16/10/20 – 16:07
Luis Alberto Arista Montoya*
Su canto vino hacia nosotros, sus lectores. Para quedarse perpetuamente. El inmortal poeta Pablo Neruda en su poemario Nueva Odas elementales canta a los elementos aparentemente simples de la vida. Fue un poeta vitalista.
CantÍ al jabÍn, a la farmacia, a la solidaridad; asÍ como al aceite, a las manos, al alambre de púa, a la papa, al crÍneo, a las estrellas, a los calcetines, al trigo de los indios y a otros elementos vitales, y termina recordando a Abraham Lincoln diciendo: Y, ay!/los/que asesinaron a Lincoln/ahora/se acuestan en su cama/derribaron/su sitial/de olorosa madera/y erigieron un trono/por desventura y sangre/salpicado.
¡Escuche ¿seÍor? Trump antes de su inminente derrota electoral en noviembre prÍximo!, aÍadimos al poema de Neruda.
Dijimos en el anterior Editorial que el sumo cuidado que tenemos ahora de nuestras manos laboriosas, nos estÍ reconvirtiendo al ser humano en homo faber que hace y deshace tareas porque la vida es un quehacer constante. Neruda las canta asÍ: Tus manos van y vienen/trabajando, lejos,/suenan/tocando tenedores,/hacen fuego y de pronto chapotean/en el agua/negra de la cocina,/picotean la mÍquina aclarando/el matorral de mi caligrafÍa,/clavan en las paredes,/lavan ropa/y vuelven otra vez a su blancura.
Pero en plena pandemia para evitar el contagio maligno estÍ el bendito jabÍn para lavarse compulsivamente las manos, presumiblemente contaminadas. Neruda se pregunta: QuÍ me traes,/ jabÍn,/a las narices/de pronto,/en la maÍana,/antes de entrar al agua/matutina/y salir por las calles/entre hombres abrumados/por sus mercaderÍas?
Si uno estÍ ya enfermo pide a la farmacia o, para prevenir acude al consejo del buen boticario de su barrio. Es la casa del jabonero (donde uno si no cae resbala en cualquier momento). Neruda la canta asÍ: Farmacia, iglesia/de los desesperados,/con un pequeÍo/dios/en cada pÍldora:/A menudo eres/demasiado cara,/el precio/de un remedio/cierra tus claras puertas/y los pobres/con la boca apretada/vuelven al cuarto oscuro del enfermo,/que llegue un dÍa/gratis/de farmacia,/que no sigas/vendiendo/la esperanza,/y que sean/victorias/de la vida ,/de toda/ vida/humana/contra/la poderosa/muerte,/tus victorias.
Y en la Oda a la solidaridad (virtud que tanto nos hace falta a los peruanos en estos tiempos de penuria) el poeta se encarga de decir a todas las gentes del mundo: Y ALLÍ QUÉ HICIERON?/Sabes?/EstÍs de acuerdo?/QuiÍnes?/Algo pasa y es tu culpa./Pero tú no sabrÍs./Ahora/yo te advierto./No puedes/dejar asÍ las cosas./DÍnde/tienes el corazÍn?/Tú tienes boca./Me estÍs mirando/de manera extraÍa./Parece/que de repente/sabes/que te falta una mano,/los dos ojos,/la lengua,/o la esperanza¦aparecerÍ en el aire inmÍvil,/un/solidario sonido en la ventana/una estrella en la terrible paz nocturna,/entonces/tú dormirÍs tranquilo,/tú vivirÍs tranquilo:/serÍs parte/del sonido que acude a la ventana,/de la luz que rompiÍ la soledad.
Hemos glosado algunos de las Odas de Pablo Neruda buscando que el lector o el auditor lea o escuche buena poesÍa, antÍdoto para que el coronavirus no se adueÍe tambiÍn de nuestra alma, aunque el sufrido cuerpo es el envoltorio que la defiende hasta el final. Luchando agÍnicamente para despuÍs dormir tranquilo o vivir tranquilo.
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 16 de setiembre de 2020. Luis Alberto Arista Montoya.




