las cosas hermosas de la vida se van consumiendo a medida que va llegando el progreso, aquel progreso que envés de sumar, en más de las ocasiones nos resta. Dentro de ese supuesto progreso, lo que ocupa un lugar preponderante es la tecnología, aquella que debería ser una bendición para la humanidad y no una maldición. Así muchos la percibimos, por su nocividad, por su excesiva influencia negativa más que positiva, que si la tiene indudablemente, cuando es utilizada para hacer el bien.
La nocividad la percibimos, cuando por ejemplo los que hacen tecnología, crean y crean, pero no para ayudar a vivir mejor, sino que lo hacen con el único fin de vender y vender a más no poder. De seguir así, es triste decir que la cultura del consumismo terminará por desaparecer la verdadera cultura humana.
A vista de algunos, dentro de los cuales me incluyo, el consumismo es hijo natural del capitalismo, aquel sistema económico y social que se atrevió temerariamente a domesticar a la ciencia para ponerla al servicio del mercado y así obtener más ganancias a costa del sufrimiento de los más necesitados. Ante ello, vale la pena preguntar, ¿Qué beneficio trae el capitalismo a los más pobres del mundo?
Otro aspecto que sentimos, vivimos, pero que muchos ignoramos, es la proliferación de la gentrificación y las Megalópolis, que se entiende por amontonar la soledad dentro de la multitud. Este es un tema transversal que se está suscitando el en mundo entero, en nuestro Perú, y también de manera específica en nuestra ciudad de Chachapoyas. No en vano somos testigos del éxodo de la gente del campo a la ciudad, cosa que no estaría mal si se daría como una migración justificada y sobre todo planificada, en la cual los lugares que dejan y reciben a la gente garanticen sostenibilidad con una calidad de vida digna para todos.
Fruto de este proceso de migración que envés de menguar va en franco avance, se devela para mal, que la peor soledad es la de hoy, aquella soledad que se vive dentro de tanta multitud. Los que vivimos en las ciudades ya la padecemos en nuestras casas, nuestros hijos la padecen en sus escuelas y los empleados en sus centros de trabajo.
Este fenómeno tan dañino, seguirá sucediendo debido a que nunca podremos dominar la globalización mientras nuestro pensamiento no sea global, es decir, mientras sigamos pensando en singular o en el yo, siendo presos y cómplices del individualismo.
Por lo tanto, solamente el día en el que razonemos como especie y no como individuos, solo entonces podremos superar los problemas más urgentes que nos incumben a todos.
IV. EL PODER, LA POLÍTICA Y EL ESTADO
En este aspecto, que bueno sería hablar de poder, de política, pero sobre todo de un estado limpio. Para nuestro pesar, el tan solo hecho de juntar estas tres palabras, nos encamina directamente a la peste de la corrupción.
Entendiendo que la corrupción fue, es y será una compañera eterna del hombre, es decir, vivimos en un mundo infestado de este mal desde siempre, y cada día este virus implacable amenaza con destruir a la humanidad por medio del egoísmo que es su punto de partida.
La corrupción, es el triunfo pleno del egoísmo y de la mentira, aquella que hoy se ha institucionalizado, siendo sabedores que es una plaga que causa mucho dolor. Somos conscientes del mismo modo que los que proliferan esta enfermedad, aunque lo nieguen mil veces, son los malos políticos, aquellos seres perversos que deben tener el corazón endemoniado para ser capaces de convertir el sufrimiento humano en asquerosas ideologías sectarias. Lamentablemente, de ello padecemos hoy más que nunca los peruanos.
En ese contexto, cuantas veces hemos escuchado y creído estupidizados en supuestos líderes, aquellos que a ciencia cierta solo eran caudillitos de pacotilla, que con sus banderas políticas se pintaban de revolucionarios. En realidad, solo resultaron ser unos viles mentirosos que no tenían ni la más mínima idea de que una revolución sin un auténtico líder y una verdadera conducción, solo nos lleva a más destrucción.
Esto nos dirige inevitablemente a que la gente viva en una constante guerra, ya que es imposible renunciar a la guerra cuando la política fracasa. En el Perú, los que anhelamos una lucha con un mínimo de sapiencia, al parecer hemos fracasado, por lo que existe un temor fundado para afirmar que mientras la inteligencia no esté al comando de la nave, nuestro destino siempre será viajar sin rumbo a la infinita desgracia.
Aquí juegan un papel preponderante los gobiernos, para mal nuestro, basta con recordar el desempeño de los gobernantes que hemos tenido los últimos tiempos, y por qué no, lo que tenemos en la actualidad. En mi apreciación, hoy mismo somos gobernados por quienes desde hace un buen tiempo, han devastado a nuestro país con su actuar maquiavélico y con sus leyes que premian a los criminales y castigan a los inocentes. Bueno sería hoy que están en el poder, que ellos sepan que, nada puede destruir más a un gobierno que su propia incapacidad de cumplir las leyes.
