12/09/17 – 04:21
Luis Arista Montoya
El nombre KuÍlap estÍ en boga. En boca de casi todos los peruanos: No solo designa a una ciudadela, a un complejo arqueolÍgico, a la cultura originaria de las Chillaos (Luya), a las telecabinas que parten de Nuevo Tingo y arriban a La Malca, o al nombre de una ruta turÍstica del Valle Sagrado de los Chachapoya, sino tambiÍn a una torre: la Torre KuÍlap, que no es lo mismo que decir El TorreÍn, parte sobresaliente del monumento arqueolÍgico chachapoyano.
Hagamos un poco de historia antes de hablar de estÍtica. Por el aÍo 1998 inauguramos en la sede del Instituto Nacional de Cultura en Lima, dos salas para exposiciones: la Sala KuÍlap (para dejar una impronta chachapoyana) y la Sala MarÍa Reich (en recuerdo a la intÍrprete de las LÍneas de Nazca); eran salas contiguas. Posteriormente otros directores inauguraron dos salas mÍs: la Sala Paracas y la Sala Nazca.
La actual Torre KuÍlap (que tiene 4 pisos, es decir, cuatro niveles de sala para exposiciones debidamente comunicadas entre sÍ) constituye un cÍmodo recinto del Ministerio de Cultura, arquitectÍnica y estÍticamente presentable (casi parecido a los ambientes del Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou, de ParÍs), fue construida con escaleras respetando el diseÍo de la sala primigenia. Nos alegrÍ.
La EstÍtica es la ciencia y filosofÍa que se encarga del estudio tanto de la belleza natural como de la belleza artÍstica. La ciudadela de KuÍlap- por ejemplo- estÍ asentada dentro de un paisaje natural bellÍsimo (que se aprecia desde las cabinas del telefÍrico); mientras que el arte de la arquitectura de la Torre KuÍlap es de primera, producto de la creatividad estÍtica humana.
Con la gran sensibilidad y gusto estÍtico que tiene el pintor trujillano Gerardo ChÍvez (naciÍ en PaijÍn, Trujillo, Perú en 1937), ha sabido elegir los ambientes de la Torre KuÍlap para mostrarnos una gran retrospectiva (diseÍada por su hijo) de su producciÍn artÍstica en recuerdo de sus 80 aÍos de edad que los acaba de cumplir. Lo turbador- escribe Mario Vargas Llosa en el catÍlogo- de los monstruos de ChÍvez, viene de ese sueÍo de la razÍn reposada que, según dijo Goya, engendra monstruos. Pero los monstruos de ChÍvez no son demoniacos sino, mÍs bien despiertan solidaridad y nos enternecen. A travÍs de mis pinturas trato de ¿vomitar lo escondido de mi real sueÍo?, acota el pintor.

El pasado martes fuimos a visitar esa extraordinaria muestra. No nos gusta ir a las inauguraciones, mucha gente, nos impide gustar con tranquilidad de la belleza artÍstica. Fuimos a primera hora, no mÍs de diez personas la visitamos. Recurrimos lentamente los cuatro ambientes: observado las obras primero para luego leer el nombre de cada cuadro (es lo aconsejable hacer esto, en toda buena exposiciÍn)
. En el primer piso ChÍvez exhibe su mejor legado: sus obras pintadas con tierra (procedente de las diversas regiones del Perú) sobre yute, logrando pintar sus ¿monstruos? en tamaÍos de gran formato. ¿La procesiÍn de la papa? (que resume 14 mil aÍos de historia alimenticia de nuestro milagroso tubÍrculo que salvÍ a la humanidad en tiempos de hambruna) estÍ allÍ, una de las obras emblemÍticas del arte peruano contemporÍneo.
. En el segundo piso sus dibujos al pastel graso sobre tela, tÍcnica que desarrollÍ durante la dÍcada del 70, que es cuando inicia su retorno a Perú despuÍs de una larga estancia parisina. Es asÍ como construye en Trujillo dos importantÍsimos espacios culturales: el Museo del Juguete, en el 2001, y el Museo de Arte Moderno, en el 2006.
. En el tercer piso, bajo el tÍtulo Retrospectiva, muestra sus obras y bocetos correspondientes a momentos clave de su trayectoria. AquÍ la influencia de su hermano Íngel ChÍvez (pintor de paisajes y de ancestrales mujeres de PaijÍn) fue decisiva.
. En el cuarto piso, bajo el tÍtulo Los Carruseles de ChÍvez, el pintor rememora a travÍs de cuadros lúdicos su vida infantil. Estamos ante la estÍtica de la infancia recuperada.
Para nosotros el pintor Gerardo ChÍvez es un singular/nacional, mÍs aún, un singular/universal. Su singularidad (peruanidad) estÍ signado por el paisaje del hermoso pueblo de PaijÍn. Esa paijanidad ha troquelado su conciencia estÍtica de valor universal a lo largo de sus 80 aÍos de edad. Es un hilo conductor de toda su obra. ¿PaijÍn, parque frutal de mi niÍez?, acota el pintor.
El otro hilo conductor que enhebra sus obras en los cuatro ambientes de la Torre KuÍlap es su incansable búsqueda estÍtica, sus certezas y sus dudas. No por algo una de sus obras clave (de tierra natural sobre yute) porta el nombre de Instigadores de la Duda. ¿Dudo, luego existo?, parece ser su apotegma. ¿¡Buena almohada es la duda, para una cabeza bien equilibrada?, escribiÍ el filÍsofo francÍs Miguel de Montaigne. Gerardo ChÍvez sabe dudar.
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EDITORIAL. Radio Reina de la Selva, Luis Arista Montoya




