Por Manuel Yóplac Acosta
Hace unos días, algunas autoridades políticas de Amazonas, estuvieron junto a estudiantes de instituciones educativas, incentivando el NO INCENDIO FORESTAL, eso está bien.
Hagamos memoria: el año 2024 en Perú, se produjeron la mayor cantidad de incendios, abarcando al menos 20 departamentos, a punto que el gobierno se obligó a declarar en “estado de emergencia” a Amazonas, San Martín y Ucayali, en dichos incendios se reportaron 15 personas fallecidas y más de mil personas heridas; además, estimaron que se perdieron 1.495,33 hectáreas de cultivo y otras 1.264,85 hectáreas resultaron dañadas. Pero recordemos también, que el año 2024 en el departamento de Amazonas hubo más de 30 puntos de incendios las que quemaron unas 11 463 hectáreas. Los distritos de Lamud con unas 9 400 hectáreas fue el que sufrió mayor daño de pérdida de cobertura natural.
En el 2025 se presentaron también varios incendios, y si bien, en este año 2026 aún no se reportan grandes incendios en Amazonas, sin embargo, sabemos que en los próximos meses se intensificará el sol y escaecerá la lluvia.
En este contexto nos preguntamos: ¿qué tanto se trabajó en temas ambientales con los campesinos y otros actores claves?, ¿están listas nuestras brigadas ambientales locales para sofocar el fuego antes que se extienda? y ¿qué tanto se investigó y sancionó a los que provocaron los incendios el año 2024?; es decir, ¿qué tanto de labor preventiva se hizo de manera sistemática desde las autoridades pertinentes?; pero también, quizá la pregunta más vital sería: ¿cuántos millones de árboles se sembró para recuperar los perdidos en los incendios del 2024?
Ya estamos a la tercera semana de julio; se acerca agosto, luego setiembre y llega octubre, meses en que los incendios se intensifican; meses en la que debemos estar preparados para responder pronto como especie inteligente que cuida a la Madre naturaleza; meses en que el sol debe ser sinónimo de vida y no de muerte; meses que debemos prevenir y no lamentar.