Entonces, deberíamos entender que el estado, es como una caja de herramientas que no tiene personalidad, y los que usamos mal o bien esas herramientas somos nosotros, pero muy en especial, los que dirigen el país desde la cúspide del poder.
V. EL PERÚ Y NUESTRA REALIDAD
Si nos centramos más en nuestra realidad, debemos entender que en el Perú más que polarización ideológica, lo que predomina es la polarización de odio ilógico. Odio que se manifiesta de forma aterradora cada vez que hay elecciones y cuando a nivel gubernamental, los que eligen ponen al zorro a cuidar el gallinero.
En ese sentido, jamás un país logrará su verdadero desarrollo mientras los intereses de los que gobiernan se contrapongan a los verdaderos valores e intereses de los gobernados. Para lograr esto, el estado debe ser el protector de los pobres y los sindicatos deben ser los escudos de los trabajadores. Aquello que para nosotros los peruanos solo suena a una triste utopía.
Discursos hay muchos, sermones vacíos como el del pasado 28 de julio, en el cual una señora hoy muy enseñoreada, que llegó al poder por agotamiento y que en mi modo de pensar primero debería aprender a gobernar su corazón; y a quien, no escuché por higiene mental, al parecer ni siquiera mencionó el tema de la agricultura como uno de los ejes del desarrollo, ojalá me equivoque, puesto que el gobierno que abandona la agricultura está condenando a su pueblo al hambre.
Precisamente, los países y sus estados viven de algo que nunca atienden como es la educación y la agricultura. De eso viven los estados, del recurso humano que provee la educación y de los recursos alimenticios que nos suministra la agricultura. Seguramente nos querrán engañar como siempre pasa con que somos una potencia mundial en recursos, ignorando burdamente que, el exceso de recursos también les puede jugar mal a quienes no lo saben usar.
Por otro parte, cómo no mencionar la criminalidad y la delincuencia que hoy hace trizas con nuestra tranquilidad y no nos deja vivir ni trabajar en paz. Ante ello, siempre escucho frases bonitas y erróneas a la vez, cuando dicen por ejemplo que van a construir mega cárceles, pretendiendo hacernos creer que con ello se combatirá la delincuencia y el crimen. ¿Se habrán enterado estos señores que las cárceles del Perú se han convertido en verdaderas fábricas de delincuentes mantenidos con el trabajo de la gente de bien?
Es aquí donde entran a tallar las leyes, pero leyes que deben ser hechas para que los inocentes no vayan a la cárcel y no para que los criminales salgan en libertad, como está sucediendo con los ex presidentes. No obstante, ¿qué van entender eso los gobernantes?, o peor todavía, ¿cómo van a hacer leyes en contra de sus propios intereses?, si parecería que son ellos mismos los que de alguna manera incentivan a la criminalidad con sus acciones.
Grandes y menudos problemas sociales los que tenemos, que para solucionarlo debemos entender que a los problemas sociales no se les erradica, porque es imposible. A los problemas sociales se los asume y combate más que con armas, con sapiencia; más que con represión, con inteligencia.
Por lo tanto, mientras sigamos así, estaremos demostrando ser un pueblo en el cual la palabra respeto será solo eso, una palabra. Bueno sería entender que un pueblo que no se respeta a sí mismo, no puede exigir respeto a los demás.
En fin, así vivimos en nuestro amado Perú, un país al cual sus gobernantes lo hacen trizas entre gallos y medianoche; pero que los peruanos de a pie, lo reconstruimos en cada amanecer de un nuevo día.
VI. REFLEXIÓN FINAL
Queda en nosotros entonces, demostrarle a aquel minúsculo grupo de “privilegiados” socios de los gobiernos, que hoy controlan abusivamente el país, que el progreso humano necesita de muchos indios; y que, sin ellos, los caciques no mueven nada.
Ojo, al decir esto no estoy buscando exacerbar los ánimos de nadie ni inducir a la violencia, por el contrario, por convicción mi anhelo es que en algún momento surjan uno, diez, cien, mil o un millón de hombres y mujeres valientes que nos regalen lo más preciado que es una vida en paz, en plena libertad, y por qué no, una vida en felicidad.
Termino con esta frase: “El que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada”. Y usted, señor, señora ¿cuánto está dispuesto a perder por el bien de nuestro país?
P.D. El presente artículo fue hecho con inteligencia humana, porsiacaso.
PROFESOR LINO SONDERS ROJAS MORI




