Prof. José Mercedes Santillán
Muchos docentes recuerdan que a lo largo de la república la Reforma Educativa de 1972 fue el mejor proyecto educativo que tuvo el país. Fue diseñada por grandes intelectuales peruanos como el filósofo Augusto Salazar Bondy, los pedagogos Walter Peñaloza Ramella, Emilio Barrantes, entre otros, bajo los principios de la educación como práctica de la libertad de Paulo Freire. El gobierno de entonces era consciente que solo tendrían éxito las demás reformas que implementó si cambia la educación en el Perú. Pero esto no ocurrió, entre otras razones, porque los frutos de la educación se ve a mediano y a largo plazo. Esa reforma, aún en ciernes, tuvo problemas. Algunos dicen que no tuvo en cuenta al elemento principal que es el docente en el aspecto económico. Relativamente pueden tener la razón. Lo cierto es que una línea de izquierda, fuertemente influida por la revolución cultural de la China de los años 60, fundaron el SUTEP, una organización que aglutinó a un altísimo porcentaje de docentes, bajo la égida del Partido Comunista, Patria Roja. El sindicato, del que formé parte, en base al argumento: «¿Para qué reforma de la educación a menos que antes ocurriera un cambio político-social?». Lejos de apoyar la reforma la combatió, aunque después hubo autocrítica. Flaco favor para la oligarquía que siempe actúa con sintonía de intereses extranjeros. La reforma humanista fue distorsionada por el conductismo. Velasco ya enfermo fue derrocado por Morales Bermúdez en 1975. Éste desmanteló a la reforma y Belaunde, de vuelta en el gobierno, la enterró.
Después, en materia de educación, todo fue «cháchara»: quinquenio de la educación, educación para la vida y desde Fujimori «modernización educativa». Lo más triste con este gobierno se MERCANTILIZÓ la educación. Toda inversión en educación estaban exentos de impuestos. Comenzaron a proliferar instituciones «dizque» educativas desde inicial hasta universidades en todo el país. Algunos se hicieron millonarios invirtiendo, verbigracia el señor Acuña. Alguien me enrostrará que a Fujimori lo debemos los amazonenses la Universidad Toribio Rodríguez de Mendoza de Amazonas; yo les diré que fue un fenómeno muy cuyuntural que lo explico brevemente en mi novela «San Juan, lo que el tiempo no borró». En otro artículo lo abordaré.
Bueno, desde Fujimori se implementaron los programas de capacitación docente. Con créditos del BM algunos de ellos. Participé en en un par de programas. El Ministerio, los presidentes regionales, luego los gobernadores regionales, a lo largo de las últimas décadas invirtieron en sendos programas de capacitación. Como resultado: espléndidos informes porque el papel aguanta todo. Y la educación de mal en peor. ¿Es que no se comprende que la educación es un fenómeno holístico que tiene que ver con la familia, la cultura, la sociedad, la economía, la salud, la política, amén? Hasta cuando vamos a entender que los valores, hábitos y actitudes se forman en casa y en el Perú tenemos el 90% de hogares entre disfuncionales y destruídos. La institución educativa básica es el hogar, el colegio es un complemento, no puede suplirlo.
Algunos programas de capacitación, a lo mucho, han tenido un relativo éxito. En la mayoría se ha gastado millones de soles inoficiosamente. Ha habido, pues, muchos programas de capacitación y ahora ¿cómo estamos en educación?
Muchos creen que educación es solo instrucción. La educación es mucho más que instrucción y adoctrinamiento. Especialmente en esta era de la IA que si el ser humano no es creativo y productivo terminará siendo una simple marioneta de la tecnología.
Me hace gracia que un candidato a la senaduría siendo duramente criticado por las pésimas obras de infraestructura que hicieron de cuando fue gobernador, se rasgue la vestidura en campaña, que su fuerte en su gestión fue la educación. Vamos a darle por cierto que instructivamente en su gestión hubo avances por los resultados obtenidos. Eso es muy limitado. La educación es mucho más, tiene que ver con toda la sociedad, como ya se dijo.
Él, que como ministro dice que formó parte de la comitiva de la señora Boluarte en su visita a la república de China, debe imbuirse de la filosofía confucionista del que están imbuídos sus gobernantes, cuyo principio básico es que el gobernador debe ser un ejemplo moral y ético de sus gobernados y que, desde luego, esos principios tienen mucha relación con las máximas morales que imperaba en nuestro antiguo Tahuantinsuyo: ama llulla, ama sua, ama quilla (no seas mentiroso, no seas ladrón, no seas ocioso)




