En hospital de Chachapoyas ronda la muerte sin especialistas y brilla un director viajero

Facebook
LinkedIn
WhatsApp
X
Telegram

Por: Jindley Vargas

Chachapoyas vive una tragedia que debería sacudir la conciencia regional. La crisis hospitalaria se profundiza y la indignación ciudadana alcanza niveles insoportables. El Hospital Virgen de Fátima, golpeado por la fuga de profesionales que huyen ante la falta de seguridad laboral, sin especialistas y con pacientes críticos abandonados, se ha convertido en escenario de muertes evitables y agonías interminables.

El flamante director asumió su cargo en medio de conmoción social, paros y huelgas, comprometiéndose públicamente con los trabajadores y pacientes. Prometió ser la figura que encamine la recuperación con dignidad, pero el 13 de junio de 2026 decidió protagonizar todo lo contrario: salió del país rumbo a Bolivia, dejando al hospital en un abandono irresponsable, condenándolo a la deriva por un tiempo indefinido.

Lo más grave es que la norma establece que todo viaje oficial de funcionarios debe ser aprobado y publicado en el diario El Peruano. Al no existir tal publicación, su salida se presume irregular, sigilosa y por fines particulares. Y como si fuera poco, los registros de peajes revelan que el “director viajero” también ha paseado en movilidad oficial hacia Trujillo y Tarapoto, usando el vehículo institucional como taxi personal. Así, quien aceptó el cargo en plena crisis se desnuda como ficha irresponsable, y el gobernador como zopenco que entregó la conducción del hospital a un turista con chofer pagado por el pueblo.

El certificado oficial de Migraciones confirma esta salida y desnuda la decisión del gobernador: colocar en plena crisis a un funcionario que, en vez de enfrentar la tragedia hospitalaria, opta por hacer turismo. No se trata de nostalgias ni de nombres, sino de causas: la salud pública y la vida de los pacientes están siendo sacrificadas por decisiones políticas cobardes, irreverentes e irresponsables, sometidas a las malas costumbres y coronadas con un director viajero que brilla por su ausencia.

La decisión del gobernador de remover una gestión técnica y transparente para colocar a un director ausente se revela como un error histórico, una claudicación frente a privilegios enquistados y una muestra de su cobardía política.

La ciudadanía no calla: las redes sociales hierven con denuncias furibundas que acusan al gobernador de cobarde sometimiento y al director de indiferencia criminal. La pregunta que retumba en Chachapoyas es lapidaria: ¿cuántas muertes más deben ocurrir para que las autoridades desalmadas asuman su responsabilidad?

Artículos relacionados: