Luis Alberto Arista Montoya.
Cada vez estamos más de acuerdo con lo que dijo el novelista Javier Marías – hijo de nuestro maestro Julián Marías, filósofo español -, que la humanidad se divide en dos ámbitos: el de los mejores y el de los peores. Y que son los peores los que abundan y se adueñan del mundo real, desgraciadamente
Esta división no es una dicotomía, una polarización. No. Son dos esferas sociales que coexisten (aunque sin convivir). Paradójicamente, cada vez los hombres eligen seguir a los peores, es por eso por lo que el machismo, el clasismo, el racismo, el sexismo, la corrupción, nunca desaparecerán, se siguen afianzando a través de las elecciones políticas, en las escuelas y universidades, por la expansión de agentes corruptígenos (por contagio, por imitación). Ejemplo: en lo que va del año se han registrado 11,805 casos de violencia escolar entre enero-agosto (según la plataforma oficial SíseVe del Minedu).
En cambio, no es tendencia seguir a los mejores, porque el mercado consumista, los medios de comunicación y las redes sociales no los ponen en vitrina. Lo mejor, lo honesto, las buenas conductas, las buenas prácticas sociales no dan rating, no “venden”, sirven poco para el marketing. Pues, seguirlos, imitarlos significa optar por la Ética del Ejemplo tan ausente en las relaciones sociales sobre todo de niños y adolescentes (a nivel familia, compañerismo, comunidad)
Los mejores/los peores no es una contradicción que denote lucha de clases. No. No es una categoría social. Es una categoría moral que apunta hacia las acciones morales cotidianas de los hombres. Unos, son moralmente mejores, la gran mayoría son moralmente peores. Por ejemplo: cuando las encuestadoras preguntan: ¿Comparado con el año 2025, este año, el Perú está en mejor o peor situación?, responden igual o peor, buscando transmitir el estado vital y moral de bienestar de la población. Es por eso. quizá, que el Perú es un país desmoralizado, aturdido.
El mundo retrocede por culpa de los peores que causan guerras como las de Ucrania, de la franja de Gaza o de Irán; retrocede por el calentamiento global a causa de la depredación de la naturaleza, produciendo plagas y virus mortales como el del Covid-19, etc. Pero el mundo avanza y progresa – aunque lenta y silenciosamente- gracias a la ciencia y la tecnología, las artes, gracias a la fe religiosa no fundamentalista. Anualmente, esto se comprueba con el otorgamiento del Premio Nobel, en las disciplinas de la Física, la Química, la Medicina, la literatura, las Artes, de la Paz, y Economía. Enterarse anualmente de la premiación de los mejores es un bálsamo universal en medio del charco manejado por los peores.
“La macro es micro”, es la síntesis teórica que el día 12 de octubre acaba de ser premiada con el Nobel de Economía. Los premiados fueron los economistas Robert E Hall (de la universidad de Stanford) y Michael Woodford (de la universidad de columbia): por sus investigaciones sobre “los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica” …Ojo parlamentarios de izquierda- ustedes que quisieron expectorar del BCR a Julio Velarde por velar sobre la estabilidad de la macroeconomía – deben leer estas últimas investigaciones para ponerse al día, aunque es mucho pedir (solo leen sus horóscopos, los chismes políticos)
Estos dos economistas premiados han partido de una intuición creadora (conjetura, corazonada): “La Macro es Micro”. Esto significa lo siguiente:
1.-Que las clásicas variables como el Producto Bruto Interno (PBI), el consumo y la inversión no son más que la suma de millones de decisiones de personas que compran, ahorran, producen, contratan, renuncian, fijan precios, importan. Gente que busca lo mejor para sí (y los suyos) y que se equivoca, pero no de una manera sistemática, ni adrede.
2.-Pero no todos ganan bien, o pueden consumir bien. También existen millones de personas que viven del día a día, que trabajan para sobrevivir (sólo sé que tengo para comer hoy día o mañana): son agentes heterogéneos que giran en la frontera de la macroeconomía hoy. Son los parias, integran poblaciones vulnerables (pobres y en extrema pobreza).
3.-Pero- por ejemplo- los panaderos (o bodegueros) que confían en que la inflación volverá a la meta de estabilidad, no cambia sus precios con cada sobresalto, y esa calma y confianza multiplicada produce estabilización macroeconómica.
Finalmente, volvamos al Perú de estos días que vive en estado de alerta. Las investigaciones de marras trasuntan la política monetaria del BCR. Frente al fenómeno del Niño, que ya llegó, nadie espera sentado, somnoliento: el agricultor limita sus siembras o cambia de cultivo; los comerciantes ajustan inventarios, las familias ahorran, postergan gastos (guardan pan para mayo). Y no deciden solo haciendo caso al pronóstico del clima, sino que están a la expectativa de lo que haga el gobierno: antes, durante y después del fenómeno de El Niño. Si confían que la ayuda llegará a tiempo siguen produciendo; si no, se repliegan por su cuenta, y ese repliegue aumenta la crisis. Por eso- como informa el economista peruano Marco Ortiz- la credibilidad es el activo más valioso de un hacedor de política: “se gana a cucharaditas y se pierde a baldazos”. En el Perú son escasos los mejores, pero hay miles de notables excepciones. La Macro es Micro: el resultado depende no solo de la política que anuncia el Estado, sino de su credibilidad e integridad.
_______EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 20 de octubre de 2026. Luis Alberto Arista Montoya.




