Profesor Abraham Rojas Valdez
Paradojas de la vida
Hay que quitarse el sombrero ante el sentido del humor de la historia. Francia le regala a Estados Unidos una mujer gigantesca que sostiene una antorcha para «iluminar al mundo» con la libertad, y los estadounidenses, con una audacia poética inigualable, la colocan justo en la entrada de su casa.
Es un triunfo absoluto de la retórica visual. Qué mejor manera de dar la bienvenida a los inmigrantes del siglo XIX —y de financiar las intervenciones del siglo XX y XXI— que con un monumento que proclama ideales tan altos que, convenientemente, quedan fuera del alcance de sus propias leyes de seguridad nacional, prisiones secretas y bloqueos económicos.
La genialidad del diseño: La estatua sostiene una tableta con la fecha de la Declaración de Independencia, un documento bellísimo que habla de derechos inalienables… escrito por hombres que tenían esclavos.
Colocar el símbolo de la libertad universal en el jardín de un imperio experto en exportarla a base de bombardeos es, sin duda, el acto de cinismo estético más exitoso de la humanidad. Una fachada brillante para que nadie mire demasiado de cerca lo que pasa detrás de la antorcha.




