Rudecindo Vega Carreazo
La democracia, en Perú, intervenida y controlada por organizaciones criminales llamadas partidos políticos, como tipificó, en su momento, la Fiscalía de la Nación, hoy, con el recambio de autoridades gubernamentales, está entrampada en un diseño disfuncional hasta para las mafias mismas. El pacto mafioso gubernamental (Fuerza Popular y Renovación Popular) perdió a 5 partidos socios (Perú Libre, APP, Acción Popular, Avanza País y Podemos) en las elecciones de abril. Sin embargo, al ganar la presidencia, rápidamente, con todo el poder que le permite mantener el gobierno, se renovó, como era de esperarse, comprando senadores o diputados tránsfugas o votos de otros partidos de oposición. Ya controlan el Senado, se han hecho ilegalmente de una mayoría ilegítima que no representa la votación nacional. Más pronto que tarde, controlarán Diputados, fraccionando bancadas, comprando votos o diputados para mantenerse gobernando. El Pacto Mafioso liderado por Fuerza Popular y Renovación Popular se ha renovado, continuará gobernando desde el Congreso, con la lideresa liberada de sus procesos judiciales, por ese pacto mafioso, en el ejercicio de la presidencia.
Los 4 partidos de la “oposición”, por responsabilidad propia, como era de esperarse también, padecen la arremetida gubernamental; ya perdieron y están perdiendo el control de sus senadores y diputados; unos se vendieron al gobierno; otros, como topos, se quedarán en sus partidos votando con el gobierno y; algunos, intentando despistar su traición, se pasarán a otros partidos o formarán nuevas bancadas para votar con el gobierno. La reconfiguración ilegítima del voto popular en el congreso, una traición democrática más, reajusta la composición del pacto mafioso gubernamental que seguiremos padeciendo de manera recargada, más dura y cruel para un futuro digno y democrático del Perú. Estos primeros meses de gobierno, con tránsfugas declarados en Buen Gobierno y Juntos por el Perú y fraccionamientos en Ahora Nación y Obras, solo evidencian el reacomodo o renovación del pacto mafioso gubernamental.
El reacomodo congresal del renovado pacto mafioso es fácil numéricamente, ya tienen identificados y chantajeados a quienes comprar sus votos o su traspaso; pero será difícil institucionalmente. El pacto mafioso, en su afán de reelegirse y seguir gobernando desde el congreso, lo reorganizó de la peor manera, amplió el número de congresistas y de un congreso unicameral volvió a las 2 cámaras sin seguir las reglas, procedimientos y organización del bicameralismo. Ha traficado inconstitucionalmente el unicameralismo fujimorista en un bicameralismo keikista. Lo que sus congresistas del unicameralismo podían hacer en el congreso, hoy, reelectos como senadores o diputados, por obra de ellos mismos, no lo podrán realizar, salvo que vulneren, como ocurrirá, su propio desarreglo institucional, desarreglándolo más.
La Cámara de Senadores, ya controlada por el gobierno, pretende minimizar, desaparecer, convertir en instancia superflua, a la Cámara de Diputados, lo que es inconstitucional. La Cámara de Diputados, aún no controlada, del todo, por el gobierno, podría paralizar al Senado y Congreso con un plantón legislativo indefinido y paralizar al gobierno con investigaciones, interpelaciones y censuras a funcionarios y ministros del ejecutivo. Es el desastre de diseño institucional del nuevo congreso organizado por el pacto mafioso en su afán de reelegirse y seguir gobernando. Nuestra democracia quedó entrampada, atrapada, en un diseño institucional disfuncional y perverso. El congreso necesitará más que voluntad política, una visión de Estado y de país si quiere resolverlo, algo que parece no estar en las prioridades del pacto mafioso gubernamental renovado. Entrampados y entrampando la democracia, parecen sentirse a gusto.
La parlamentocracia o gobierno del congreso que nos legó el gobierno anterior liderado por Fuerza Popular y Keiko, continuará existiendo a pesar del desbarajuste y entrampamiento institucional que ocasionaron en el congreso con un mal diseñado bicameralismo. Desde el Senado y desde la presidencia quieren controlar y dirigir a Diputados y mantener el control, de todas las otras instituciones sometidas a su servicio, como JNJ, TC, MP, parte del PJ, JNE, ONPE, RENIEC, Contraloría, SBS y BCR. Keiko, Fuerza Popular y sus aliados, cuando eran mayoría en el congreso crearon el gobierno congresal o parlamentocracia, destruyeron el presidencialismo y la figura presidencial con Dina, Jerí y Balcázar; hoy, sin control total del Congreso, aún, pero con el control total del ejecutivo y Senado, quisieran regresar al presidencialismo manteniendo el desorden institucional parlamentario.
El fujimorismo presidencialista y unicameral del papá parece funcional, ordenado e institucional ante el keikismo parlamentario bicameral desinstitucional, desordenado y disfuncional de la hija; la dictadura corrupta de los noventa mantenía un eje gubernamental dictatorial de eficiencia que ha sido roto por la diversidad, dispersión y complejidad de intereses particulares y criminales de las mafias actuales en el poder. La Democracia intervenida por organizaciones criminales en el Perú, se encuentra atrapada, entrampada, en un diseño institucional, implementado por esas organizaciones, que no sirve ni permite funcionar al “desorden constitucional” y al estado de derecho.
La democracia intervenida y entrampada del Perú actual ha desnaturalizado la democracia republicana, justamente y, curiosamente, en el periodo democrático más largo de nuestra bicentenaria república. Nuestra democracia recuperada hace 25 años, luego de un periodo de institucionalización que nos llevó a ser considerados como una democracia defectuosa o imperfecta, ha sido desnaturalizada, corrompida hasta convertirla en remedo democrático, eufemísticamente llamado “semidemocracia” o “democracia híbrida”, en retroceso, nuevamente, a dictadura.
Luego de la dictadura fujimorista de los 90, recuperada la democracia el 2001, The Economist, en su ranking mundial de democracia global aplicado a 167 países, el 2006 nos clasificó como “democracia imperfecta”, camino a ser democracia plena. Hoy 2026, por cuarto año consecutivo, no somos considerados democracia imperfecta, o país democrático con fallas estructurales; el ranking mundial nos considera un país que combina aspectos formales de democracia, como las elecciones y renovación gubernamental, con prácticas autoritarias ajenas al estado de derecho. La democracia en Perú, más que híbrida, está intervenida, entrampada y desnaturalizada por la criminalidad, en un renovado pacto mafioso gubernamental que deberemos confrontar los próximos años.
El futuro del Perú se vuelve a jugar, en lucha permanente, contra ese pacto tan dañino y perjudicial para nuestra patria.




