Luis Alberto Arista Montoya*
Dedicado a: Rodney Ballantine, cafetero consuetudinario.
El próximo viernes 22 del mes en curso se celebra el Día Internacional del Folklore, y en Perú, al mismo tiempo, el Día del Café ¿Qué vinculaciones podemos descubrir entre ambas celebraciones? A partir de nuestra autoestima regional y, por proceder de una familia cafetalera y cafetera, planteo las siguientes reflexiones:
La siembra, el crecimiento, el mantenimiento, la cosecha, el tostado del café y su consumo comunitario es toda una experiencia folklórica propia de la Agricultura Familiar, despensa de los comedores urbanos.
Existe toda una ritualidad de bailes y cánticos cuando todo este proceso es exitoso. Los campesinos festejan, celebran las buenas siembras y cosechas del café de calidad. Hacen el pago a la tierra bebiendo un buen café y esparciéndole sobre algunos surcos, mirando con alegría el cielo y la tierra al mismo tiempo, en agradecimiento a la pacha mama (madre tierra)
Curiosamente, en algunos lugares cafelateros (como en Sandia, Jaén, Villarrica, Rodríguez de Mendoza, Montalván, Pisuquia, El Parco en Bagua), son las mujeres las que lo siembran, deshierban y cosechan, lo tuestan y muelen. Es por eso por lo que a este tipo de fruto se le denomina “Café femenino”. Son las suaves manos y la sabia paciencia de ellas, las que propician ese milagro terrenal. Las imágenes de las laboriosas manos de mis abuelas, tías, primas y, por supuesto, de mi madre, siempre las recuerdo tiernamente cada vez que bebo un buen café.
Viene a mi memoria- después de beber mi café matinal- algunos versos de la “Oda a sus manos”, de Pablo Neruda, poeta sibarita y cafetero:
“YO EN UN MERCADO
o en un mar de manos
las tuyas
reconocería
como dos aves blancas,
diferentes
entre todas las aves…
Tus manos van y vienen
trabajando,
lejos suenan
tocando tenedores,
hacen fuego y de pronto chapotean
en el agua
negra de la cocina.
Por algo
se dispuso en la tierra
que durmiera y volara
sobre mi corazón
este milagro”. (Pablo Neruda: Nuevas Odas Elementales, 1963).
El fruto milagroso nació en Etiopía, desde ahí, debido a la colonización y el tráfico de esclavos negros llegó a Europa en el siglo XVI, extendiéndose por el mundo entero que es cuando se producen desarrollos autónomos de distintos tipos de café.
A partir de la fundación de las primeras cafeterías (en Venecia, Marsella y París) se instala en Occidente la memoria colectiva de una Cultura del Beber un buen café. Perú aún se ubica en los márgenes de dicha Cultura porque no tenemos el hábito cotidiano de beber un buen café, pese a que producimos excelentes cafés de todos los tipos, y porque no existe un apoyo técnico del Estado a los pequeños agricultores cafetaleros, que laboran aisladamente.
De América Latina, el café colombiano y el brasilero son los preferidos en las cafeterías europeas, el peruano no está presente aún en estas grandes ligas. Me consta.
Según los informes oficiales, este año en nuestro país ha aumentado el consumo per cápita de café. Es una buena noticia. Pero hay que mejorar, sobre todo tecnificando su producción y buscando que los cafés regionales se comercialicen bajo el principio del “comercio justo” (venta y compra con precios equitativos).
Se calcula por litros anuales el consumo personal del buen café. A propósito, pregunto: en lo que va del mes de agosto- semana turística, Raymi-llacta, fiesta patronal, reencuentros familiares y amicales – ¿cuántas tazas de café han bebido los asistentes? ¿será equiparable a los vasos de cerveza (o guarapo) consumidos masivamente? No lo sabemos. Pero, dada la idiosincrasia de nuestros paisanos (y forasteros), es bastante probable que la cerveza (“cervecita linda”) se haya bebido más, porque la gente busca estar algo cashpadita para alegrarse y danzar.
Y para que un buen café te levante- después de una resaca, por ejemplo – tiene que estar calientito, dulcete y aromático. Y haber sido tostado hasta lograr un color café, no llegar al color negro. Ahí radica la clave para beber un sabroso café, solo, no necesariamente acompañado con pan, mote, juane o tamal. Tomarlo sorbo por sorbo para animar una buena conversación, una súbita inspiración o reflexión en soledad.
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 19 de agosto de 2025. Luis Alberto Arista Montoya (bebedor empedernido de café).




