Pastillita para el Alma 18 – 10 – 2025
Claro que es cierto, lo que dice Giovanni Papini, en su libro GOG, “Se puede negar la existencia de los dioses, pero no se puede negar la existencia de las religiones, … existen desde hace muchos siglos y responden a una necesidad del alma humana” Este autor es difícil de entender, tempestuoso, temperamental y contradictorio en sus sentimientos.
Personalmente, yo tengo la suerte de sentir infinidad de veces la presencia de DIOS, como el día de ayer, en ese retacito de tiempo, momentos en los cuales, nuestro sosiego permanente, esa monotonía del día a día, se viste con el tul pálido de la melancolía y nuestros ojos se nublan con la pena de los ayeres, imposibles de volver y la presencia invisible de Dios, te devuelve la felicidad de sentir la música celestial de dos corazones que golpean tu pecho, como queriendo salir de la jaula, donde desde hace tanto tiempo, se sienten prisioneros y solo, con el lenguaje mudo de los gestos, hablas con palabras valientes y convincentes, que nuestro Padre Celestial pone en el vacío del espacio que nos circunda y no importa que, tus labios cobardes, no se atreven a vocalizar.
Como no creer en Dios, tal como dice la canción, cuando sentado en un canto de mi jardín, veo revolotear, sobre mi cabeza, esa mariposita blanca, la cual siempre representa la visita de mi viejita, presente en mis días aciagos y en mis horas de dicha infinita.
Todos esos instantes, que inconscientemente se presenta en el sendero de nuestra vida y si lo sabemos aquilatar, en su verdadero valor, siempre va a ser la presencia de Nuestro Creador que nos regala cuando más nos hace falta y que gente incrédula no entiende, como aquella señora que pregunta a su vecina ¿Tú ves a Dios, tú lo tocas con las manos? Y ante la respuesta negativa, concluye, ya ves, No existe Dios, ante la cual ella le replica y le dice: ¡Tú ves tu cerebro, tocas tu cerebro si está caliente o frío? Y ante el no rotundo, concluye, entonces, tú no tienes cerebro, a pesar que sabes que está dentro de tu cráneo, así es DIOS está dentro de ti y no te das cuenta, porque no lo sientes.
Un amigo que viene de los Estados Unidos por la enfermedad de su padre que se encuentra internado en una clínica, me llama y me dice que a su viejo lo van a amputar su pierna porque eso han acordado en una junta médica, después de haber hecho una serie de exámenes. Me envía una fotografía de ambas piernas. Paciente de 65 años, no diabético, ni fumador, con una herida tórpida entre segundo y tercer dedo. Mi respuesta, el paciente debe ser evaluado más acuciosamente y cambie de especialistas.
Este incidente, también, me sirve para volver a decir que, en los pasillos de las clínicas y de los hospitales, se recuerda más a Dios que en las iglesias y especialmente en los pabellones, donde se encuentra la sala de operaciones, donde los familiares rezan con mucho fervor, pidiendo un milagro y … aprovechando que el día 16 de setiembre ha sido el Dia de la Anestesiología, en honor al odontólogo William Mortón que usando éter hizo una operación con el paciente dormido en un Hospital de Boston, me permito, contar una anécdota que muchas veces se presenta en los centros quirúrgicos, donde hay “héroes o campeones rimbombantes”, así como personajes muy importantes, que generalmente pasan desapercibidos, especialmente, en otras épocas, en los que los procedimientos quirúrgicos eran más agresivos, a cielo abierto y no ahora que, es la era de las laparoscopías y las pinzas y tijeras se mueven en las pantallas como televisores. La sala de operaciones o quirófano es una habitación generalmente aislada, donde no se le da la verdadera importa a un personaje, que juega un papel extraordinario y trascendental, un profesional excelente, que es el monarca, humilde, modesto, silencioso que, después de un momento de gran zozobra, en el que el paciente deja de respirar y pisa brevemente el dintel de la muerte, depende de las manos, la inteligencia, la vista y la habilidad del anestesiólogo y luego, después de ese momento de gran estrés, se sienta en un sencillo banquito y comienza a mirar en forma muy atenta, las lucecitas tintineantes de los monitores, para que el gran protagonista, el cinturón negro del teatro de operaciones, muchas veces, gritón y lisuriento, realice la proeza de sacar un tumor, de repente, una pequeña tripita, que pomposamente lo llama apéndice cecal o claro, también, porque no admirarlo, ejecute intervenciones grandes y espectaculares, pero, con la tranquilidad que le ofrece la ausencia de dolor y de movimiento y la seguridad de que el paciente tiene sus funciones vitales estables, buen pulso, buena presión arterial, excelente frecuencia respiratoria, ideal saturación de oxígeno y otras constantes que son seguidas minuciosamente por ese rey sin corona, sin báculo, sin trono y muchas veces, no reconocido por el “patrón del equipo”, que pidió con voz fuerte, recuento de gazas y deja al ayudante que cierre la herida y sale sudoroso, se quita los guantes, tira la máscara, el gorro y su traje, como si sería de luces, para recibir la ovación, perdón, el agradecimiento de los familiares y aún de los asistentes, mientras el verdadero héroe, de ese campo de batalla, lucha con el paciente, para despertarlo, ver que respire espontáneamente, que sus constantes vitales estén dentro de límites normales y dejarlo en la sala de recuperación, bajo el cuidado de personal especializado y luego volver al vestidor y perderse entre el bullicio de la gente con la misma humildad y la sonrisa de gratitud hacia Nuestro Padre Celestial, quien estuvo presente en su compañía sin abandonarlo jamás.
