Pastillita para el Alma 27 – 12 – 2025
Tantas veces golpeado por la fatalidad; apaleado como nadie, por los golpes invisibles con que me ha sacudido el mundo; sin embargo, incrédulos, sorprendidos, los que me ven sonreír y afrontar la adversidad, con tanta valentía y alegría de vivir y sobre todo, muy agradecido de Dios, por darme oportunidad de seguir viviendo, abrumado por las demostraciones de afecto de ilustres personajes y de personas, aparentemente humildes, con las puertas abiertas de par en par de sus corazones, gente de ambos sexos que, talvez, me veían por primera vez y en el apretón de manos o en la pureza sincera de un abrazo, mostraban la claridad de sus sentimientos y sus afectos entrañables.
Mi Chachapoyas de mis años mozos, ya no eres aquella, de mi pasajera juventud paradisíaca. Ya no existe el Tapial, ni su amplio hangar de paredes de adobes y de quincha con techo de tejas, ahora bajas en un aeropuerto moderno, de concreto, fierro y cemento, ya no se ven los licklis ni los eucaliptos, los álamos, los saúcos, las retamas, ni las penkas ni las ancocashas, ni las retamas, las ishangas, ni las chilcas, desaparecieron los pichuchos, las torcazas y los huanchacos, a dónde se han ido los shucas, los pishco culebras, los gavilanes y los halcones, ahora como en las urbes modernas veo bandada de palomas de Castilla en la plaza de armas, territorio antiguo de las mariposas multicolores, las golondrinas, los piuros y a veces de los zorzales.
Como has crecido mi amada Chachapoyas, ahora eres una ciudad moderna, de calles pavimentadas, con semáforos, policías de tránsito, sin silbato, sin escarpines, pero, con teléfonos digitales, automóviles último modelo, camionetas de lujo, motocicletas lujosas y ya no hay el Sharpango del Cholo Rojas, el Dodge de don Lucho Vásquez ni el el camión de la Focet del Chica Pierna, … restaurants de primera, hoteles de más de cinco estrellas, bares y discotecas por todas partes, mujeres hermosas con minifaldas y jóvenes con shorts y zapatillas Adidas y Nike. Desaparecieron los llanques, las ojotas, las polleras, las llicllas, las canastas, los quipes y los solpes. Ahora hay deliveres, pero, no en portaviandas de fierro enlozado, como en mis tiempos, sino en tapers de plástico o de cartón poroso que mantienen calientitas las cachangas que ya no se fríen en cashques ni en sartenes, sino en macrohueis, como dicen los abundantes turistas.
¡¡¡,..Como ha cambiado mi tierra bonita…!!!, sin embargo, se mantiene la amabilidad de nuestra gente, la sonrisa franca, su mirada serena y el tonito de su voz que, sigue siendo nuestra característica que, ni el tiempo y el modernismo, no ha logrado cambiarnos a los auténticos chachapoyanos, inclusive a los que vivimos afuera y a los que tienen la suerte de seguir en nuestra tierra … ¡comotaste don Jorgito, al fin sianimaste a visitarnos! … Laushito viejito ya se lo ve, … ¿Cuándo yapue, hallegauste y cuando sevuelveste?, ojalá me visitaraste pue, … palabras dichas con la voz del corazón, salida de las entrañas, sin ambages, sin mentiras ni matices de hipocresía, francas que, duelen como espinas clavadas en la piel, por el tiempo que se ha ido, como ventarrón, sin destino.
Una tarde inolvidable de recoger mis pasos en el decir de mis paisanos, después de haber tenido la suerte de ser recibido en su despacho por el director de la Institución Educativa Emblemática San Juan de la Libertad, el señor Magister Elver Puerta Salazar, quien dirige eficientemente una cantidad de alumnado de Educación Primaria y Secundaria, que fácilmente pasan del millar. Abandono el local agradecido por el trato tan amable y jovial del señor director, … camino, cuesta arriba, con dirección a la plazuela de Burgos y al llegar a la esquina donde era la casa de don Román Noriega y de mi compañero de promoción Wilson Yóplac Tenorio del Colegio San Juan, sigo hacia la izquierda, recordando la casa de mi compadre don Luis Mori Aliaga y mi comadrita la señora Olindita Encinas y su hermano Eloy, brigadier del Colegio.
