¡Realidad, sumisamente me rindo a tus pies!

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26/03/17 – 04:38

¿Hablamos de solidaridad? ¿En serio?

Por: Madeleine Osterling “ Polí­tico.pe

La realidad en este paí­s es apabullante… ¡no hay análisis que la resista! Leo artí­culos perfectamente estructurados sobre cómo el paí­s está camino a la OCDE; sobre cómo la estandarización de los TUPAS logrará simplificar los procesos en todas las entidades públicas; cómo una legislación promotora de inversiones va a permitir que cerremos la brecha de infraestructura; cómo la institucionalidad generará desarrollo y logrará acabar con la corrupción, y me pregunto: ¿realmente se refieren al Perú o se inspiran en un debe ser? en el que alguna vez creyeron?

Leo un emotivo artí­culo de Carmen McEvoy en El Comercio apostando por la esperanza, por un paí­s que unido ante la tragedia ha logrado captar corazones: Ese amor está surgiendo ante nuestros ojos y en medio del desastre […] jóvenes voluntarios recibiendo donaciones […] personal de nuestras Fuerzas Armadas entregando sus vidas […] los que van al lugar de la emergencia llevando ayuda e ilusión a quienes más lo necesitan?.

En ese caso sí­ puedo afirmar que es la foto del Perú hoy pero, paradójicamente, eso me hace volverme más escéptica. Me pregunto si solo se trata de una solidaridad coyuntural, de un lavado de conciencias; si luego de las lluvias, cuando empiece la parte más dura ”sí­, la más dura e interminable, a veces”, esa energí­a y compasión seguirá vigente o nos ganará el dí­a a dí­a, nos conquistará una vez más nuestra cruda realidad, esa que parece estar peligrosamente aletargada ante los ojos de la mayorí­a.

Hace un par de dí­as escuchaba a Yeni Vilcatoma recordarnos con mucha firmeza que el mayor enemigo del paí­s no son las inclemencias de la naturaleza sino la impunidad y la corrupción. Aquella podredumbre ha permitido que se construyan carreteras con capas asfálticas de poca resistencia y durabilidad, puentes con fallas estructurales y de cálculo, plantas de tratamiento de agua con deficiencias constructivas visibles y cuyos estudios de diseño fueron incapaces de incluir un análisis histórico de los ciclos de la naturaleza, ni siquiera a ese primer mega Niño del siglo XX, que se dio durante los veranos de los años 1925 y 1926, como señala el ingeniero Arturo Rocha Felices, consultor de proyectos hidráulicos.

Y es que la realidad no te la enseñan los libros de texto: ¡te la enseña la vida! Ejemplos:

1. Enfrentarme con una autoridad municipal que descaradamente ha puesto precio a todas las licencias y permisos que yo necesito, y cuya discrecionalidad no tiene lí­mites.

2. Conciliar razones con una autoridad judicial que, con insólita ligereza, denuncia penalmente a todo aquel a quien pueda chantajear, simplemente porque nadie la controla.

3. No poder asumir que lo único que pasa por la mente de los campesinos, exacerbados por antimineros, es dinero y aprovechamiento. Que simulan daños para extorsionar. Que utilizan las lágrimas de sus mujeres y niños para conmover a la opinión pública, que se victimizan a través de su «desgarradora pobreza» y de su poca comprensión del idioma castellano.

4. No perder la capacidad de asombrarme ante el comunicado de un poderosí­simo sindicato que se opone a que su empresa invierta en proyectos de infraestructura priorizados a través de Obras por Impuestos, simplemente porque ellos creen que les significa una reducción en la base de cálculo de sus utilidades.

¿Hablamos de solidaridad? ¿En serio?

Podemos darle mil vueltas a las posibles soluciones pero la variable más complicada son las personas. Soy una convencida de que el cambio solo vendrá con las nuevas generaciones. Aunque suene duro, lo podrido podrido está… y tomará muchos años erradicarlo.

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