Empecé esta Pastillita para el Alma, motivado por la lectura de un libro difícil, que entre otras cosas dice, “no puedo ser cristiano, porque manda amar a tu prójimo” y para mí, según dice el autor del libro, hay gente detestable que no merece ni siquiera el saludo. Es cierto, de todo hay en este mundo, pero, lo dificultoso es tratar de cambiar a esa clase de gente, cuando, lo más fácil, es cambiar nosotros en nuestra actitud y en nuestro comportamiento, porque somos seres inteligentes que pensamos y razonamos. No mantengamos enconos ni enojos. Nosotros somos el fiel reflejo lo que la gente nos hace y nos rodea y nos trata como nos ve.
Mantener la dignidad y la valentía, es de valientes. No existe nada en este mundo, como una molestia, un sentimiento de odio y de amargura que dure toda una vida. Ser valiente es guardar, en lo más profundo de nuestro corazón, esas puñaladas arteras que hasta nuestros mismos seres queridos nos causan.
Como está este mundo, donde abunda la maldad y la maledicencia, es tiempo de recobrar la ecuanimidad. De regalar una sonrisa a quien nos infiere una palabra que duele, una frase que daña.
En vista de que las palabras dulces y repetitivas, a seres que no lo valoran ni nos respetan, ya no saben a cariño, … se siente como sumisión, resignación y de mofa y burla de los que las escuchan. Es tiempo de recuperar la cordura, de buscar esa paz que, tanta falta nos hace, en esta altura del camino y nos ha hecho perder amigos y aún hasta familiares. Ser valiente no es agarrar una espada o una lanza y agredir a una persona. Ser valiente, es como hacen los estoicos, … dominar al furioso al enajenado mental, con palabras aparentes, razonables y dichas en el momento preciso, con energía, decencia y bravura, para recuperar el respeto y el sitial que nos corresponde como hombres de bien y también como una muestra de cariño para las personas que no nos entienden ahora, las cuales, cuando uno ya no esté en este mundo, cuando haya desaparecido el que tanto les toleró, mostrando un cariño exagerado, será repudiado cuando ya no haya nadie que los auxilie y los soporte.
Si sufres y te duele, si no entienden, el amor que a borbotones das, llora y gime en silencio, mete un puñetazo con rabia a la pared, que sangren las coyunturas de tus dedos y … ¡muérdete el codo! … pero, que nadie goce con tu desgracia … muéstrate alegre, canta, baila, busca un amigo, un desconocido y tómate un café amargo, sin azúcar y ríete a carcajadas de felicidad, porque ser valiente y gozar de dignidad, es una revancha ganada a los escuálidos y mentirosos que se creen ganadores y triunfadores por creer vernos derrotados.
Y, siempre ten presente que, el vehículo de la vida rueda … la sombra de la noche de ayer, quedó atrás … ahora ha vuelto un nuevo amanecer … el sol de la alegría, brilla con fuerza … allá lejos, en el horizonte, se dibuja una nube negra y sombría … ¿será que amenaza tempestad? … no, no son gotas de lluvia, … son las lágrimas de nuestro DIOS que la derrama de alegría, porque en el cielo hay fiesta, hay jolgorio, juerga, diversión, parranda, porque en la tierra, en un momento fugaz, hay un concierto de sana y feliz algarabía, cuando dos almas, en el tiempo que dura un suspiro, se unieron en un solo corazón, como símbolo de alianza de toda una vida.
“La muerte es más universal que la vida, … todos morimos, pero, no todos … VIVIMOS” Andrew Scks
Jorge REINA Noriega
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