Y como siempre “la cabra tira al monte”, me doy mi tiempo para irme a nuestro Hospital Virgen de Fátima. El portero me deja entrar, solo contesta mi saludo, ingreso al templo de la Virgencita, para rezar mis Padre Nuestro y Ave Marías, camino por los pasillos, tan limpios como lo hacía Rafael Torrejón, que antaño recorría y donde hay más devoción y se dicen, muchas más plegarias que en las iglesias o las capillas, … siento, con melancolía, el eco de los lamentos de pacientes y familiares, impregnados, como estampillas eternas en sus paredes, como en todos los hospitales y clínicas, …llego hasta el lugar donde está el Centro Quirúrgico, encuentro la puerta cerrada y un cartel “Prohibido el ingreso” empero, como un rayo fugaz, como candela que quema mi mente, vuelvo a sentir, metafóricamente, con la misma intensidad, el mismo dolor y sufrimiento en el calvario inolvidable de mi Gólgota, sumergido en un charco de sangre que aturde y nubla mi mente y una lágrima de infinita tristeza, rueda imparable por mi mejilla. Camino por el pabellón de Emergencia, una señorita licenciada de enfermería me pregunta, con voz muy amable, si busco a alguien, respondo, al médico de guardia, una señorita con uniforme azul, me dice que es interna de Medicina y ya es de la quinta promoción de la Facultad de Medicina de la Toribio Rodríguez de Mendoza, … grande mi sorpresa, mi alegría y mi admiración de como vuela el tiempo y como un susurro, que no desean que oiga, alguien dice: ese es, el Dr. Jorge Reina, … hago una venia sonrío y sigo mi camino.
La tarde, va cayendo lentamente y el velo de la noche, va tendiendo su manto y antes de abandonar el Nosocomio, me siento taciturno y silencioso en una banquita y como, en un sueño inolvidable, pasan por mi mente la época de los años 60 y veo desfilar al Dr. Delgado, director del Hospital, con terno oscuro y corbata, mirada seria y pensativo; al Dr. Sánchez Soto, especialista en medicina Interna; al doctorcito Carlitos Olascoaga, sonriente y jovial con todos; al Dr. Juan Herrera Arias, jefe de Cirugía; al Dr. Héctor Espinoza Chalco, eminente pediatra, ganador del premio Roussel; al Dr Efraín Ordoñez, cirujano formado en Argentina; al Dr. Neill Román Flores gineco obstetra, huancaíno, nacionalizado chachapoyano; no recuerdo bien al otro Dr. gineco obstetra, me parece de apellido Paredes; al Dr. Carlos Pérez, un joven médico radiólogo, elegante, jovial; al Dr. César Reyna Santillán, odontólogo junto a su colega Dr. Eladio Vargas; a Marcelita Silva químico farmacéutica; a la señora obstetriz Delia Mas; a las señoritas enfermeras: Rossi, Palomino, Zavala, Tamariz, Riccio, Gonzales, técnicas de Laboratorio Gladys Oyarce y Nelly Oporto; Auxiliares de enfermería señoritas Perea, Arbildo, Feijoo, Guevara, Kilo, Ruiz; al señor contador Justo Grández, seguido de mi gran amigo Pedrito Pacheco, jefe de personal. Personajes que marcaron época en un hospital de reciente inauguración el año 64 y que ahora de ese personal, solo queda, el recuerdo de su entrega profesional, de la amabilidad, de su trato correcto y compasivo a los pacientes, y estoy seguro, ahora, los que ocupan sus puestos, siguen sus huellas, marcando, una nueva época de acuerdo al desarrollo de nuevas técnicas, medicamentos y modernos instrumentos de diagnóstico, con más personal calificado, inclusive, muchos de ellos docentes universitarios y por lo tanto responsables de los nuevos profesionales de la salud y como un instante fugaz, se