Intercambio de roles: KEIKO FUJIMORI y PEDRO CASTILLO.

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Rudecindo Vega Carreazo

Keiko Fujimori y Pedro Castillo marcan políticamente la última década peruana, la confrontación y polarización nacida en las elecciones del 2021, tendrá nuevos escenarios, con los mismos protagonistas y antagonistas, intercambiando roles. El 2021 Pedro Castillo ganó la presidencia, Keiko articuló una agresiva oposición con otros partidos en el congreso para obstaculizarlo y vacarlo. Fue un gobierno ineficiente y corrupto que terminó con su autogolpe copiado de Fujimori y apresado. Keiko integró a Dina Boluarte, la vicepresidenta de Castillo, la convirtió en presidenta y defendió con votos de su bancada y aliados, a pesar de sus escándalos. Desde la presidencia y el congreso destruyeron el equilibrio de poderes, debilitaron la presidencia en favor del congreso y controlaron los organismos constitucionales. Pedro Castillo terminó vacado y preso, Keiko gobernando, a través de su partido y aliados, desde el congreso.  Quien gano las elecciones fue sacado del gobierno, quienes perdieron fueron gobierno.

En las elecciones del 2026, Keiko ganó la presidencia a Roberto Sánchez, un ex ministro de Castillo, cuya campaña fue un “remedo de Castillo”, con propuestas similares incluido su indulto. Así, Pedro Castillo, desde la prisión, ha logrado elegir familiares y seguidores suyos del FENATE como senadores y diputados, seguro formarán bancada propia (como el “Bloque Magisterial”) con el nombre de su partido “Todos con el Pueblo”, que logró inscribir y participa en diferentes departamentos, provincias y  distritos del país con candidatos propios para gobernadores regionales y alcaldes provinciales y distritales. En pleno gobierno de Keiko, veremos consolidarse e independizarse al “castillismo”, un nuevo partido procurando control territorial, el indulto de su líder y una agenda radical. El Castillismo tendrá de aliados a Juntos por el Perú y algunos congresistas de Obras. La disputa, confrontación y polarización está asegurada si el nuevo gobierno no diseña una estrategia de real acercamiento a los departamentos, provincias, distritos y pueblos rurales del país. 

La rajadura política del 2021 se ha repetido el 2026, la pulverización política de la primera vuelta, que nos ha heredado minorías políticas cada vez más pequeñas en el congreso y el gobierno, se ha reagrupado con votaciones parejas en la segunda vuelta con un intercambio de roles, Keiko en el gobierno y “Castillo” en la oposición. También con un importante, aunque parcial, recambio de actores políticos en el congreso; muchos de los partidos, aliados de Keiko, conocidos como el pacto mafioso, fueron castigados por el voto ciudadano. Tenemos nueva presidenta y nuevo congreso, la división nacional está consagrada, queda saber cómo será canalizada, enfrentada o empeorada. El indulto a Castillo es agenda central, convendría a Keiko, previo acuerdo político público, otorgarlo, salvo que Balcázar arruine ese gesto. Cualquiera sea la decisión, no para bien, el factor Castillo acompañara la gestión gubernamental los próximos años.

Lamentablemente, nuestro sistema electoral de representación de minorías, creado en épocas de pocos partidos para permitir que las minorías accedan al congreso, hoy no sirve, esas minorías cada vez más pequeñas, en épocas de pulverización partidaria, terminan multiplicando su representación con pequeñas votaciones. Por ejemplo, Fuerza popular en ambas cámaras obtiene cerca del tercio de cada cámara con una votación cercana a la sexta parte de votos válidos. Igual ocurre con Juntos por el Perú que obtiene un cuarto de la representación con cerca de un octavo de votos válidos. Ambas minorías son beneficiadas en perjuicio de otras y, peor, de aquellas no pasaron la valla electoral. La inutilidad de nuestro sistema de representación mediante el método D´hont debería ser cambiado. Las normas de representación desvirtúan el voto ciudadano, generan desconfianza, falta de representatividad, pérdida de legitimidad y crisis de gobernabilidad. La confrontación de las últimas décadas es entre minorías. No hay mayorías que gobiernen el Perú.  

El nuevo reacomodo político nacional irá definiéndose paulatinamente, Fuerza popular y Renovación Popular con bancadas propias y, como lo han hecho siempre, votando conjuntamente; Buen Gobierno y Ahora Nación se consolidaran como bancadas de centro e izquierda; Juntos Por el Perú mantendrá una pequeña bancada propia y, cuando menos, generará otras 2, más fuertes que ella, la bancada “castillista” y la bancada antaurista. Obras se mantendrá como bancada para negociar votos, proyectos y obras al mejor postor. Deberíamos exigir que todo reacomodo político, se realice de manera abierta, pública, no bajo la mesa, como parte de acuerdos políticos, concertación o alianzas, no compras o chantaje de votos, mucho menos divisiones y transfuguismo. 

El fujimorismo instaló, en los 90, desde la presidencia y el SIN, la compra de votos y el transfuguismo, que muchos gobiernos, con minorías parlamentarias, lo han utilizado. En el actual congreso, más empoderado respecto de la presidencia, quizás lo único que cambien son los valores, chantajes y ofrecimientos. No sorprenderá ver senadores o diputados criticar duramente iniciativas y proyectos en el hemiciclo y para las cámaras, luego votar contra de lo que proclaman. Usual y lamentablemente todo reacomodo político no obedece al origen de los votos de los ciudadanos, ya en el cargo, al no estar sujetos a mandato imperativo y con inmunidad parlamentaria, hacen lo que se les da la gana. El gobierno de Keiko Fujimori, con su minoría electoral sobre representada en el congreso, más pronto que tarde, va ampliar su representación con votos provenientes de otras bancadas.

Otros escenarios de disputa y control gubernamental seguirán dándose en los otros organismos constitucionales, que Keiko y su pacto lograron construir desde Dina Boluarte, procuraran seguir controlando el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo, parte del Poder Judicial, la Contraloría y los organismos del sistema electoral. La confrontación por la dirección y control de estos organismos estatales la seguiremos padeciendo según sean los intereses de las nuevas bancadas y sus acuerdos con el gobierno de turno. La diferencia será el intercambio de roles entre protagonistas y antagonistas. Keiko Fujimori en la presidencia; otros líderes políticos desde fuera del congreso (Jorge Nieto, Roberto Sánchez, Belmont, Castillo, Antauro y López Aliaga si no es senador). La inercia de nuestra des institucionalización continuará. 

La ciudadanía y la sociedad civil, los líderes y las agrupaciones políticas que no pasaron la valla electoral, seguirán activando, como lo han hecho siempre, a pesar de nuestras autoridades y sus partidos, tratando de construir espacios de diálogo y concertación nacional, regional y local. Activarán más allá del gobierno y la oposición, si nuestras autoridades y sus líderes, continúan en lo mismo, perdiendo representatividad y legitimidad.

Ojalá no repitamos lo ocurrido el 2016 y el 2021, la gran responsable es ya presidenta, ojalá, sepa enmendar rumbo y su oposición lo entienda.

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