METAMORFOSIS: de monos con metralleta a jauría enardecida

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Jindley Vargas

Cuando advertimos que entregar el Hospital Santiago Apóstol a la UNOPS era un cheque en blanco, los corifeos regionales y una gran mayoría de comunicadores a tanto la nota, actuando como monos con metralleta, dieron soporte mediático y movilizaron portátiles para avalar un contrato que era una estafa crónica a todas luces. Repitiendo un guion preestablecido para defender un expediente plagado de vacíos, le dieron la espalda a Bagua Grande. Para ellos, la información jamás fue un derecho o una herramienta de verdad; fue pura mercancía alquilada para llevar carroña a su mesa a cambio de las migajas del poder.

Ante la fiscalización de la senadora Katherine Ampuero, que expuso una obra paralizada y millonarios fondos devengados, el clan de Gilmer Horna y sus beneficiarios han perdido los papeles. Temerosos de perder sus privilegios, azuzan a sus antiguos «monos con metralleta», hoy convertidos en una jauría desbocada, para fabricar cortinas de humo y blindar el despropósito, a espaldas de las necesidades de Utcubamba.

Los hechos no se borran con berrinches pagados. Mientras Bagua Grande espera su hospital, el Invierte.pe revela una realidad lapidaria: la UNOPS ya tiene asegurado y cobrado por adelantado S/ 23’626,467.51 por su «asistencia técnica». Sí, se embolsicó millones por un proceso fallido anterior y ya ha cobrado otra millonada por gerenciar un proyecto fantasma, cuyo grueso de fondos, según el gerente Litman, ha sido depositado y blindado en el JPMorgan, reduciendo la salud pública a un simulacro y esfumando la dignidad de Bagua Grande sin asco.

Nos prometieron que, por tratarse de una «entidad internacional» y la última chupada del mango, la actualización del expediente técnico sería una obra de arte, perfecta, sin ampliaciones de plazo y sin un solo sol de adicional. Hoy la realidad los desmiente de la peor manera. Conviene recordar el sombrío historial de este gigante al que entregaron nuestros recursos sin control efectivo:

• Convenios opacos (Modus operandi): Eludir la ley nacional con organismos internacionales repite el libreto oscuro de la gestión de César Álvarez en Áncash: obras fraccionadas, presupuestos inflados y blindaje bajo fachada institucional hasta colapsar en corrupción y muerte por encargo.

• Inmunidad e impunidad: Sus privilegios diplomáticos blindan oficinas y documentos ante el Ministerio Público, bloqueando investigaciones fiscales profundas.

• El antecedente de los sobornos: En el Caso Hospital Lorena (Cusco), colaboradores eficaces revelaron que la brasileña OAS pagó coimas del 8% a un operador de la UNOPS para adjudicarse un centro de salud de S/ 198 millones.

• Megafraude interno (S3i): A nivel global, la gestión de Grete Faremo desvió decenas de millones de dólares de sus fondos de reserva hacia un fondo privado que se evaporó, dejando pérdidas superiores a los $22 millones y forzando una reestructuración por corrupción interna.

• Juez y parte: Bajo la fachada de «asistencia técnica», eluden la Ley de Contrataciones del Estado peruano para licitar bajo normas opacas que escapan al control ciudadano y nacional.

Eso es lo que defienden los mercenarios de la información y la jauría que hoy aúlla desesperada en las redes sociales. Se desgarran las vestiduras y atacan a quienes fiscalizan porque se les escapa la mamadera, porque temen que el castillo de naipes de la impunidad se desmorone y porque saben que su patrón está acorralado por la verdad documental.

Que sigan ladrando: la ciudadanía de Amazonas ya despertó y exige cuentas claras, ejecución real y dignidad. Sin aplaudidores a sueldo ni intermediarios, el hospital Santiago Apóstol de Bagua Grande, se defiende con verdad y documentos, no con jaurías tarifadas.

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