Pastillita para el Alma 25 – 09 – 2026
Acostumbro con cierta frecuencia decir “Gracias de corazón” y muchas veces he escuchado, con labios temblorosos decir ”Te amo con todo mi corazón” y como en un sueño vuelvo a las clases magistrales del Dr. Lauro Paredes hablando del área de Broca del cerebro en el paraninfo de la Facultad de Medicina de San Fernando o en sus salas de disección con el profesor Torrealva, señalando el nódulo de Ashof Tawara o nódulo auriculoventricular en el corazón o … a medio día, estudiantes, camino al comedor con su nombre muy peculiar la Muerte Lenta, agarrándonos la barriga, en señal de tener hambre … porque en esos sitos anatómicos nombrados, hay presencia de neuronas, las células nerviosas que expresan palabras, sentimientos o sensaciones.
Permítame por esta vez redactar mis sentimientos, no como escritor mediocre que soy, sino como médico, como hombre, como “testigo de excepción” como decía en el glorioso San Juan el profesor don Máximo Rodríguez … teniendo en cuenta que a esta altura de mi vida, refiero recuerdos de la niebla de mi mente o narro verdades que golpean y duelen en el alma en este mi largo camino.
Como médico, en mis inicios, he conocido el sufrimiento del dolor del infierno en su máxima acepción, logrando inclusive saber de buena tinta la calidad y deslealtad de los que dijeron ser mis amigos … he sido testigo de las dolencias de familiares y personas ajenas … soportando, como la carne se desgarra, sangra y se pudre en su cuerpo, ante la impotencia de excelentes profesionales y he admirado impotente, el estoicismo ante el dolor de verdaderas heroínas … en su lucha desesperada para agarrarse a la vida.
He visto personajes ilustres … verdaderos pavos reales en sus centros de trabajo, con el brillo de las estrellas en sus hombros … tratar y manejar a la gente como guiñapos humanos y ya … en el retiro … saborear de su medicina y beber el cáliz de amargura solicitando una ambulancia o una unidad de sangre para ayudar a un familiar enfermo, ante la indiferencia de sus chupamedias de ayer.
Acompaño a un paciente con parálisis en miembros inferiores, plenamente consciente, prisionero en su propio cuerpo … dependiendo y socorrido por aquella persona que ayer creyó en sus promesas y ahora, … en una muestra de perdón y de amor inmenso … es depositaria de sus lamentos y su fiel compañera.
He visto morir a otro con un cáncer abdominal … sometido a 4 cirugías, en nuestro país y en el extranjero … víctima de los que les gusta el dinero, ausentes e indiferentes de su deterioro físico.
Contemplé la fiereza de una mujer joven, privada de la vista, postrada en una silla de ruedas, sin control de sus esfínteres, plenamente consciente, riéndose de la vida, con la presencia de sus amigos que la rodeaban recordando sus ocurrencias, cuando ayer uno o dos años atrás, era el alma de las fiestas.
Ahora pido, con fervor, a un colega, ayuda para un paciente terminal con una neoplasia en último grado, viendo llorar a su madre, una viejecita pidiendo ayuda, a la se le ha secado la fuente de sus ojos.
Todos estos enfermos no pedían … o piden un milagro … piden humanidad.
Dolores escondidos … que no aparecen en las radiografías, en las resonancias magnéticas … tampoco en los análisis de laboratorio … dolores que no calman con analgésicos ni con la morfina … Son dolores, que muchos … los disimulan … no los muestran y los va matando a poquitos … dolores de abandono familiar … no tener quien los escuche, indiferentes … que los privan una visita, una llamada telefónica … dolores de soledad y aislamiento que te llevan a la muerte y entonces … allí aparecen en tu velorio … ¡¡¡pobrecitos!!! … amigos y parientes melancólicos, cariacontecidos …, lamentando tu partida, mirando el nombre de las coronas y aparatos florales, luego … encontrarse con los paisanos y amigos, abrazarse, contar chistes, reírse y esperar otro velorio para “pasar un momento feliz” recordando cuentos y anécdotas de tiempos idos.
Permítanme, otra vez opinar como profesional de la salud, pero ya no criticón ni medio rabioso … sino como médico viejo y reflexivo, pidiendo perdón a mis colegas jóvenes … también a mis lectores, si es que en algo les cayó el guante, para hacer algunas recomendaciones odiosas, bien intencionadas:
Primero, para los que creen que ser médico es llenarse los bolsillos … la Medicina no es un negocio redondo … nuestros consultorios y clínicas no son cooperativas o Bancos para recoger monedas y nuestra eficiencia no está de acuerdo con la cantidad que nos pagan … no es así señores están equivocados y conste, estoy muy de acuerdo, con el valor y lo necesario que es el dinero … (felizmente, a mí, gracias a Dios, siempre me acompaña) pero, con humildad y mesura, para cultivar, a la medida de mis posibilidades, la compasión y no olvidar mi vocación de servicio … por eso … no entiendo aquel que airosamente, reclama … “Qué quiere, ¿cree que por lo que me pagan voy a atender más pacientes de los que me toca? … Ya mi turno terminó … si quiere que le siga viendo … dale la dirección de mi consultorio”.
