FERNANDO TÚPAC AMARU Y LA ÉTICA DE LA CRUELDAD

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                                                         José Luis Ayala Olazával

Agotada la parafernalia y estafa en referencia a los supuestos restos de Fernando Túpac Amaru, ahora es el tiempo del análisis y reflexión. Luis Arista Montoya, filósofo chachapoyano, se refiere además a la Ética de la crueldad.   

-Fue un teatro cruel en vivo y en directo ¿No?

– Fue la subcultura cruel escenificada en el ágora pública. Cuatro caballos lo descuartizan al líder, pero no muere, entonces lo degollaron vivo. Su esposa y su hijo Hipólito fueron ahorcados; su hijo Mariano, fue desterrado y murió de hambre frente a las costas de Brasil. Fernandito (10 años y medio de edad) presenció ese espectáculo de crueldad: éticamente, psicológicamente le marcó de por vida. Su dolor y resentimiento lo acarreamos todos los peruanos, sirvió para formación de una conciencia histórica, como respuesta ética ante la crueldad

-¿Cómo interpretas la mirada de dolor de Fernandito?

-A través de su mirada doliente y dolorosa, los asistentes (y todos los peruanos, hasta hoy) testificamos dicha crueldad, que al ser asimilada (pero no olvidada), dialécticamente incubó en nuestro ser una ética, una subversión de valores de justicia social que funda una “ética de la crueldad” (como diría José Ovejero, escritor español). Se metamorfosea-con el correr de los tiempos- en una ética de la ternura.

-Sí, pero hasta hoy (con el terrorismo, el sicariato, la lacra de la corrupción, el crimen organizado) la crueldad persiste.

– Todos los días y noches matan, con mucha crueldad; existe poca ternura hacia los niños, sobre todo pobres y andinos. A través de la mirada de dolor extremo miramos todos esa cultura del espectáculo del teatro de la crueldad. En el fondo de nuestro ser peruano todos llevamos in pectore un Fernandito (un Túpac Amaru, una Micaela Bastidas)… así portamos también la tristeza de Garcilaso, la angustia   existencial   de Arguedas, la depresión de Vallejo, portadores de una desgarrada peruanidad mestiza.

-¿Qué dices del trágico destierro de Fernandito?

– En   1784, es   desterrado a España, donde  es   castrado,   en   cautiverio perpetuo: para que no tenga descendencia, para borrar para siempre la estirpe inca. Su grito es nuestro grito. Su silencio es nuestro silencio. Su imaginación creadora (cartas rogatorias que escribió, que tú analizas en tu libro) muestra brumosamente a favor de una futura República mestiza.

– Pero esas cartas nunca recibieron respuesta alguna

– Tú demuestras que Fernando escribió 20 cartas (veinte cartas de dolor y un solo lamento) dirigidas a los Reyes de España “para que lo dejen en libertad, señalando reiteradamente que no era culpable de actos que no había cometido”. Nunca recibió ninguna respuesta…Un año antes de su muerte pidió al Rey Carlos IV asistir a su coronación y desempeñarse como funcionario de la administración colonial, para recibir una pensión, porque pasaba hambre y estaba enfermo, pero no se le dio ningún estipendio para sobrevivir…Finalmente fue liberado, bajo la prohibición de volver al Perú. Fernando Túpac Bastidas -como Vallejo- murió de muerte, el 19 de agosto de 1799.

– Se ha hecho un simulacro de repatriación de sus restos, trayendo un poco de tierra de un cementerio que fue derruido durante los bombardeos de la Guerra civil española. ¿Qué opinas de esta farsa?

-Sí, tienes razón. La repatriación de sus retos debió ser el gran acto histórico del bicentenario, si es que se hubiese realizado bajo los protocolos legales, bajo el pedido de perdón por parte del actual Rey y del gobierno español. Como hizo el Rey Juan Carlos y la Reina Sofía, cuando devolvieron a Perú la mitad de las cenizas del Inca Garcilaso de la Vega, quedándose la otra mitad en la Catedral de Córdoba, en España; “porque de ambas naciones tuvo prendas”.

– Justamente siendo español José Ovejero postula una ética de la crueldad. Es raro ¿no?

-Creo que Ovejero tiene una mentalidad decolonial. “La crueldad ética- escribe – es aquella que en lugar de adaptarse a las expectativas del lector [espectador] las desengaña y, al mismo tiempo, lo confronta con ellas.

Es   ética   en   el   sentido   de   que   pretende   una   transformación   del lector [espectador], impulsarlo   a   la   revisión   de   sus   valores, de   sus creencias [ideas], “de su manera de vivir” (2012, Madrid: José Ovejero, p-61; Editorial Anagrama). Ovejero parte reconociendo que España tiene una larga tradición de crueldad … una merecida fama de ser territorio abonado para  el  gusto   por   la   crueldad   extrema   presentada [representada] con naturalidad (Ovejero, p.14).

– ¿Existe una cultura de la crueldad?

– Los espectáculos de la cultura de la crueldad nos obligan a cambiar y nos  indignan, nos   dan   asco, protestamos, y llenos   de   ira individual/colectiva apostamos por una Ética de la Ternura, porque la fe en el amor por los otros diferentes prevalece (prevalecerá). Túpac Amaru   tuvo   contactos   con   diferentes   grupos   criollos descontentos con las reformas borbónicas (la generación peruana de los Ilustrados: bajo el liderazgo del teólogo chachapoyano Toribio Rodríguez de Mendoza Collantes). Los criollos limeños no lo traicionaron, lo ignoraron, fueron indiferentes… 

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