Feriado largo, carreteras precarias y una región que sigue esperando

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Acabamos de concluir un feriado largo de cinco días, un periodo que, como es habitual, fue aprovechado por empresarios y operadores turísticos para promover los atractivos de nuestra región Amazonas. Desde este espacio, deseamos que los resultados económicos hayan sido favorables para quienes apuestan por el turismo como motor de desarrollo.

Sin embargo, mientras se difunden imágenes de paisajes, cataratas y complejos arqueológicos, la realidad vial de Amazonas vuelve a imponerse con crudeza. Las constantes quejas de visitantes y transportistas por el deficiente estado de las carreteras que interconectan nuestras siete provincias se repiten sin que exista, hasta hoy, una respuesta estructural de las autoridades.

Chachapoyas —querámoslo o no— se ha ido convirtiendo en una ciudad dormitorio para muchos turistas. No por decisión estratégica, sino por limitaciones en infraestructura, conectividad y servicios que obligan a los visitantes a pernoctar únicamente para luego continuar con itinerarios ya contratados hacia otros destinos.

En paralelo, para un determinado sector de visitantes, especialmente jóvenes, la capital regional ofrece una creciente oferta nocturna, modernizada y diversa en precios. No obstante, esta expansión se viene dando sin una adecuada planificación urbana, generando desorden, incomodidad vecinal y una preocupante falta de control municipal.

Carreteras abandonadas y discursos repetidos

La situación de las vías se agrava si observamos el contexto regional y nacional. Hoy, mientras se declara en Estado de Emergencia a distritos fronterizos como Santiago y Namballe, por el avance del crimen organizado, y se ejecutan operativos antidrogas en provincias como Bagua, queda en evidencia que Amazonas es estratégica para la seguridad nacional, pero sigue siendo postergada en inversión vial y conectividad.

¿Cómo se puede hablar de promoción turística efectiva cuando nuestros corredores viales siguen colapsados, sin mantenimiento adecuado, expuestos a lluvias, deslizamientos y abandono? ¿Cómo se garantiza seguridad, desarrollo y presencia del Estado, si ni siquiera se asegura una transitabilidad digna para visitantes y pobladores?

Promesas que ya no convencen

A pocos meses de un nuevo proceso electoral, las carreteras de Amazonas continúan siendo moneda de promesa, mientras los ciudadanos observan con indignación cómo resurgen propagandas, slogans y discursos que ya conocemos. Ofertas que, más que esperanza, hoy representan una afrenta a la memoria colectiva de una región cansada de esperar.

La desidia del Gobierno central, la limitada capacidad de gestión regional y la inacción de muchos gobiernos locales han convertido al potencial turístico de Amazonas en una promesa incumplida, cada vez más debilitada por la falta de infraestructura básica.

Amazonas no solo necesita promoción; necesita carreteras, planificación, autoridad y decisiones firmes. Lo contrario seguirá condenándonos a feriados largos con ganancias momentáneas, pero con un futuro estancado.

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