Jindley Vargas
Mientras la senadora Ampuero pone el caso del Hospital Santiago Apóstol en manos de la Fiscalía y denuncia por colusión agravada al gobernador Gilmer Horna y a los responsables del desastre, los parlamentarios amazonenses optan por un silencio que aturde. No han dicho una sola palabra sobre las denuncias. No han exigido auditorías. No han pedido explicaciones a UNOPS. Y no solo eso: vienen eludiendo olímpicamente nuestra solicitud de Mesa de Trabajo Bicameral y los 14 puntos de fiscalización que les hicimos llegar. Su silencio no es casualidad: es complicidad.
Pero su silencio no es lo único. Su propio gobierno les acaba de dar la espalda a Utcubamba: excluyó de Escuelas Bicentenario a dos colegios emblemáticos de Bagua Grande por «falta de presupuesto y tiempo». Eran proyectos con convenio firmado, para 800 escolares y más de S/ 42 millones. El senador Arista, que preside la Comisión de Presupuesto del Senado, no ha dicho una sola palabra. Castro e Infantes tampoco. ¿De qué sirve tener un senador presidiendo la Comisión de Presupuesto y dos diputados en el Congreso si nuestra región pierde dos colegios por falta de presupuesto?
Pero hay algo más que silencio. Hay preguntas que nadie responde. ¿Qué vínculos comerciales, de amistad, familiares o deportivos unen a estos representantes con el gobernador que hoy está denunciado? ¿Vínculos para no fiscalizarlo? No lo sabemos. Pero que lo aclaren. Que salgan a decir que no comparten intereses ni tienen compromisos. Que digan que no se conocen. Que lo digan públicamente. Mientras no lo hagan, el silencio sigue siendo sospechoso. Y hay un dato que sí es público: el hermano del diputado Castro ha expresado su apoyo al candidato del continuismo. Eso no es un rumor; es un hecho. ¿Se entiende ahora por qué guardan silencio? ¿O todavía esperan que creamos que es casualidad?
El senador Arista, como presidente de la Comisión de Presupuesto, no tuvo reparos en otorgar, sin un solo cuestionamiento, cerca de S/ 50 millones que iban a las arcas de la UNOPS. La senadora Ampuero, tras su denuncia y con justificación técnica, bloqueó ese chorreo. Recordemos que Arista, como ministro de Economía, fue quien informó al GOREA que la UNOPS podía convocar y ejecutar la obra. Con la UNOPS, siempre diligente; con los colegios, siempre indiferente. Pero para evitar que los colegios emblemáticos de Bagua Grande perdieran su financiamiento, no movió un dedo. ¿Por qué será? ¿Por qué con la UNOPS actuó sin dudar y con los colegios de nuestra región se quedó de brazos cruzados? La respuesta, aunque no la digan, flota en el aire.
Si Arista, Castro e Infantes son de la misma bancada que el gobierno y Arista preside la Comisión de Presupuesto, ¿por qué permitieron que se retiren los S/ 42 millones? ¿Por qué no articularon para que esos S/ 50 millones que acaban de congelar se quedaran en la región y se destinaran a los colegios? ¿Por qué no exigieron que, en lugar de excluirlos, se usaran esos fondos para financiar las Escuelas Bicentenario? No hay respuesta. Y el silencio, como siempre, los delata.
Mientras Bagua Grande pierde sus colegios, el gobernador Horna inaugura una moderna infraestructura educativa… de su propiedad. Qué oportuno. Qué generoso. Qué manera de demostrar que la educación le importa… siempre y cuando sea un negocio suyo. Los colegios públicos quedan fuera; la infraestructura privada del gobernador se inaugura con bombos y platillos. ¿Será que la educación es un derecho o un privilegio? ¿Será que el presupuesto alcanza para unos y no para otros?
Y hay un detalle que no deja de ser irónico: la diputada Infantes es de Bagua Grande. Es su tierra. Y es su tierra la que hoy pierde dos colegios. ¿Cómo se sentirá tener que explicarles a sus vecinos que su gobierno excluyó las Escuelas Bicentenario mientras ella guarda silencio? ¿Cómo se sentirá ser la diputada de Bagua Grande y no decir una sola palabra cuando Bagua Grande pierde S/ 42 millones en colegios? ¿Cómo se sentirá?




