DEMASIADA CRUELDAD, POCO AMOR

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16/02/18 – 16:27

Luis Alberto Arista Montoya*
La espeluznante violaciÍn, seguida de  asesinato por ahorcamiento e incineraciÍn del  cuerpo de la niÍa Jimenita- que vivÍa en San Juan de Lurigancho, el  distrito mÍs poblado de Lima que ostenta un alto Índice de violencia social-, nos ha dejado indignados. Llenos de ira.
Tarde o temprano puede  ¿llenarse el costal? de la tolerancia social. Esa contenida Ira social  puede desbordarse peligrosamente azuzada por un ¿ojo por ojo, diente por diente?. Es que el Estado y sus caducas instituciones estÍn muermos por corrupciÍn, propician una ¿democracia morbosa?, obscena.
La violaciÍn/asesinato de Jimenita nos ha conmovido. Nos muestra que monstruosos fantasmas (fÍcticos) recorren con su guadaÍa calles, plazas, parques, escuelas, centros comerciales y estÍn, muchas veces,  en  los propios hogares disfuncionales (de gente rica  o gente pobre). Se apropian  del espacio público ciudadano. Terror y temblor infunden cotidianamente.
 ¿CuÍntas Jimenitas existen en esta sociedad enfermiza? ¿CuÍntas se visibilizan mediante denuncias? ¿CuÍntas permanecen ocultas, por vergÍenza, por  desidia, complicidad o amenazas del violador? El modo-Jimenita ha destapado una gran olla en estado de ebulliciÍn. La ira estÍ fermentando.
DespuÍs de su incuria, la policÍa se ha puesto las pilas. La semana pasada se incluyeron 28 nuevos requisitoriados en el Programa de Recompensas por delitos de violencia sexual. Se sabe que actualmente existen 497 por capturar y, de ellos, 379 son por el delito de violaciÍn de menores de edad. Pero, la cifra va en aumento, pues no hay dÍa que no se reporte un nuevo abuso a travÍs de los medios y redes sociales que muchas veces informan morbosamente (por ganar rating o ¿prestigio?), como si fuera un espectÍculo, aumentando el daÍo humano.
Tres escrituras se construyeron sobre o en torno a este terrible caso: una escritura que narrÍ los hechos con seriedad y serenidad, claro que con dosis de indignaciÍn; otra escritura morbosa que muestra con sordidez lo sucedido buscando ¿vender primicia? jadeando, con imÍgenes en vivo y en directo sin respetar el dolor de las vÍctimas y familiares; y una tercera,  la escritura literaria, propia de cronistas y escritores que buscan instalar en la conciencia del lector (o auditor) una Ítica de la crueldad, con el fin de indignarlo y transformarlo, aunque a veces tienda a agredirle  para ello: sin ofrecerle certidumbres moralistas (los polÍticos, jueces y fiscales estÍn para ello), sino mÍs bien una indignaciÍn Ítica que conlleve una apuesta a favor de la transformaciÍn de sus valores, confrontÍndolos con sus prejuicios, sus hipocresÍas, sus miserias, sus mezquindades; buscando la promociÍn de una Cultura de Paz en hogares, escuelas y la comunidad organizada (TrÍpode del diÍlogo intergeneracional, diÍlogo que escasea actualmente en Perú)¦ A propÍsito recomendamos leer el ensayo La Ética de la crueldad (Barcelona 2012) de JosÍ Ovejero.
¿Mucha crueldad, poca ternura?, es el tÍtulo del artÍculo de Carmen McEvoy (El Comercio, 10 de febrero 2018), Historiadora y Embajadora de Perú en Irlanda, donde se pregunta: ¿Contamos con la ternura suficiente para reaccionar y revertir la crueldad que corroe a nuestra naciÍn? Pues, la ternura- dice- es lo antitÍtico de la crueldad. Y aunque algunos piensan que es un sentimiento leve, es un formidable dispositivo para tiempos donde es necesario estructurar la condiciÍn Ítica del sujeto. DespuÍs de hacer un recuento de obras realizadas a favor de la convivencia, la autora sostiene que estos comportamientos positivos nos hacen volver a creer en nuestra parte sana, sacando de un compromiso tangible con la infancia las fuerzas necesarias para construir el paÍs que todos queremos y que estÍ en nuestras manos construir.
EstÍ bien. Lo que pasa es que en  una sociedad que produce (y reproduce) conductas psicÍpaticas –  como la de los violadores –  muchas veces, mediante manipulaciones (azuzadas directamente o a travÍs del anonimato de las redes sociales) esa ternura bien intencionada puede ser tergiversada y convertirse en ¿maldita ternura? como narra la novela del periodista Beto Ortiz.
 Entonces, la verdadera antÍtesis de la crueldad  son dos tipos de Ítica:   la Ética del Amor y la Ética del Ejemplo que sirven para enfrentar el egocentrismo y relativismo moral posmodernos, como bien lo sustenta el filÍsofo y teÍlogo Johan Leuridan en su libro El Sentido de las Dimensiones Éticas de la Vida de la Vida (USMP, 2016). 
En el Ímbito donde prima el amor mediante valores de respeto/reciprocidad ante los demÍs (en un hogar, una instituciÍn, una ciudad, en las relaciones sociales y laborales) el terreno estÍ abonado para sembrar ejemlaridad siempre y cuando  los adultos (padres, maestros amigos, lÍderes) estÍn dispuestos a asumir tipos de buen comportamiento ejemplar pasibles de ser imitados por niÍos y jÍvenes.
 Sin amor no habrÍ buen ejemplo. Sin buen ejemplo el amor carecerÍ de sustento para reproducirse en el mundo exterior a favor de la Ética del Bien Común. ¿Amo, luego existo?, debe ser el  apotegma que nos deberÍa guiar cuesta arriba- como a SÍsifo-   en este ¿Perú, dulce y cruel?, como solÍa decir el ejemplar maestro Jorge Basadre.
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 *EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva de Chachapoyas. Lima 15 feb. 18. Luis Alberto Arista Montoya.

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