Segundo si eres anciano o viejo … pobre y sin plata … ¡¡¡Ay Amito, te fregaste!!!
Te van a decir … ¿Tú hasta cuando yapue quieres vivir? … ya estorbas cocho … no produces y encima tienes la raza que te quejas … dices tener preferencia por ser de la tercera edad … olvídate viejo, tú ya eres de la quinta … toma tu drake con su copa de aguardiente guayacho, pásate infundía de gallina con poleo, tus rodillas y tu cadera o toma un mejoral con su limonada caliente y ya no regreses … ¡Fuerza viejo! … aguanta no te desesperes, ni tampoco sueltes una lágrima … ese señor o señorita de bata blanca que dizque … me rompí los sesos para ser lo que soy … talvez todavía no se da cuenta que algún día … si tiene la suerte, … también llegará a ser viejo y entonces … puede recibir el mismo trato …“lo que se siembra se cosecha” … ya no le servirán los títulos que consiguió … el brillo del piso de su consultorio o de los pasadizos de su clínica … su casa de playa o el dinero que acumuló … recién entenderá el valor de las huellas que dejaron sus palabras y sus actos en el corazón de la gente.
Tercero nosotros los médicos viejos … a los que ahora nos tiemblan las manos, nos duelen los huesos, nuestros pasos inseguros, nuestros oídos lerdos, llevamos las lecciones de nuestros añejos catedráticos que aprendieron la Anatomía en los cadáveres y no en maniquíes siguiendo a Testut Latarjet, curando heridas infectadas sin guantes, oyendo sus pulmones directo en sus espaldas … como señala la Semiología de Padilla … o compartiendo el dolor de sus pacientes y analizando sus signos y síntomas siguiendo las lecciones de Cecil o de Harrison, y no en los smartphones o sus tabletas como es en estos tiempos modernos que todo se presenta mucho más fácil, con mayor cantidad de conocimientos … los médicos jóvenes nos dicen desfasados, obsoletos, anticuados … se ríen o nos miran con pena por nuestra marcha insegura … por nuestra sordera manifiesta … por nuestra mirada cansada … ellos, los señores profesionales jóvenes, no se dan cuenta, ni tampoco les interesa que, tenemos los medicamentos del alma … aquellos que no se venden en las boticas o las farmacias y aunque no lo crean … nosotros sí, hemos peleado con la muerte de cara a cara, no en una Unidad de Cuidados Intensivos, con monitores, resucitadores, marcapasos ni desfibriladores, a veces sin estetoscopios, acercando nuestra oreja a la espalda de los pacientes … curado heridas sangrantes o purulentas sin guantes … operado pacientes accidentados en la vía pública o atosigados de adrenalina en las salas de operaciones, sin aspiradores ni electrocauterios … si señores … hemos sido y somos … verdaderos obreros de DIOS … curábamos y curamos a nuestros pacientes con verdadero sentido de humanidad … entendiendo sus angustias, compartiendo su dolor, agarrando con piedad sus manos, dándonos tiempo para escuchar en silencio sus dolencias, explicando con paciencia a los familiares, respondiendo sus preguntas e inquietudes, muchas veces aceptando nuestros emolumentos de acuerdo a la situación y voluntad de la familia y elevando oraciones, a Nuestro Padre Celestial, en esta época de grandes adelantos, donde las nuevas promociones de profesionales de la salud tienen mayores facilidades para el tratamiento de las enfermedades, con nuevas técnicas, equipos sofisticados de diagnóstico y tratamiento, … médicos con mayor y mejor calidad de conocimientos que, … comprendan el encargo y la responsabilidad que Dios ha puesto en nuestras manos para cuidar a nuestros enfermos con más humanismo y más compasión en sus manifestaciones de dolor, tanto del cuerpo y sobre todo del alma.
“Porque no hay mayor satisfacción y tranquilidad y paz en el alma que, aquella que nace de comprender al ser humano, tanto en sus triunfos y más … en sus derrotas y miserias asentadas como espinas dolientes en la profundidad de sus carnes”.
Jorge REINA Noriega
CMP: 2418 – RNE: 1986
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