Carta 1013: ¿Hasta cuándo? (06/01/2026)

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Por Manuel Yóplac Acosta

“Ninguna guerra tiene la valentía de confesar yo mato para robar. Las guerras siempre invocan nobles motivos, matan en nombre de la paz, de Dios, en nombre de la civilización, en nombre del progreso, en nombre de la democracia, y por si las dudas tanta mentira no alcanzara, ahí están los grandes medios de comunicación dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un gran manicomio y en un inmenso matadero.

En “Rey Lear” Shakespeare, había escrito que en este mundo los locos conducen a los ciegos. Y cuatro siglos después, los amos del mundo son locos enamorados de la muerte, que han convertido al mundo en un lugar donde cada minuto mueren de hambre o de enfermedad curable diez niños pero que en cada minuto se gastan tres millones de dólares en la industria militar que es una fábrica de muerte.

Las armas exigen guerras y las guerras exigen armas y los cinco países que manejan las Naciones Unidas, los que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas, resultan ser también los cinco principales productores de armas.

Uno se pregunta ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo la paz del mundo estará en manos de los que hacen el negocio de la guerra?

¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que el exterminio mutuo es nuestro destino?

¿Hasta cuándo?»

He tomado literalmente las precisas y preciosas palabras de Eduardo Galeano, primero, para entender, que lo que está pasando hoy entre los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela no es cuestión casual, toda la historia de la humanidad es la historia de la sangre derramada; y segundo, para expresar que esta guerra -como todas las guerras- no es justa, esta guerra es esencialmente por el control del petróleo, una guerra económica y el abuzo de un imperio por ejercer su hegemonía y poder.

En este contexto de una nueva guerra abierta, no puedo quedarme callado, callar significaría la muerte de mi espíritu humano. No es por Maduro, es por Venezuela. No es por Maduro es por Latinoamérica. No es por Maduro, es por América. No es por Maduro es por todo el mundo.

Cada gota de sangre derramada por las guerras es la muerte del humano. La vergüenza más grande de la humanidad es que en pleno siglo XXI aún sean las armas que nos gobiernan. Repito mil veces: el día que no haya un solo soldado ni una sola arma construida para matar en el mundo, solo ese día seremos dignos de llamarnos humanos, y si ese día no llega, entonces quizá merezcamos extinguirnos como especie.

La crisis humana actual es simplemente preocupante. Es triste saber que el miedo se impone desde las estructuras del poder, pareciera que se ha naturalizado la muerte del cuerpo y el espíritu humano. Es triste saber que no haya ya utopías que muevan a la humanidad, pareciera que la esperanza ha muerto. Entonces, como el maestro Eduardo Galeano nos preguntamos: ¿Hasta cuándo dejaremos que los locos conduzcan el destino de nuestra humanidad? ¿Hasta cuándo la sangre humana derramada será el alimento del progreso? ¿Hasta cuándo los ciudadanos del mundo permitiremos que nuestros impuestos vayan a financiar las guerras y no los alimentos de los hambrientos del mundo?  ¿Hasta cuándo?

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