Barriendo mi vereda

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26/01/17 – 17:57

Por:Carlos Bejarano

Ideele Revista Nº 266

Quienes se inscriben en diciembre al gimnasio con la esperanza de bajar de peso en enero, deben ser los mismos que creen en el humanoide de Pachacámac, en los pishtacos de Huaycán y también son los que no pierden la esperanza de que nuestra selección de fútbol clasifique al mundial de Rusia 2018.
Estos ingenuos peruanos, con escasa información y peligrosa candidez, deben ser apasionados amantes de la ley del menor esfuerzo, del roba pero hace obra, y también los que aseguran que en el 2017 se difundirá en los libros escolares una ideologí­a de género? que promoverá entre los educandos la homosexualidad, el sexo fuera del matrimonio y la masturbación.
En realidad, siempre tuvimos despistados compatriotas que en el colmo de la arrojo hasta llegaron a tener notoriedad y pisaron los sets de TV para exponer sus absurdos postulados, como aquel que perseguí­a ovnis y hasta fue autoridad mundial sobre el tema. O el mismo Mario Poggi, al que los periodistas siempre encontrábamos en una banca del parque Kennedy dispuesto a darnos esa nota de color? que salvarí­a nuestro dí­a, pues hasta astrónomo llegó a ser el papá de Neurona H2O.
El mismí­simo Congreso de la República no fue inmune a estos personajes. Susy Dí­az era nuestra Cicciolina y el Gordo? González, nuestro Jesús Gil y Gil. íÉramos tan felices¦
La llegada de ese tropel de cafres al palacio legislativo fue inocuo, pues su incoherente ideologí­a era sobradamente compensada por el contundente verbo de polí­ticos de todos los colores que honraban sobradamente el oficio.
Sin embargo, la cosa se empezó a complicar. Sí­, fue en los 90 cuando el Congreso se empezó a transformar en el sumidero que es actualmente*. De pronto, una mañana el roba cable, el come pollo, el roba votos, el roba oro y el cuida madre, dejaron de ser la excepción y se convirtieron en la constante. Casi sin darnos cuenta ese peruano de pensamiento elemental, poco informado, nada apegado a las leyes, simplón, ordinario y con un individualismo que hubiera hecho llorar de emoción al mismí­simo Adam Smith, dejó de ser un personaje ocasional y se volvió protagonista de polí­tica. Y algo más peligroso aún. Estas mentes básicas no se ruborizaban de ponderar en temas como la pastilla del dí­a siguiente, la reforma educativa, el aborto terapéutico, la pena de muerte¦ ¡Viva la democracia!
Y he aquí­ que hoy los tenemos como mayorí­a en el Congreso dirigiendo los destinos del paí­s montados en un mototaxi que transita al borde del abismo.
¿Qué destino nos espera con estos becerriles, galarretas, chacones y tubinos? Nada bueno, pues hoy más que nunca ha quedado claro que el fujimorismo que los agrupa es una ideologí­a creada para servir intereses personales, con valores que distan mucho del respeto al prójimo y la defensa de los derechos humanos. ¿Y PPK? Con una liliputiense bancada es poco lo que puede hacer, pero tampoco se distingue temperamento en él para pararse frente a un grupo con el que finalmente, siempre tuvo afinidad.
Harto de este estado de cosas, un dí­a escribí­ el siguiente tuit que mereció todo tipo de comentarios:
Ya no lucho por cambiar el paí­s, ahora mi principal trabajo es evitar que mis hijos se contaminen de Perú?.
Triste pero cierto. Así­ me siento.
Decí­a Nietzsche: Si no se puede cambiar el mundo, por lo menos barre tu vereda?. Y eso hago, aplicadamente, todas las mañanas, trabajo para que mi vereda esté siempre limpia. Nada más. Por el momento, más no se puede hacer.
*Por supuesto que hay excepciones pero son minorí­a.

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