¿Qué tanto nos Jodebrecht?

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24/01/17 – 05:34

El Caso Odebrecht desde la óptica del caricaturista Andrés Edery

Por: Aaron Salomón – Lucidez

«Demostremos qué tanto nos jode que unos brasileños se hayan levantado en peso al paí­s. Demostremos qué tanto nos jode la impunidad. Demostremos qué tanto nos jode la lentitud e indiferencia de la justicia».

Adelantemos el tiempo. Imagí­nese, estimado lector, que estamos a punto de emitir nuestro derecho a voto. Es el 2021, mire la cédula, además de los Guzmán y Mendoza, ¿no hay tres nombres que le parecen conocidos? Sí­, los de la vieja ola de la corrupción: Alejandro Toledo, Alan Garcí­a y Ollanta Humala buscan volver a Palacio de Gobierno. Agarre su celular, busque noticias antiguas, ¿se acuerda de que en el 2017 varios funcionarios de las gestiones de estos señores fueron apresados por recibir coimas de una firmita brasileña Odebrecht? Fue así­, ¿cierto? Cayeron varios pejerreyes, pero ¿qué pasó con los peces gordos? Como no me va a contar por quién sufragó, volvamos al presente.

No me diga conspirativo, verá que nuestro viaje tiene asidero. El Poder Judicial, a pedido de la Fiscalí­a, está ejecutando acciones para poner tras las rejas a connacionales poderosos que se llenaron los bolsillos de coimas de empresas que encontraron en nuestra hermosa tierra del sol una mina de oro. Tome nota: Edwin Luyo Barrientos y Jorge Cuba Hidalgo, jefe del comité de la licitación de la lí­nea 1 del Metro de Lima y ex viceministro de Transportes y Comunicaciones, respectivamente, son los primeros en desplomarse. Sí­, acertó. Ambos fueron parte del segundo mandato del lí­der aprista Alan Garcí­a. ¿Celebramos? Aún no.

No es novedad que la cuerda se rompa siempre por el lado más endeble. En criollo, los primeros que pagan culpa son los mandaderos, los chulillos. Es la Fiscalí­a, en saco y corbata y en televisión nacional, que le dice que está cumpliendo su deber. Sí­, la misma entidad, que hace unos dí­as, archivó la investigación de Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio y acusado de abuso sexual. Sí­, esa que ya no sabe qué excusas usar para no pedir prisión preventiva contra Alejandro Toledo por el Caso Ecoteva. Espere, ¿está diciéndome que el cholo sano y sagrado, que marchó con vincha contra el chino Fujimori, debe estar recluido? Así­ es. Malos precedentes. Me tomaré la licencia para exponer lo que, asumo, me quiere preguntar. De darse pruebas contundentes en el Caso Lava Jato, ¿podrí­an pagar cárcel Toledo, Garcí­a y Humala? Depende. ¿De qué? De nuestra capacidad de indignación.

Amable lector, es deber moral indignarnos con lo que está sucediendo en nuestras narices. La justicia peruana es tan lenta que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha tenido que revelar que Odebrecht pagó US$ 29 millones, en el periodo 2005-2014, (¿somos baratos, no?) para ganar suculentas licitaciones públicas, para que recién las instancias (Fiscalí­a, Procuradurí­a, Contralorí­a, Congreso y Poder Judicial), como quien se sube al tren del oportunismo con un boleto comprado a última hora, empiecen a investigar. Dicen que el que mucho abarca, poco aprieta, y, en este caso, el que mucho indaga poco encuentra. Lo que exigimos, como sociedad civil -amante del pisco y el pollo a la brasa-, es celeridad y que la lista de nombres siga saliendo y no quedarnos en la punta del iceberg. Toledo, Garcí­a y Humala no pueden quedar exentos de culpa. Ellos cargan la mayor responsabilidad, ¿acaso no posaron con una sonrisa de oreja a oreja para las puestas en marcha de la Carretera Interoceánica, la lí­nea 1 del Metro y el Gasoducto del Sur?

Es más, le digo que usted y yo también tenemos la culpa. ¿Me preguntará por qué lo encaro? Le respondo que nosotros fuimos los que llevamos al sillón de Pizarro a los tres ex jefes de Estado. No se acongoje, hay noticias buenas. Eso demuestra que el pueblo tiene poder. Vivimos en democracia, por suerte. Demostremos qué tanto nos jode que unos brasileños se hayan levantado en peso al paí­s.

Demostremos qué tanto nos jode la impunidad. Demostremos qué tanto nos jode la lentitud e indiferencia de la justicia. Solo así­ podremos decirles a las futuras generaciones: En el Perú, jodimos a Odebrecht?.

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