cuela por mi memoria, la sala de Pediatría, niñitos por mucho tiempo en coma profundo, al parecer con meningitis tuberculosa y su despertar “increíble” aplicándoles un tratamiento no difundido, o de repente la imagen de mi primo el Dr. César Reyna pidiéndome que haga una cirugía de labio leporino en un paciente adulto sentado en su sillón dental y luego, alzando mis ojos al cielo, como no recordar, el bordonear de la guitarra de mi compadre Lucho Herrera, a la espalda del Hospital, al pie de una temerosa ventana sin cortinas, con la luz de la luna tímidamente entre las nubes y el sonido detrás de nosotros de una puerta rústica de madera que giraba chirriando en sus goznes y la voz acaramelada y romántica: “Una estrella nueva, tú/ Una dicha nueva, tú,/ Una vida nueva, tú/ tú para mí, yo para ti./ Se cruzó nuestras miradas y cambió nuestro destino……. ¡¡¡Nunca había escuchado esa canción!!!, fue una sentencia de despedida. Un largo suspiro interrumpió el silencio, mastiqué con pena un nombre y con dolor en el alma, asumí que mi decisión estuvo hecha, para bien o para mal. Salí del Nosocomio sin mirar atrás, recordando un capítulo más de mi vida, un señor me dijo “taxi”. Bajé por Ayacucho, pasé por una esquina, por donde, tiempos atrás, había una casa con puertas pintadas de verde, igual que los caminos dirigidos a la ermita y los cuales, son eternos.
Mi linda Chachapoyas, como te quiero y te añoro, mi tierra bendita y como fondo de escena sin música, como una tonada que me susurra el viento, llega a mi mente las frases de una canción que compuse en mis noches de insomnio: “Por eso es que yo quiero, que cuando yo me muera, sea mi linda tierra, mi última mansión, que rosas y claveles, crezcan sobre mi tumba y que mi Mama Asunta me dé su bendición”.
Mi Chachapoyas, gracias mil, gracias por ser la tierra de mis amores, de mis sueños e ilusiones.
Nunca me sentí tan halagado por la bondad humana, la calidad y el trato tan especial de todo el pueblo. Gente de todas las edades que, respirando su aire y a la sombra del Pumaurco, cada día despierta, con más ímpetu y entusiasmo, conscientes que viven en una tierra generosa, de hombres y mujeres de una raza nunca jamás rendida, que cuidan y viven orgullosos de su ciudad y de nuestros ancestros, ahora convertida en la joya excelsa de nuestro Perú.
Gracias infinitas a Dios, por bendecirme poniendo en mi camino, a gente tan noble y maravillosa, recordándome, lo minúsculo de mis actos y que en forma inmerecida estoy siendo objeto de reconocimientos que no me corresponden. Me siento, tan insignificante, un pequeño granito de arena… solo una mísera gota, en un mar de ilustres personajes, a los cuales no tengo ningún derecho, ni siquiera de compararme y ahora, en circunstancias, que me parecen un sueño, la Promoción 2025 de la Institución Educativa Emblemática “SAN JUAN DE LA LIBERTAD” lleva mi nombre, homenaje que me honra profundamente y lo dedico a mis padres y también a mis maestros, con la seguridad que, todo el alumnado serán personajes disciplinados, respetuosos, luchadores, triunfadores y nunca por nunca serán vencidos por las dificultades, si las afrontan con hidalguía, demostrando entendimiento ante ellas, más que sabiduría y que, las más grandes victorias se consiguen con la humildad y honestidad, siendo personajes preclaros de nuestra Institución.
HONOR Y GLORIA PROMOCION 2025 “JORGE REINA NORIEGA”
Jorge REINA Noriega
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