Luis Alberto Arista Montoya*
El pasado domingo 31 de agosto falleció el preclaro historiador peruano Waldemar Espinoza Soriano, nacido El 6 de junio de 1936 en Cajamarca. Como científico social y como persona estuvo muy vinculado con la región Amazonas, debido a su interés científico sobre la cultura preincaica de los Chachapoyas.
Conocimos personalmente a Waldemar Espinoza en la ciudad universitaria de la Universidad de San Marcos cuando fue Decano de la Facultad de Ciencias Sociales; pero hacía mucho tiempo que habíamos entablado comunicación y amistad intelectiva a través de sus libros sobre la cultura andina, libros esenciales para uno quienes se dedican a la filosofía de la historia.
Perteneció a la generación de intelectuales de la década de los años 50, liderada por el ingenioso caballero de la Historia Peruana don Raúl Porras Barrenechea. Sus compañeros de generación fueron Carlos Araníbar, Pablo Macera, Mario Vargas Llosa, Gustavo Vergara Arias, Jorge Puccineli y el sociólogo Hugo Neira, entre otros.
Waldemar Espinoza puso especial énfasis al estudio sobre los Incas, la organización(desorganización) del Imperio del Tahuantinsuyo, y sobre la formación de las llactas preincaicas (fundamentos del poder imperial inca). Para Espinoza una llacta era una ciudad, no un poblado o aldea.
El desarrollo científico es la evolución interminable de conjeturas y refutaciones planteadas por los c científicos. Una conjetura es sinónimo de hipótesis. En tal sentido Waldemar Espinoza se planteó entender el Perú actual(contemporáneo) partiendo por la antigua historia del Perú andino. Sus estudios sobre la andinidad del Perú ayudan a comprender las actuales movilizaciones demográficas teniendo como punto de partida la movilización de la gente desde el campo a la ciudad, que funda un desordenado centralismo urbano tanto en Lima como en cada capital de región, donde se reproduce el centralismo del Estado central, mediante prácticas burocráticas heredadas desde el virreinato.
La conjetura central de Waldemar Espinoza fue que la estructura del Imperio del Tahuantinsuyo se debe explicar no desde el poder de las elites de los Incas, sino desde la influencia que tuvieron las antiguas culturas preincaicas, al ser conquistadas e invadidas mediante la fuerza del ejército imperial o mediante la persuasión con presión y miedo.
Dos fueron sus cuestiones clave: una: ¿Quiénes fueron los Incas, y qué fue el Tahuantinsuyo? Y dos: ¿Cómo y por qué cayó tan fácilmente ante un puñado de las huestes de Francisco Pizarro? A la primera pregunta responde magistralmente en su libro Los Incas, en el cual se ocupa sobre la economía, el manejo ecológico del territorio, la ciencia y tecnología, las artes y la sociedad y el Estado en la era del Tahuantinsuyo; la segunda cuestión es dilucidar en su clásica obra La Destrucción del Imperio de los Incas.
La civilización andina peruana se desarrolló durante el Horizonte Inca, que duró y se extendió aproximadamente por 95 años, desde 1438 hasta 1533. El imperio Inca fue la fase final de la larga historia andina, que probablemente se originó 16 milenios antes de Jesucristo.
Espinoza ofrece por vez primera un esclarecimiento documentado de las relaciones de dominación existentes al interior de la unidad heterogénea del Tahuantinsuyo. Cada Inca representó a una elite de poder de un diferente señorío o conjunto de señoríos regionales. Temática y problemática que estudió Waldemar Espinoza en su segundo gran libro: La destrucción del Imperio de los Incas.
Los invasores españoles encontraron un campo fértil para su dominación: fue la autodestrucción del Imperio a raíz de la feroz autocracia de Atahualpa que mandó matar a su hermano Huáscar, quien recibió de su padre Huayna Cápac el testamento de gobernar desde Cuzco (ombligo del mundo andino), mientras que Atahualpa debió gobernar desde Quito, llacta de segunda categoría. La lucha fratricida de estos dos representantes de muchos señoríos fue aprovechada por los españoles para terminar por destruir el Tahuantinsuyo, mediante la fuerza de caballos, perros de caza, arcabuces, pólvora, más la espada y la cruz, símbolos de una religión impuesta sobre la behetería (creencias, costumbres cosmo-religiosas andinas).
Un conjunto de señoríos antiguos que resistieron la invasión incaica fue la Cultura Chachapoyas, opositora a la tiranía de Atahualpa, por la que terminó colaborando con los conquistadores españoles. Los Chachapoyas junto con los Huancas, los Huamachucos, los Cañaris y otros señoríos se pasaron al bando español, por el miedo y la tirria contra la autocracia de Atahualpa, que terminó capturado y ejecutado por orden de Francisco Pizarro, autócrata invasor.
Waldemar Espinoza fue el historiador de la Cultura de los Chachapoyas. Por algo se pasó más de una década estudiando informes y documentos en el Archivo de Indias de Sevilla en España, y en los archivos de Madrid y Barcelona. Nos informa que, en 1569, las autoridades virreinales de Lima dividieron nuestra región en cinco corregimientos o provincias de estilo castellano: Chachapoyas, Cajamarquilla, Chilchos, Paclas y Luya Chillaos, con sus respectivos repartimientos, doctrinas, pueblos o reducciones, anexos. Esta demarcación fue ordenada por el gobernador español Lope García de Castro, la misma que fue reorganizada por el virrey Francisco de Toledo.
El último libro que escribió Waldemar Espinoza sobre la región Amazonas se titula: CHACHAPOYAS, Frente a la Independencia Política del Perú (editado por el Fondo Editorial de la Derrama Magisterial el año 2014). Libro donde destaca la participación de hombres y mujeres en la gesta libertadora liderada por San Martín, quien recibió donaciones económicas provenientes de la venta de joyas de la población, pertrechos de ropa y frazadas para los soldados, además de fuertes contingentes de jóvenes mestizos e indígenas que reforzaron el ejército liberador de la zona norte del Perú.
Esta es a breves rasgos la biografía intelectual del maestro Waldemar Espinoza Soriano. Sus libros merecen ser releídos y leídos porque han esclarecido la comprensión de la dimensión de nuestra historia andina, y porque contribuyen en la construcción de un promisorio destino histórico, más allá de las grotescas caricaturas políticas que nos asedian en el presente tiempo.
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 3 de setiembre de 2025.
Luis Alberto Arista Montoya.




