Luis Alberto Arista Montoya*
Dedicado: a mi hija Adriana Hilda, por su cumpleaños.
Este año debió conmemorarse en Perú, muy en especial en la región Amazonas, el bicentenario de la muerte de don Toribio Rodríguez Mendoza Collantes (15 abril 1750-10 junio1825), gran Precursor liberal de la Independencia política. Pero, los desmemoriados con poder ni se enteraron, mejor dicho, no les interesó. Solo se han publicado algunas investigaciones individuales.
Don Simón Bolívar (24 de julio 1783-17 diciembre 1830), el gran Hacedor de la Independencia Americana, llegó al Perú en setiembre de 1823 buscando y logrando encauzar la anarquía militar, política y social existente en territorio peruano. Para ello su acercamiento con el sabio Rector del Convictorio de San Carlos fue clave porque Don Toribio fue quien le presentó a sus discípulos, los jóvenes intelectuales libertarios comprometidos con la revolución americana. Jóvenes con los que se rodeó Don Simón Bolívar para formar un ejército que luche con ideas y palabras. No bastaban los batallones militares y voluntarios para lograr el triunfo en Ayacucho (el 9 de diciembre de 1824). Esta épica y heroica noticia la recibió con regocijo el anciano Toribio Rodríguez, retirado en su claustro religioso.
En agradecimiento y en reconocimiento por su acción pedagógica y política Bolívar encomendó al obispo José Manuel Pedemonte escribir una biografía de Don Toribio, documento fundamental para la formación de las futuras generaciones, creyendo Bolívar en la amistad que existía entre ambos clérigos. Pedemonte nunca cumplió con el encargo de Bolívar, fue un hombre mezquino, un desleal “amigo”, siempre le acusó por lo bajo al ilustre teólogo chachapoyano de ser un “libertino” (por ser un pensador liberal, moderno) y ser jansenista, es decir, seguidor de Cornelio Jansenius, teólogo holandés reformista, identificado con el reformismo de la Iglesia patrocinado por Martín Lutero. Don Toribio no fue un reformista, pero sí tuvo una aproximación crítica al jansenismo. “Si no eres jesuita serás jansenista; y si no eres jansenista serás jesuita”, fue la acusación con la que asediaban a Don Toribio al interior de la ortodoxia católica, atribuyendo al herético Jansenio todos los males político- religiosos de la época: desde la supresión de la compañía de Jesús hasta la Revolución Francesa.
Ambos, el militar Simón Bolívar Palacios y el clérigo Toribio Rodríguez de Mendoza fueron dueños de su propia vida, pasión y muerte.
Cuando el indio puneño Domingo Choquehuanca-fiel soldado- al ver al viejo Bolívar caer en la depresión por sentir “haber arado en el mar”, le dijo lo siguiente: “Crecerá tu nombre como la sombra cuando el sol declina…”, fueron palabras futuribles que también muy bien pueden calzar para referirse a la vida agónica de don Toribio Rodríguez de Mendoza, quien murió no triste sino entristecido al ver la angurria de políticos criollos y militares (caudillos) por ostentar el poder como sea en los primeros años del amanecer republicano…Angurria que hasta hoy infesta los poderes del Estado, por desgracia.
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 25 de agosto de 2025. Luis Alberto Arista Montoya.




